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Como Era Santiago Antes?

Como Era Santiago Antes
Las investigaciones más relevantes han demostrado que antes de Santiago, existía en el valle del Mapocho un sector con poblados muy heterogéneos y, por otro lado, una gran influencia de parte de la cultura Inca. Una imagen muy lejana a la del páramo inhabitado y poblado a pulso por los españoles, o de un sector únicamente lleno de “pikunches” o “mapuches del norte”, que la historiografía oficial quiso hacer ver.

Una de las obras pictóricas más famosas en la historia de Chile es “La fundación de Santiago”, del afamado pintor nacional Pedro Lira. En esta pintura se observa a Pedro de Valdivia dominando la escena desde lo más alto del cerro Huelén, rodeado principalmente de españoles que ostentan la tranquilidad de quien descansa luego de largas proezas y algunos indígenas que lo acompañan pacíficamente.

Luce vestido de implacable tenida militar y señala el lugar exacto en que se localizará su anhelado proyecto: un asentamiento español en el que erigirse como Gobernador. Esta obra se exhibe de manera permanente en el Museo Histórico Nacional, ubicado al costado de la Plaza de Armas, y fue objeto de numerosas visitas el pasado 12 de febrero, la fecha en que se conmemora precisamente la fundación de Santiago.

  • Sin embargo, la zona del valle del Mapocho, en que se ubicó esta ciudad de inspiración española, dista mucho de la simplificación del cuadro de Lira.
  • Esto seguramente lo pudo ver y sufrir Valdivia en carne propia, aunque sin lugar a dudas, de manera menos glamorosa que el cuadro.
  • En la zona en que hoy se emplaza Santiago, al contrario de lo que señala comúnmente la historiografía tradicional, existía una población originaria de lo más heterogénea y compleja.

La diversidad antes y después de los Inca Los incas, o quechuas, llegaron a la zona del Mapocho muy pocos años antes de que llegaran a ese sector los españoles. En la historiografía se habla, de manera más o menos segura, que los Inca llegaron con afanes conquistadores a la zona central del actual Chile unos cien o setenta años antes de que Pedro de Valdivia arribara al valle central con su expedición conquistadora en 1541.

Previo a la llegada del imperio Inca, la población del valle del Mapocho se configuraba principalmente de grupos originarios que guardan evidente relación con la cultura mapuche. Una versión ampliamente difundida por la historia tradicional denomina pikunches a los pueblos que habitaban tanto el sector del Mapocho, como los valles aledaños hasta el río Maule.

Sin embargo esta denominación es equívoca y simplifica la diversidad que existía en el valle del Mapocho y otros valles cercanos, porque se trata de un apelativo meramente referencial. Los mapuche de zonas más sureñas denominaban “gente del norte” (pikunche) de manera genérica a aquellos pueblos que se ubicaban hacia esa orientación cardinal, por lo que un pikunche podía ser simplemente solo un poblado apenas más meridional que el propio.

  1. De la misma forma, los Inca solían llamar promaucaes o purum auca de manera genérica a un gran número de pobladores que se encontraban al norte del río Maule.
  2. Esta denominación significa literalmente “enemigo salvaje”.
  3. Nuevamente, el afán de esta denominación es englobar un gran número de pueblos bajo un apelativo común.

En este caso, se trata de una gran cantidad de habitantes que no se habían subyugado. La investigación llevada adelante por la etnohistoriadora Cristina Farga y el historiador Osvaldo Silva en los años 90 fue relevante para desmontar la creencia de una homogeneidad en el valle del Mapocho y otros aledaños, como el valle del Aconcagua y el Maipo.

En estas investigaciones, se señala que los grupos pobladores de la zona de Aconcagua y el Mapocho correspondían principalmente a “linajes patrilineales claramente mapuche”, organizados en lo que se podría decir “señoríos”, pero que dentro de estos grupos existía una configuración cultural que respondía a numerosas vertientes.

Los investigadores citados plantean que “se visualizan claramente intrusiones mutuas de linajes y familias de Aconcagua, Mapocho, Pico, Poangue y ‘promaucaes’, portando sus propias identidades y pertenencias sociales por sólo referir la población nativa local, dándole al espacio una conformación más fragmentada y heterogénea”.

  • Sin embargo a esta complejidad y heterogeneidad local, se le suma la influencia de grupos no mapuches, tales como pobladores provenientes de sectores costeros, los cuales responden a una configuración étnica distinta.
  • A esto se suma que “un número pequeño de cazadores recolectores cordilleranos llegaban a los valles en veranos”.

Estos cazadores solían llegar a los valles siguiendo el camino de los camélidos, y habitaban en zonas que corresponden a lo que hoy denominamos Argentina. Una vez que llegaron los quechua, esa diversidad cultural se volvió aún más patente. En los –aproximadamente– cien años en que convivieron estas culturas, no solo se generó una mixtura con la cultura quechua, sino que también con la de numerosos pobladores que los Inca traían de sectores más cercanos, como posiblemente atacameños o diaguitas.

  1. De esa forma, se generó en los valles próximos al Mapocho un espacio de confluencia de numerosas culturas que, sin embargo, respondían a una estructura social de señoríos que podían organizarse de manera eficaz para la guerra.
  2. Por otro lado, también se sabe que el Cuzco, el gran centro político y espiritual del Tahuantinsuyo, recibió objetos ceremoniales y visitas de representantes oriundos de los valles del Aconcagua y el Mapocho, e incluso es posible que Michimalonco, el lonko más conocido que se enfrentó a Pedro de Valdivia, haya estado en la gran capital incaica.

Stehberg y Sotomayor: asentamiento Inca en Santiago Una de las teorías más innovadoras respecto de la ocupación prehispánica del valle del Mapocho corresponde a la investigación que el arqueólogo Rubén Stehberg ha llevado adelante en conjunto con el fallecido historiador Gonzalo Sotomayor.

Esta investigación data del año 2011, en que Sotomayor llegó a la oficina de Stehberg en el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) con una serie de datos que había recopilado de documentos del siglo XVII y XVI. En esos documentos se hacía referencia a construcciones incaicas en la Plaza de Armas. Luego, en 2012, se publicó Mapocho incaico como resultado de esa investigación, a lo que siguió un proyecto Fondecyt con el que profundizaron en sus conclusiones.

Stehberg plantea que, contrario a lo que se piensa usualmente, la llegada de los Incas a la zona del valle del Mapocho se dio de forma mucho más pacífica de lo que señala la historiografía tradicional. Hay que recordar que uno de los hechos que más se mencionan en distintos documentos históricos es que los pueblos de la zona de Santiago opusieron una férrea resistencia a la llegada del imperio Inca.

  1. En este sentido, la población local del valle del Mapocho, conocida como mapochoes, “buscó una alianza con el Tahuantinsuyo para abrir obras de agricultura más sofisticadas.
  2. Por otro lado, el Tahuantinsuyo, que estaba en una fase expansiva, aceptó realizar esta alianza con los mapochoes para extender el Tahuantinsuyo hacia el sur.

Sobre la base de este acuerdo pacífico, empieza una transformación gigantesca del valle del Mapocho”, señala Stehberg. Prueba de esto, según Stehberg, es que en el valle del Mapocho no hay ningún pukará, además de que las construcciones y acequias que desarrollaron los Inca no podrían haberse realizado y ocupado sin la cooperación de la población local.

  1. Existe –por supuesto– el Pukara de Chena, pero está bien al sur del valle y parece haber cumplido funciones defensivas respecto de la población del valle siguiente, el de Colchagua, más allá de Angostura.
  2. El arqueólogo plantea además que la zona en que hoy se encuentra Santiago tenía una gran importancia estratégica para los Inca, pues se trataba de un valle con gran potencial agrícola y además pretendían expandirse hacia el sur, para así incorporar otros territorios correspondientes al pueblo mapuche.

De esta forma, no ocuparon de manera pasajera el valle del Mapocho, sino que establecieron un centro administrativo que calza de manera exacta con el lugar en que se encuentra la Plaza de Armas al día de hoy: “Por los hallazgos de información documental histórica y por la presencia de numerosos hallazgos arqueológicos hechos en la Plaza de Armas, sabemos que ese centro administrativo no correspondía a más de ocho manzanas.

  • La plaza era la misma que la actual.
  • Posiblemente la plaza de los incas era el doble de más grande que la actual, y estaba rodeado de kallankas, que eran los edificios administrativos incaicos hechos de piedra.
  • Obviamente Pedro de Valdivia se tomó esas kallankas para instalar su casa, la iglesia y la casa de otros conquistadores”, señala Stehberg.

Sin embargo, contrario a lo que en ocasiones se ha interpretado de su investigación señala que “de acuerdo a la información que hasta el momento existe, no daba para ciudad, la gran mayoría de la población vivía en chacras, (.) más allá de las kallankas habían algunas construcciones residenciales en que había algunos funcionarios, pero no daba para ciudad”.

  • Otras evidencias que han permitido a estos investigadores fundamentar esta tesis es la presencia de vestigios del Camino del Inca en el sector de la Plaza de Armas de Santiago.
  • Según estas publicaciones, el Camino del Inca provenía desde el norte por lo que es hoy el eje de la avenida Independencia, Puente y el Paseo Ahumada.

Stehberg señala que no solo existió ese centro administrativo en lo que hoy es el centro de Santiago, sino que además Pedro de Valdivia lo sabía antes de iniciar su expedición. Valdivia se entrevistó con españoles que habían sido parte de la expedición de Diego de Almagro, y conocía el potencial que tenía el valle del Mapocho como lugar estratégico.
La historia de Santiagose remonta a los primeros habitantes de la cuenca del río Mapocho, aproximadamente en el X milenio a.C.Sin embargo, recién en el siglo XVcon la conquista de la región por el Imperio incaicoexistirían las primeras comunidades en la zona.

¿Cómo era el Santiago antes?

¿Quién era Santiago? | Web Oficial de Turismo de Santiago de Compostela y sus Alrededores La Biblia se refiere habitualmente al Apóstol Santiago con el nombre de Jacobo, procedente del hebreo Ya’akov, que pasó al latín como Iacobus, derivando en una gran diversidad de nombres propios en las distintas lenguas europeas al extenderse el cristianismo: Jacobo, Iago, Yago, Tiago, Diego, Santiago, Xacobe, Jaime, Jaume, Jacob, Jakob, Jacques, Giacomo y James son sólo algunas de ellas.

La variante Santiago surgió como evolución de la composición Sanctus Iacobus. De acuerdo con la Biblia, Santiago era hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano mayor del apóstol Juan. Los Evangelios se refieren a él como ‘el Mayor’, para diferenciarlo del otro Apóstol Santiago (Santiago Alfeo o Santiago ‘el Menor’).

Algunas interpretaciones señalan además que Salomé era hermana de María, lo que convierte a Santiago y Juan en primos de Jesús. Esto explicaría el atrevimiento de Salomé al solicitarle a Jesús que los dos hermanos se sentasen junto a él en el Paraíso, así como que Juan quedase a cargo de María tras la muerte de Jesús.

¿Cómo era Santiago en 1541?

La fundación de Santiago fue el primer hito importante en el proceso de colonización española de Chile, ya que la ciudad fue el punto de partida de las expediciones que iniciaron el reconocimiento y la ocupación de nuevos territorios. El 12 de febrero de 1541 Pedro de Valdivia escogió asentarse en el valle del río Mapocho, pues consideraba que la numerosa población indígena que allí habitaba, era demostración evidente del provecho agrícola de sus tierras.

Para garantizar la provisión de agua y su protección, la villa fue levantada entre dos brazos del río y al amparo del cerro Huelén, desde cuya cumbre se podía advertir cualquier movimiento hostil en un amplio perímetro. La planta fue trazada en forma de damero, siguiendo el modelo tradicional del urbanismo hispano en América, comprendiendo ciento veintiséis manzanas regulares de ciento treinta y ocho varas de longitud, separadas por calles de doce varas de ancho.

Al centro de la población se ubicó la plaza mayor, en cuyo contorno se edificó una capilla, algunas bodegas y las casas de los principales vecinos, para lo cual se recurrió a los materiales disponibles en el entorno, como madera, paja, piedras y barro.

  • Junto con el emplazamiento físico de la villa, los primeros colonos se organizaron políticamente en un Cabildo, institución española de origen medieval en la cual la comunidad confía la administración de la ciudad a los vecinos más importantes.
  • Al inicio de la conquista y debido a la gran distancia de otros centros de poder y decisión, el Cabildo de Santiago asumió el gobierno de todo el territorio, con el objeto de enfrentar las dificultades políticas y militares que imponía la resistencia mapuche al avance de los conquistadores.

Sin embargo, la designación de un gobernador por parte del rey de España relevó al ayuntamiento de sus responsabilidades ejecutivas y de planificación militar, depositándolas en este funcionario que, por residir en Santiago, otorgó a la ciudad la calidad de capital del reino.

Los primeros años del asentamiento fueron duros y esforzados. Las riquezas minerales eran escasas, los parajes cercanos no proporcionaban abundancia de alimentos y los indígenas se resistían tenazmente a someterse. El cacique Michimalonco atacó la ciudad de Santiago el 11 de septiembre de 1541, destruyendo el incipiente poblado y poniendo en peligro todo el proceso de ocupación hispana.

Sin embargo, transcurridos diez años de su fundación, Santiago logró consolidar su posición gracias a que la habilitación de un puerto en la bahía de Valparaíso le permitió recibir, con mayor frecuencia, refuerzos y provisiones desde el Perú, mientras que, como consecuencia del afianzamiento de la ocupación hispana en las cuencas de Aconcagua, Maipo y Cachapoal, el enfrentamiento con los indígenas se trasladó varios kilómetros hacia el sur.

Fundación de Santiago por Pedro de Valdivia en 1541 La Fundación de Santiago, 1888 Juan Jaraquemada, Lope de Ulloa y Fernando Talaverano, 1646 Francisco de Quiñones, Martín García Óñez de Loyola y Pedro de Viscarra, 1646 El cautivo español en el momento de ser sacrificado, 1673 Indígenas jugando chueca, 1646 Sic transferunt indi domus suas cum exuno in alium locum transeunt, 1646 Croquis que demuestra el desarrollo de la ciudad de Santiago desde 1552 hasta 1575 Armas de la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, concedidas por Carlos V, el 5 de abril de 1552 Ejército español guiado por el Apóstol Santiago Fuerte de Santiago de Chile, hacia 1610 Alfarería de Chile Central, hacia 1900 Cautivo español conducido al lugar del sacrificio, 1673 Pedro de Valdivia, Francisco de Villagra y Gerónimo de Alderete, 1646 Luis Fernández de Córdoba y Francisco Laso de la Vega, hacia 1610 Juegos indígenas, 1646 Enfrentamiento entre españoles e indígenas, hacia 1640

¿Cuando llegaron los mapuches a Santiago?

Hipótesis – Algunas hipótesis, con diferentes grados de aceptación, son:

  • En 1909 el antropólogo austriaco Osvaldo Menghin propuso que los mapuches se habrían originado en la Amazonia y que habrían emigrado, pasando por el centro de Argentina y cruzando la cordillera de los Andes, Su hipótesis se sustentaba en los rasgos culturales, semejantes a los de un subgrupo de la Amazonia. ​
  • En 1921 el arqueólogo, etnólogo y folclorista Ricardo E. Latcham postuló que los mapuches habrían migrado originalmente de la pampa argentina y habrían entrado al actual territorio chileno a través de los pasos andinos. ​ ​ Esta hipótesis afirmaba que era un pueblo guerrero y seminómada que se habría introducido como una cuña entre los picunches y huilliches, pacíficos y sedentarios, hasta entonces unidos en cultura y territorio. Este pueblo guerrero se habría ubicado entre los ríos Biobío y Toltén, Para el académico, habría habido dos poblamientos:
    • el primero de pescadores y mariscadores a lo largo de la línea costera que habrían evolucionado a una cultura de cazadores-recolectores, y
    • el segundo, en el que al primer poblamiento se habría sumado un pueblo procedente del norte, mucho más culto y que conocía bien el trabajo agrícola y ganadero, además de los tejidos y la alfarería.

Por medio de migraciones sucesivas, estos grupos se habrían trasladado al sur de América dominando a las comunidades primitivas de Chile e imponiéndoles sus costumbres, religión y su lengua, el mapudungun —aunque también hay partidarios de que los invasores habrían adoptado la lengua y parte de la cultura de sus vecinos—.

  • Posteriormente, la hipótesis de Latcham fue apoyada por el historiador Francisco Antonio Encina, ​ lo que la popularizó al pasar a ser de dominio público a través de los antiguos textos escolares de historia.
  • Según el historiador Clímaco Hermosilla, las teorías de Ricardo E.
  • Latcham siguen en plena vigencia.

​ ​

  • En 1925 Tomás Guevara planteó un desplazamiento de norte a sur por parte de grupos de mariscadores y pescadores, de afinidad con la cultura Tiahuanaco, indicando que las diferencias culturales entre los grupos mapuches del norte, centro y sur se explican por el contacto con pueblos extranjeros invasores —es decir, los incas en el siglo XV y los españoles en el siglo XVI —. ​
  • La arqueóloga Grete Mostny afirmó que había una conexión entre las primeras manifestaciones agroalfareras descubiertas en la zona sur, los hallazgos arqueológicos relacionados con la cultura El Molle de la zona de los valles transversales y las primeras culturas del noroeste argentino. ​
  • En la década de 1980, un grupo de trabajo liderado por Francisco Rothhammer confirmó la existencia de migraciones de norte a sur en el poblamiento de Chile basada en medidas craneométricas. ​
  • El historiador argentino Roberto Porcel adhirió a la hipótesis del «origen peruano» de los mapuches, calificándolos como aymaras que se habrían desplazado al sur de Chile por las guerras entre el Antisuyo y el Contisuyo, Además, señala que pehuenches y tehuelches serían originariamente argentinos. ​ ​ Verificación fallida

De estas hipótesis, la de Latcham fue la que ganó popularidad hasta la segunda mitad del siglo XX ; ​ sin embargo, en su favor no existen evidencias arqueológicas, etnográficas ni lingüísticas sólidas, En la actualidad, hay cierto consenso en favor de la hipótesis de un origen en actual territorio chileno o «teoría autoctonista»,

¿Cómo era Santiago en 1850?

Durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, Santiago vivió una profunda transformación, pasando de una ciudad colonial a una de carácter moderno e industrial. El proyecto de desarrollo de la elite colisionó con las necesidades de los sectores populares que fueron empujados a vivir en las periferias en condiciones de pobreza, hacinamiento e insalubridad. – Año: 1850 1920 Tipo: Minisitio id BN: 34371 83560 86485 41851 358014 66590 366020 310987 291980 68589 298372 537124 239440 240103 323031 137194 559223 300887 67513 895651 331589 2805 96595 97 273328 548189 830049 225587 535608 362336 318369 320066 370560 370562 3439 287572 355912 883985 273092 353962 293589 77777 429788 72272 255797 572050 243756 537089 897199 568157 240545 331262 303224 33661 546847 350940 314084 571251 Propiedad intelectual: Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported En 1850 Santiago aun presentaba características de la antigua ciudad colonial,

  1. Debido a esto, la elite política y económica tomó la decisión de cambiar las condiciones materiales de la ciudad y darle un carácter moderno que realzara su rol de capital y siguiera el modelo las ciudades europeas más importantes como Paris, Madrid o Londres.
  2. Durante el siglo XIX, las diferentes clases sociales convivieron en una urbe pequeña que en las décadas siguientes fue creciendo y aumentando su población.

Sin embargo, este crecimiento fue conflictivo ya que no todos sus habitantes se beneficiaron de su desarrollo, y, por ende, los problemas sociales aumentaron. A pesar de que la riqueza se producía a través de los trabajadores de la industria artesanal, la minería y la agricultura, los sectores populares mantuvieron e incluso empeoraron sus condiciones de vida.

Para lograr una transformación radical de la ciudad, la mayoría de la población que no compartió elementos culturales o no se vio integrada con el discurso de la elite respecto a la modernización del país, fue empujada a abandonar el centro de la capital y a vivir en los barrios marginales,En ese mismo período, una gran masa de población se desplazó desde las zonas rurales para instalarse en la capital, atraídos por la oferta de trabajo de la incipiente industria nacional y habitaron espacios donde las viviendas eran escazas y estaban desprovistos de servicios públicos como agua, alcantarillado, alumbrado y menos de servicios de salud.

El aumento de esos barrios contrastó con la imagen de una ciudad próspera y pujante, donde la ologarquía nacional enriquecida construyó elegantes mansiones y palacios y obras públicas gracias a la inserción de Chile en la economía capitalista. Esa nueva situación llevó al intendente Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886) a planificar su plan de transformación de Santiago, proyecto llevado a cabo entre 1872 y 1875, continuado por las siguientes administraciones edilicias y por los gobiernos de turno.

  • Esto generó una constante transición desde la ciudad colonial hacia una ciudad nueva, caracterizada por sus espacios públicos, su limpieza, facilidad de circulación, la utilización de nuevos medios de transporte y por los establecimientos industriales y comerciales que se instalaron en ella.
  • Sin embargo, esa posición modernizante y propulsora del cambio no fue compartida por todos, ya que muchos miembros de la oligarquía tuvieron diferencias en torno a la interpretación de las causas y soluciones sobre la “Cuestión Social”, resultado directo del cambio sociocultural que produjo el nuevo sistema económico.
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Las malas condiciones higiénicas potenciadas por el hacinamiento, la falta de agua potable y alcantarillado, así como la precariedad de la construcción, fue un factor que propagó enfermedades infecciosas y una forma de vida que fue considerada como “inmoral” por la élite.

  • Además, la marginalidad volvió peligrosa a la gran ciudad remodelada.
  • Las condiciones de seguridad eran mínimas, lo que llevó a la oligarquía a crear cuerpos de policía urbanos y a construir cárceles cerca de los barrios populares, con el fin de normar y disciplinar a un sector importante de la población.

En las primeras décadas del siglo XX, el apoyo de las clases medias y de algunos partidos políticos de la oligarquía, en conjunto con la formación de una conciencia de clase propia, ayudó a los sectores marginados a desarrollar los primeros movimientos sociales que presionaron a la elite política y económica a legislar y concretar materialmente diversas medidas en pos de mejorar sus condiciones de vida, sobre todo en lo concerniente a trabajo, vivienda y salud pública,

¿Quién quemo Santiago?

El 11 de septiembre de 1541, Michimalongo y 10.000 indios, atacaron e incendiaron Santiago. Con la finalidad de adelantar la conquista, se inició la explotación de los lavaderos de oro de Marga Marga y también en Concón se comenzó a construir un barco con el que se esperaba establecer comunicación directa con el Perú.

¿Quién conquistó Santiago?

El Archivo Nacional Histórico resguarda el primer tomo de las actas del Cabildo de Santiago, considerada la fuente manuscrita más antigua que se conserva en Chile. Esta fuente denominada Libro Becerro, en referencia al material con que fueron elaboradas sus tapas, contiene el acta de fundación de la ciudad de Santiago, encabezada por el español Pedro de Valdivia el 12 de febrero de 1541.

Este importante documento histórico debió ser reescrito tras la destrucción que sufrió la ciudad el 11 de septiembre de 1541, durante el ataque del cacique Michimalongo, Las reseñas históricas indican que los primeros documentos que se originaron durante la época de la Colonia fueron destruidos en dicha ocasión y debieron reproducirse con posterioridad, basándose solo en los testimonios orales de los participantes de este acto fundacional.

Considerando que el papel era un material escaso en este periodo, dada la condición de lejanía del territorio chileno, el escribano que ejecutó dicha labor debió elaborarlos en cuero y pergamino, En 1544, luego de la llegada del papel, se rehicieron las actas en este soporte y es por esta razón que es este año el que consigna el documento.

En el año 1983 el Libro Becerro debió ser restaurado completamente, Se laminó cada hoja, es decir, se adhirió un papel japonés con almidón de trigo o con algún adhesivo muy inocuo, con el fin de darle mayor resistencia, Este papel fue confeccionado a mano con fibras largas que se unen al papel original, tan delgado que trasluce lo que está escrito al anverso de la página.

En la actualidad este libro es resguardado y protegido en una bóveda del Archivo Nacional Histórico, como muchos otros documentos históricos de nuestra nación que, por ser delicados a la manipulación, han sido digitalizados para que su contenido pueda ser consultado y conocido por toda la ciudadanía.

Reconstitución de la primera Acta del Cabildo de Santiago, correspondiente al 12 de febrero de 1541. Como resultado del asalto a la ciudad de Santiago el 11 de septiembre de 1541, dirigido por el cacique Michimalonco, el acta original se quemó, al igual que prácticamente la totalidad de las edificaciones.

Este documento data del 1O de enero de 1544, fue escrito sobre la base de los testimonios orales de los participantes en este acto fundacional. El Cabildo es la primera expresión de soberanía popular en el territorio americano. Las Actas del Cabildo de Santiago, constituyen los primeros y más antiguos documentos administrativos que se conservan en el Archivo Nacional de Chile.

¿Cuántos mapuches viven en Santiago?

En el desglose de lo anterior, 614.881 personas se identificaron mapuche en la región Metropolitana, posicionándose así como la zona donde se concentra la mayor cantidad de este tipo de población, superando a la región de La Araucanía en casi 300 mil habitantes.

¿Quién vendio las tierras mapuches en Chile?

Conflicto Mapuche en Chile: Razones de la lucha y sus demandas Los orígenes del conflicto Los caciques Lautaro, Caupolicán y Galvarino, líderes mapuche de la década de 1550 sólo son referentes para los verdaderos orígenes de la lucha que el pueblo indígena chileno sostiene hoy. No fue durante la invasión española del siglo XVI: la historia del conflicto que hasta el día de hoy enardece el sur del país sucedió en la década de 1860, durante la “ocupación de la Araucanía”. Durante el siglo XIX, el Estado buscaba consolidar su soberanía en la sureña zona de la Araucanía, que dividía a Chile y fraguaba sus intentos por una conquista total del país. La nación mapuche, habitante del lugar, se negaba a formar parte de la República y ceder su patrimonio territorial y cultural. Sin embargo, el ejército de Chile, llevó a cabo una sangrienta invasión, apropiándose de los vastos territorios, para posteriormente venderlas a colonos extranjeros, principalmente alemanes y italianos. Asimismo, el Estado entregó a algunas comunidades mapuche sobrevivientes, los “títulos de merced”, tierras que, paradójicamente, Chile donó a sus originales dueños. Sin embargo, varias comunidades terminaron perdiéndolas, siendo engañadas por particulares que luego de ursurparlas, las legalizaron a su nombre. Para 1929, año del término de la erradicación de la nación mapuche, los indígenas sólo quedaron con el 5% de las tierras que originalmente tenían. Es decir, 500 mil hectáreas, de las 10 millones que poseían. Alrededor de 33.000 mapuche quedaron sin tierras o no fueron radicados. Ser Mapuche La palabra “Mapuche” significa “gente de esta tierra” en mapudungún, su lengua autóctona. La cosmovisión de ese pueblo va más allá de la tierra como un espacio físico, esta posee gran significación histórica, ancestral, religiosa. Los mapuche no sólo fueron despojados de sus “terrenos”, sino de su cultura. Las comunidades se vieron forzadas a vivir lejos de sus tradiciones, siendo relegadas a espacios pequeños en los que existían códigos absolutamente distintos. Esto, produjo una crisis en los mapuche, desarrollando disputas internas y el creciente empobrecimiento de su sociedad. Así, a partir de 1930, los indígenas comenzaron a organizarse para exigir al Estado chileno la devolución de sus tierras y el respeto por su cultura. La lucha por la tierra Luego de más de tres décadas de infructuosos intentos pacíficos y legales -según el marco de la ley- por recuperar su patrimonio, en 1968, se llevó a cabo el Congreso de Ercilla, en el que decenas de organizaciones mapuche acordaron que el conflicto debía tomar otro ribete. Así comenzaron las tomas de terreno como medida de presión para resolver el problema. >> Durante el gobierno de Salvador Allende (1970-1973), parte de los terrenos fueron devueltos a las comunidades, en la profundización de la Reforma Agraria impulsada por el anterior gobierno, de Eduardo Frei Montalva. Pese a que estas se entregaron sólo con títulos de usufructo, es decir, el derecho a usarlas sin ser propietarios, en ese período la reivindicación de los pueblos originarios alcanzó grandes avances: se creó la Comisión de Restitución de Tierras Ursurpadas y se creó la ley 17.729, que incorporaba en la sociedad chilena los conceptos de “tierra indígena” y “ser indígena”. En 1978, en plena dictadura de Augusto Pinochet, se dictó una ley que dio fin a las categorías impulsadas por Allende de “tierras indígenas”, traspasando los terrenos recuperados a dominios privados. Con el llamado “retorno a la democracia” el conflicto mapuche vio una posibilidad de resolución en la Ley Indígena de 1993 y en la creación de la Corporación de Desarrollo Indígena (Conadi). Pero ambas iniciativas eran meramente simbólicas, según denunciaron los dirigentes mapuche, ya que la devolución de sus tierras originales no formaba parte de las promesas. Esto radicalizó la lucha de la nación mapuche. A fines de los año 90 nace el Consejo de Todas las Tierras y la Coordinadora Arauco-Malleco, organizaciones políticas de activismo indígena. Las demandas mapuche La recuperación y autonomía jurisdiccional (derecho propio) por estas tierras, ubicadas principalmente en las provincias de Cautín y Malleco, son las principales demanda de la nación mapuche. Hoy, la propiedad de ellas recae -bajo los marcos legales del Estado chileno-, no sólo en adineradas familias de origen colono, sino también de empresas hidroeléctricas y forestales, que han explotado el suelo, talando bosques originarios, donde crece el canelo, árbol sagrado de los mapuche, además de la bella araucaria; para sembrar pino radiata y eucaliptos, bosques artificiales que degradan la tierra pero que benefician los intereses empresariales.

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  • Pero además, los indígenas le exigen al Estado chileno el reconocimiento de su identidad cultural y beneficios económicos por los daños causados durante largas décadas.
  • Para el especialista chileno en temas mapuche, Venancio Coñuepan, Lo que la etnia quiere es “libertad económica, política y cultural, para lo cual es necesario un reconocimiento constitucional”
  • Persecución contra el pueblo

La discriminación que sufren los mapuche no sólo se refleja en los índices de pobreza de su pueblo, sino también en los entramados sociales. En 2006, un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), indicó que el 68% de los jóvenes y niños siente que es más difícil encontrar trabajo para un mapuche que para alguien que no lo es. Panorama que se repite en la encuesta del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) de 2014, revelando que -también- el 68% de los consultados considera que la sociedad discrimina a esta etnia. Muchas personas en Chile han cambiado su apellido mapuche. Uno de ellos es el diputado del partido derechista chileno, UDI, Darío Paya, cuyo padre decidió erradicar de su familia el apellido original, ocultando sus orígenes indígenas. En 2004, el registro civil chileno recibió dos mil 700 solicitudes para modificar el apellido mapuche por uno occidental. Por si fuera poco, la cultura se ha perdido con la amalgama experimentada al vivir en ciudades del Estado chileno. Sólo un 4% de los jóvenes y niños mapuche tiene el mapudungún como su segundo idioma, según la Unicef. La mayoría sólo habla español. Ley Antiterrorista La ley 18.340, creada en 1984 bajo la dictadura militar, dictamina que los delitos considerados “terroristas” merecen procedimientos y condenas más duras, como la prisión preventiva -cárcel mientras se desarrolla el juicio, sin haberse declarado la culpabilidad o no- y el uso de testigos protegidos en los procesos judiciales. >> Dicha ley, llamada “Antiterrorista” ha sido utilizada para criminalizar a la nación mapuche desde el año 2001. Para el abogado de la Comisión Internacional de Derechos Humanos, Jorge Contesse, esta “es una ley hecha bajo la lógica de la guerra fría y pese a sus modificaciones lo sigue siendo (.) no se condice con su realidad actual y todavía no alcanza estándares internacionales”. Este margen es el que ha sido utilizado para la mayoría de los casos en los que se acusa a comuneros mapuche de delitos; haciendo que, pese a no haberse comprobado su participación en ellos, permanezcan presos en cárceles públicas en condiciones que los indígenas y organismos de derechos humanos califican de “inhumanas”. Mapuches bajo la ley Actualmente, decenas de presos políticos mapuche se encuentran presos a la espera de un juicio. La mayoría de ellos son sospechosos de la quema de predios, casas empresariales, camiones o iglesias en la zona de la Araucanía.

  1. Sin embargo, un informe de Carabineros de Chile, la policía del Estado, declaró que entre julio de 2014 y enero de 2015, de los 160 incendios en la región, sólo 16 fueron responsabilidad directa de indígenas, según las investigaciones realizadas.
  2. Para contrarrestar esta persecución, muchos detenidos utilizan la huelga de hambre como medida de presión, no sólo para protestar por su inocencia, sino sencillamente para exigir un proceso judicial justo, fuera de la ley antiterrorista.
  3. Uno de los casos más emblemáticos fue el de la machi -dentro de la cultura mapuche es la figura médica y religiosa más importante de la sociedad- Francisca Linconao, de sesenta años, acusada de haber participado del incendio de la parcela del matrimonio Luchsinger-Mackay, en el que la pareja de ancianos murió calcinada.

La mujer indígena sufrió graves deterioros de salud mientras se encontraba presa a la espera de un juicio. La presión de organizaciones sociales logró que cumpliese arresto domiciliario, situación que se mantiene hasta el día de hoy, sin haberse comprobado su responsabilidad en los hechos. >> Otro caso fue el de la joven mapuche Lorenza Cayuhán, quien cumplía una condena de cinco años al momento de dar a luz a su hija, siendo encadenada al momento de parir en una clínica de la zona. Los cuatro comuneros mapuche que se mantuvieron en huelga de hambre durante más de 100 días es una de las últimas injusticias registradas en torno al tema. Como así también la llamada “Operación Huracán”, llevada a cabo el pasado sábado 24 de septiembre en la que ocho dirigentes indígenas fueron apresados violentamente, sin mediar orden de detención. Siendo, además, allanadas sus viviendas y agredidos algunos de sus familiares, entre ellos varios niños. Asimismo, 19 mapuches hombres y mujeres han sido asesinados entre los años 2002 y 2017, la mayoría de ellos durante los gobiernos de Michelle Bachelet. Violencia que también alcanza a los niños y niñas de la etnia, siendo víctimas de golpes y perdigones por parte de la policía chilena en sus constantes allanamientos a las comunidades mapuche con el objetivo de amedrentar a los indígenas.

  • La especialista de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Leilani Farha, afirmó en abril de este año que en Chile, “los pueblos indígenas sufren condiciones de vivienda perjudiciales, como el hacinamiento, la precariedad de la tenencia y la falta de acceso al agua y la discriminación”, siendo afectados mayoritariamente los mapuche, despojados de su cultura “para dar paso a la industria forestal patrocinada por el gobierno”.
  • >>
  • A sólo semanas de una nueva elección presidencial en el país, los candidatos con mayores chances de llegar a gobernar el país, Sebastián Piñera (derecha) y Alejandro Guillier (centro) no asoman en sus programas la intención de resolver la demanda de los pueblos originarios, ni detener de raíz las agresiones e injusticias contra la nación mapuche que, tras decenas de décadas, hoy se encuentra en uno de sus puntos más álgidos, haciendo que la resolución del conflicto parezca cada vez más distante.

: Conflicto Mapuche en Chile: Razones de la lucha y sus demandas

¿Cuál era la estatura de los mapuches?

La complexión física del araucano Noticias de los cronistas sobre la complexión de los araucanos.- Rasgos corporales del araucano moderno.- La estatura.- Craneometría.- La mezcla de indígenas con españoles y chilenos.- Datos demográficos.- Causas de la extinción de la raza.- Potencia corporal de los restos sobrevivientes.- El aporte de sangre araucana de nuestras clases populares.

Estaban contentos los cronistas en calificar de robusta la complexión del indio antiguo y en darle rasgos fisonómicos uniformes, a saber: cabeza y cara redondas, frente cerrada, los cabellos negros, lisos y largos, narices romas, barba corta por la costumbre de arrancársela, el pecho ancho, fuertes los brazos y las piernas, pie pequeño y fornido, color moreno que se inclina a rojo 189 : «Los ojos más bien pequeños y vivos, las manos y los dedos gruesos y cortos.

Siendo muy robusta la complexión de los araucanos, el tiempo no obra en ellos, sino muy tarde, aquella mudanza a que están sujetos los viejos. Después de sesenta o setenta años de edad comienzan a encanecer y no se ponen calvos sino cuando se acercan a cien años.

  • La vida entre ellos es más larga que entre los españoles, y se ven muchos, principalmente entre las mujeres, que viven más de cien años, y hasta esa edad decrépita conservan sanos los dientes, la vista y la memoria» 190,
  • Formaban, pues, una raza, si por tal se entiende «un grupo somático, caracterizado por cierto número de rasgos comunes a todos los individuos que lo componen» 191,

Les dieron sus ventajas corporales la prioridad entre todas las americanas. Con pequeñas desviaciones locales o individuales, la grande uniformidad de los tipos araucanos se mantuvo al través del tiempo hasta la Araucanía moderna. Tal vez por los mejores medios de existencia, su físico se vigorizó en el último período de su vida independiente.

Los rasgos raciales de las agrupaciones sobrevivientes persisten aún intactos, cuando no han experimentado la influencia de la mezcla. Numerosas comprobaciones de tipos genuinos dan los siguientes pormenores del cuerpo araucano, que no se diferencian de los que fueron comunes a los ascendientes. El conjunto corporal aparece grueso y fornido.

El pecho es ancho; el cuello, corto y abultado, sostiene una cabeza redonda y grande. Los cabellos, que hoy se usan recortados en el hombre, son negros, derechos y fuertes. Barba ancha, baja y por lo común sin pelo, pues los indios no han perdido del todo la costumbre de arrancárselo con el instrumento llamado payuntuve,

La frente, poco alta, se ensancha hacia los lados. Las cejas se delinean rectas y poco pobladas, extraídas en ocasiones con el instrumento mencionado. Boca dilatada y labios abultados; dientes blancos, fuertes y desarrollados, en particular los incisivos. Nariz baja y ancha. Ojos pequeños y de expresión disimulada algunas veces y desconfiada en otras.

Pómulos salientes; propensión al proñatismo en la región subnasal y en los dientes. Orejas de tamaño medio y con el lóbulo agujereado en las mujeres únicamente, porque ha desaparecido para los caciques el uso de los aros. El cabello, que es el rasgo distintivo de las razas, es uniforme en todas las secciones de la Araucanía, desde el Bío-Bío hasta el golfo de Reloncaví.

  1. La prominencia del vientre, sobre todo en la mujer, resalta a primera vista.
  2. El posterior es redondeado.
  3. Los brazos y las piernas se distinguen también por su desarrollo voluminoso y su corta extensión.
  4. Las manos y los pies son cortos, anchos y redondos, de manera que en los últimos no aparece muy visible el tobillo; talón corto y redondeado y planta del pie un poco arqueada.

En los hombros se nota una línea cóncava, no siempre bien pronunciada. Los senos adquieren en la mujer un desarrollo extraordinario. Su cuerpo se halla desprovisto de vello, más que en la mujer civilizada, aunque ya ha perdido la costumbre de arrancarse los pelos de las axilas y de la región púdica.

  1. Hoy no es, por consiguiente, un insulto sangriento, como antes, decirle «india peluda».
  2. El color recorre toda la gama del moreno rojizo al tinte mate y blanco bajo.
  3. En los indios que no han cambiado de hábitos y de traje y que no viven en pueblos, se conserva el olor característico de las razas inferiores.
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Fueron en lo antiguo los indios de Arauco «de estatura común, aunque algunos son de estatura levantada» 192 : «Los que habitan en las llanuras son de buena estatura, pero los que se crían en los valles de la cordillera sobrepasan a la mayor parte de estatura común» 193,

  • La talla de los mapuches actuales sobrepasa un tanto a la media en las secciones de la costa y del valle central; en las andinas y sub-andinas la complexión se adelgaza y la estatura se eleva, tal como se notaba en sus progenitores de épocas precedentes.
  • Pero las tallas, así distribuidas por secciones, no son de una rigurosa uniformidad, porque los cambios de residencia de algunas familias y las uniones matrimoniales con mujeres traídas de grupos distantes, han contribuido a la mezcla de estaturas diversas en una misma zona, aunque en número menor del tipo preponderante.

De las mediciones de 25 individuos del este han resultado 13 que fluctúan entre 1.73 y 1.70; 7 entre 1.69 y 1.67 y 5 entre 1.66 y 1.55. De 25 medidas de indios del valle central, 11 han dado 1.70, 1.72 a 1.68; 6 varían entre 1.67 a 1.65, y 9 entre 1.64 a 1.54.

  • De igual número de mensuras practicadas en individuos de la costa y de las faldas orientales de la sierra de Nahuelbuta, han resultado en 8 un promedio de 1.68 a 1.64, en 5 un máximo de 1.71 a 1.69 y en 11 un mínimum de 1.68 a 1.49.
  • Suele bajar la mínima hasta 1.48.
  • Siendo menor la estatura de las mujeres que la de los hombres, aparece más uniforme en todas las secciones: oscila de 1.50 a 1.41 y la mínima suele llegar hasta 1.14.

El tipo de cráneo araucano corresponde a los signos externos recién enumerados: redondo de ordinario en el valle central y en la costa y más prolongado en el este; de cierta tosquedad por lo general e inclinándose a pesado antes que a liviano. La movilidad que desde hace algunos años han impuesto al indio las nuevas condiciones de vida, aumentando los cruces de regiones distantes, ha traído una variedad craneal muy marcada, hasta el punto de perderse en una misma tribu toda forma característica.

En las numerosas medidas craneométricas tomadas en los eltun o cementerios se ha visto confirmada esta aserción.2 cráneos de Angol dan un índice cefálico de 84.84 y 84.43; braquicéfalos.1 de Collipulli mide un índice de 81.46; sub-braquicéfalo. Otro de mujer del mismo departamento, 83.12; sub-braquicéfalo.1 de Butaco, entre Angol y Nacimiento da un índice de 77.77; sub-dolicocéfalo.1 de Arauco, 72.22, dolicocéfalo.1 de Pellomenco, departamento de Angol, de un cacique, 84.04; braquicéfalo.2 del mismo lugar, de caciques, 83.36; braquicéfalo, y 73.52, dolicocéfalo.1 de Huequen, cerca de Angol, 80.00; mesoticéfalo.1 de mujer de Guadaba, departamento de Angol, 74.85; dolicéfalo.1 de Purén, departamento de Traiguén, 78.03; mesoticéfalo.1 de Imperial, 80,02; sub-braquicéfalo.3 del departamento de Temuco: 83,90, braquicéfalo; 78,09, mesoticéfalo; 81,04, sub-braquicéfalo.2 de Lonquimay, de las tribus pehuenches: 75.20, sub-braquicéfalo; 76,83, subdolicocéfalo.

En una serie de 12 cráneos del este andino y sub-andino excede la dolicocefalía a la braquicefalia, según se comprueba por estos valores: 2 braquicéfalos, 82,05 y 85.1 sub-braquicéfalo, 81,97.1 mesoticéfalo, 77.70.6 dolicocéfalos, entre 74,11 y 70,45.2 sub-dolicocéfalos, 76,50 y 75,65.

Característica del cráneo araucano, tanto del redondo como del alargado, son su peso, su tosquedad, la comprensión lateral de muchos y la línea recta de otros en la parte posterior. Llama la atención igualmente la anchura de la mandíbula inferior en casi todos. En los cráneos de mestizos se mejora la estructura, sin perderse por completo los caracteres de raza; adquieren menos peso y los contornos se suavizan.

Una ligera inspección muestra la marcada diferencia que existe entre los cráneos masculinos y los femeninos, de origen reciente. Los últimos son más pequeños, tanto en su capacidad interna como en la parte facial, en las mandíbulas y la base. En los exhumados de antiguas sepulturas, los dos sexos presentan una igualdad que requiere un atento examen para distinguirlos, semejanza que presupone, en el concepto de varios antropólogos, cierta nivelación en las aptitudes físicas e intelectuales.

Han creído algunos investigadores que el vigor de la musculatura del araucano, su talla más que media o elevada y el tamaño de su cabeza, le asignan una psicología que difiere bien poco de la del civilizado y que ha sido a todas luces e injustamente empequeñecida por los que han estudiado la raza estableciendo su inferioridad mental.

Se considera ya como averiguado que la actividad intelectual en los individuos y en las razas, no depende principalmente de la cavidad craneana y, por consiguiente, del volumen del órgano que encierra. Se da una importancia en la producción del pensamiento, a la morfología o a la regular estructura del cerebro y sus distintas partes.

  • La teoría de Vacher de Lapouge sobre la distinción de las razas sólo por sus caracteres anatómicos (braqui y dolicocéfalos) para avaluar su capacidad mental, pasa al presente como un arcaísmo científico, que ha inducido a error a muchos que se dedican a esta clase de estudios 194,
  • En las sociedades evolucionadas, tan aptas son para el progreso las cabezas redondas como las prolongadas; las colectividades de cultura mediana, quedan estacionarias con las dos formas.

En las primeras, la mentalidad colectiva tiende a homogeneizarse por la generalización de las mismas costumbres e instituciones; en las segundas no se modifica la organización social y siguen, por consiguiente, en el mismo género de vida, con sus mismos sentimientos, voluntad y grado de experiencia.

  • De manera que, teniendo presente tales estudios antropológicos, la energía vital del araucano, su estatura y su cabeza abultada, no bastarían para hacer generalizaciones concretas acerca de un correspondiente desarrollo intelectual.
  • Es conclusión aceptada en antropología que en las sociedades de tipo muy simple la conformación cerebral presenta caracteres específicos: «Por la complicación también se caracteriza en general el cerebro de las razas inferiores, que es más sencillo, de senos menos profundos y menos marcados los pliegues de transición, las circunvoluciones más lisas y aplastadas y menos flexuosas, sobre todo en sus parte anterior.

Persisten también el surco límbico, que en los europeos no se nota casi, tal vez por el poco uso del órgano olfativo a que corresponde» 195, El cerebro del mapuche actual, desarrollado con la actividad de muchas generaciones, no se halla dentro de esta clasificación como el del antiguo araucano: su estructura no se presenta muy diferenciada de la normal del civilizado, en los surcos, las curvas, senos, superficie y sustancia gris.

  1. La inferioridad de sus facultades intelectuales no proviene de causas antropológicas sino del mecanismo especial de su mentalidad, diversa de la civilizada, como se ha explicado anteriormente, por lo mismo que se ha formado en un medio social tan diferente del nuestro.
  2. No han practicado los araucanos las deformaciones intencionadas de la cabeza ni de los dientes, como otras razas.

El achatamiento posterior de muchos cráneos antiguos se debe a que la cabeza del niño ha estado constantemente comprimida, durante la crianza, contra la tablilla de la cuna ( cupülhue ). Se puede asegurar con entera certeza que las cruzas tienden a eliminar la constitución física del araucano antes que la mental, y que siendo anatómicamente buenas las dos razas, dan siempre un producto material de avance, pero a veces con los defectos acumulados de las dos razas en lo moral.

  • La transmisión tiene que verificarse lentamente, ser la obra de varias generaciones.
  • Sobre todo para que el cruzamiento entre como factor apreciable en la formación más amplia de una nueva entidad étnica, habrá de manifestarse en mejores condiciones de efectividad.
  • La mezcla no ha sido hasta hoy de resultados eficaces.

El establecimiento de las poblaciones españolas en el territorio de Arauco no produjo una mezcla activa entre indios y peninsulares. En primer lugar, los sentimientos de rabia hereditaria de las dos poblaciones no debieron permitir una fusión completa.

Por otra parte, se oponía el sistema de vida de los españoles. Los ocupantes del territorio se dividían en vecinos encomenderos, simples vecinos y soldados en servicio activo. Las dos primeras clases vivían en hogares en que la mujer era española o criolla; entre los segundos, por la naturaleza de su oficio, las uniones clandestinas con indias se encontraron siempre en escaso número.

Pues bien, la destrucción de las ciudades españolas modificó el cruzamiento escaso que había existido hasta entonces. El que se pudiera llamar externo, que daba descendientes para fuera de Arauco, se restringió hasta mínima escala, y el interno, que se produjo dentro de las tribus armadas, aumentó con los prisioneros de los dos sexos.

  • Pero este aumento quedó perdido como una incrustación española en la raza araucana.
  • Los prisioneros y los desertores mantuvieron hasta los últimos años de la Araucanía esta mezcla interna, cuyas huellas es fácil descubrir todavía en muchas familias araucanas.
  • Algunas tribus costinas del norte de Arauco y otras de las cabeceras de Nahuelbuta y del valle central, se mezclaron más francamente con los mestizos.

Sin embargo, la supervivencia de costumbres que se nota entre los araucanos en cuanto a unión sexual con la raza superior, permite deducir que esas tribus, más que por mezclas, se raleaban por emigraciones parciales al interior, extinción natural o por el estrago de las epidemias.

Se ha podido comprobar perfectamente que, a medida que la conquista avanzaba para el sur, parte de las familias sometidas se corrían a los grupos rebeldes más inmediatos. Se comprueba esta afirmación sobre todo en lo que hace a los últimos períodos de la Araucanía. Los indios que tomaban los españoles en sus correrías como esclavos, no eran tantos que pudieran constituir un elemento de cruza abundante, y los que se sacaban de la zona de Valdivia, abrumados por los trabajos excesivos, las enfermedades y la nostalgia, no se pueden tomar tampoco en calidad de generadores importantes.

El araucano ha mantenido, como es natural, la inclinación sexual a su propia raza y la repulsión a otras castas, misogamia, que es de costumbres, idioma y hasta de prácticas íntimas. En 1895 había apenas en las provincias de Malleco cuatro por ciento de uniones de indígenas con chilenos.

Diez años después, cuando la Araucanía ha desaparecido como territorio indígena, cuando se ha cruzado de caminos y ferrocarriles y la población chilena aplasta a la de naturales, el araucano, aunque no tanto como antes, sigue siendo refractario al matrimonio con individuos de otra progenie. El oficial del registro civil del Toltén decía a este respecto, en 1907: «Número de casamientos de hombres mapuches con mujeres chilenas en 1905 y 1906, ninguno.

Número de casamientos de mujeres mapuches con hombres chilenos: Ninguno. Si en esta circunscripción de Toltén los mapuches poco o ningún interés tienen por mezclarse con los chilenos, juzgo que es por no perder sus costumbres y su idioma. Manifiestan cierta tirria hacia los mestizos; que son pocos y a quienes desprecian por su media sangre» 196,

En las reducciones inmediatas a los pueblos es donde se verifica el mayor número de matrimonios de indígenas con chilenos. Como en estas uniones no es el amor el móvil, sino el interés del campesino a los terrenos y animales del indio, el acto se legaliza, por lo general, ante el oficial del registro civil.

El de Temuco ha anotado las cifras que siguen de las reducciones próximas a esta ciudad, cada una con un número aproximado a 110 indígenas:

En Truftruf, matrimonio de indio y chilena 5
Puente de Chipa, de chileno e india 1
Tierras de Lienan, poco al noroeste de Temuco

El oficial del registro civil de Imperial anotó en el año 1904 los matrimonios mixtos que siguen:

De indio y chilena 1
De chileno e india 3

La antigua comarca de Maquehua, colindante por el sur con la ciudad de Temuco, de vasta extensión y no menos de 3.000 naturales en el último tercio del siglo XIX, da en todo éste y ocho años del siguiente el máximum de matrimonios amalgamados. Según datos recogidos por la familia Melivilu, de la estirpe de jefes principales de esa sección, se recuerdan los matrimonios mixtos que se anotan enseguida, pocos efectuados a la usanza indígena y los más como simples uniones convenidas entre las partes interesadas y casi siempre mal miradas por los parientes de la reducción:

De araucanas con chilenos 45
De araucanos con chilenas 11

Estas uniones han dado 1235 hijos, vástagos que, por lo general, han quedado residiendo en las tierras de sus progenitores y han sido jefes más tarde de varias familias, ahora netamente araucanizadas. Los datos que van a continuación corresponden al año 1913.

En las reducciones de la zona de Quepe, con una población calculada de 255 indígenas, hay 4 matrimonios de mujeres chilenas con mapuches. En Labranza, un poco al poniente de Temuco por la orilla derecha del Cautín, en una población de 500 habitantes, se han unido un chileno con una mujer mapuche y un hombre mapuche con mujer chilena; esta unión ha dado cinco hijos.

Tranamallín, poniente de Temuco, 300 personas; un matrimonio de mujer mapuche con chileno, 4 hijos. Roble Huacho, sureste de Temuco, 50 habitantes, un matrimonio chileno con mujer mapuche. Litrán, zona de Llaima, 800 personas; dos mapuches casados con chilenas y una mujer mapuche casada con chileno; de los primeros matrimonios uno tiene 7 hijos y el otro uno.

Traumaco, zona de Quechurehue, 300 personas y ninguna unión mixta. Collahue, un poco al sureste de Temuco, 200 habitantes; un mapuche casado con chilena. Finfin, zona de Voroa, 300 personas; un chileno unido con mujer mapuche, con 4 hijos. La Zanja, cerca de Temuco, 50 individuos; un chileno unido con una mujer mapuche, 4 hijos.

Carirriñi, sección de Cholchol, 1.000 habitantes; un hombre mapuche casado con chilena, con 6 hijos; un chileno casado con mujer indígena. Malalche, sección de Cholchol, 300 personas; un mapuche casado con chilena. Tromen, poniente de Temuco, 1.000 habitantes; 4 chilenos casados con mapuches, y una chilena con indio; esta unión con 1 hijo y las demás con pocos.

Han opinado algunos funcionarios del servicio de indígenas que en las comarcas de Temuco e Imperial, de la provincia de Cautín, es donde existe mayor número de champurrias o individuos mezclados 197, En las provincias de Malleco y Arauco han disminuido casi hasta desaparecer los matrimonios legalizados por el oficial del registro, debido sin duda a la reducción de los terrenos, principal aliciente del labriego chileno para incorporarse a las familias de naturales.

Aunque no existen datos sobre la sección territorial de Llanquihue, puede asegurarse que la raza aborigen se conserva ahí más o menos pura si se atiende al aislamiento en que viven los grupos sobrevivientes. Los chanpurrias o araucanos españolizados no escasean, sin embargo, del todo en los grupos indígenas actuales; hasta caciques de fama llevan en su sangre mezcla de la casta que los ha suplantado.

  1. Pero es preciso observar que casi todos ellos quedan viviendo en las reducciones, se unen a familias netamente araucanas y dan así a la cruza una dirección regresiva.
  2. La población nacional chilena, con esto nada ha ganado por el momento.
  3. Alumnos del liceo de Temuco han sido los jóvenes mapuches Painemal, Collio, Melinao, Coñuepan, Neculman, y muchos otros, descendientes de ricos y famosos caciques, y todos han ido a buscar esposa a las rucas de sus antepasados, aún cuando habían adquirido en las aulas de este colegio una instrucción que podía haberlos acercado a la familia chilena.

Otro tanto sucede con las mujeres que salen de los colegios de su sexo. El móvil de los hombres chilenos para unirse con mujeres mapuches es simplemente económico, pues buscan suelo donde sembrar o las ventajas de una hija con padre que posea tierras y animales; el de la mujer chilena unida a un mapuche es hallar un hogar donde residir sin los peligros y las estrecheces de una soltera pobre y sin deudos inmediatos.

Los jóvenes indígenas que han recibido alguna cultura fuera de su ambiente social, aspiran en la actualidad a los enlaces con niñas chilenas habituadas al servicio doméstico y al trato de los centros civilizados. Si se realizaran esos matrimonios, aumentaría, aunque ya demasiado tarde, la descendencia mezclada.

Estas uniones amalgamadas no pasaban de ser puntos imperceptibles en la densidad de la población que existía en el último tercio del siglo XIX. En 1875 se computaba el número de habitantes de las distintas zonas etnográficas en las cifras que se anotan enseguida.

  • Abajinos, establecidos en los flancos orientales de la cordillera de Nahuelbuta, desde Angol hasta la margen norte del río Cautín, 13.660 habitantes, con 40 cacicazgos principales.
  • Arribanos, ocupantes de los flancos occidentales de la cordillera andina, desde el río Renaico hasta Traiguén y Temuco, 9.992 habitantes, con 35 cacicazgos.

Huilliches del sur del río Toltén, desde Pritrufquén hasta el río Callecalle 6.760, con 37 cacicazgos. Tribus de la costa, desde el río Lebu hasta el Imperial, 4.000 habitantes, como con 10 cacicazgos. Todas estas secciones dan una población total de 70.384.

La sección de los huilliches del Cautín al Toltén indica por su mayor población que era por esta fecha la más floreciente de las que formaban el área de las tribus independientes. En efecto, sus siembras, sin ser de dilatación apreciable, superaba a las de las otras zonas, al decir de los viajeros y de los documentos oficiales de la época 198,

Ganaderos principalmente, multiplicaban sus animales con facilidad en las extensas lomas o lo adquirían por cambio de especies de las tribus afines del otro lado de los Andes. De allí se traían también mujeres cautivas de origen español, las cuales servían a incrementar las uniones mixtas con sus compradores, de ordinario caciques.

Los abajinos y los moradores de la costa sembraban apenas lo estrictamente necesario para el consumo anual de las familias. Su ganadería no alcanzaba a darles un sobrante para el comercio con los fuertes de la frontera. La ganadería constituía la base de existencia de los arribanos, que no se dedicaban al cultivo agrícola sino por excepción en algunos grupos y en cantidades insignificantes.

Belicosos y rebeldes, mantenían contacto inmediato con los pehuenches y las tribus araucanas de las pampas argentinas, de donde traían mujeres blancas para transferirlas por venta a los caciques huilliches del sur del río Cautín. Eran estos indios los que en tiempos de paz concurrían a los fuertes para efectuar el tráfico de animales con las guarniciones y ocupantes de terrenos fiscales.

No hay datos exactos de la población de las provincias de Valdivia, desde el Callecalle al sur, y de Llanquihue; pero se sabe que era menos densa que en las secciones del norte. En cambio, la agricultura y la ganadería alcanzaban un grado superior, pues habiendo pertenecido a las gobernaciones dependientes del virreinato del Perú, como la isla grande de Chiloé, tuvieron oportunidad de recibir una cultura mejor mediante la influencia de las guarniciones españolas y de los establecimientos misionales.

Más sujetos por las armas y entregados a labores agrícolas y comerciales, no se aventuraban en empresas guerreras. Los barcos del Perú arribaban a Valdivia y puertos de Chiloé a cargar cereales que transportaban al Callao. En 1800 los indígenas de la isla grande olvidaban sus modalidades originales para tomar del todo las de sus dominadores en el traje, en el idioma y en las varias actividades.

No obstante, la parte sur de Valdivia y la región que hoy comprende la provincia de Llanquihue contendrían alrededor de 10.000 indígenas, según datos de censos, no seguros, que se consignan en los archivos del sur. Esta cifra agregada a las secciones enumeradas y a la de Santa Bárbara hasta Villarrica, con 5.000 habitantes naturales, sumarían en total aproximado de 85 mil indígenas en el año 1875.

En las zonas del norte fue donde comenzó a ralearse primero la población de indios y en las del sur, desde el Cautín hasta el Callecalle, presentaba la mayor densidad para decrecer enseguida al sur de este río. A fines del siglo XVIII el Presidente don Ambrosio O’Higgins ordenó levantar un censo de los indígenas del sur del Bío-Bío.

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Este empadronamiento, que ejecutaron los capitanes de amigos y los lenguas o interpretes de los fuertes, dio la cantidad de 95.504 indígenas. En 1899 se calculaba el número de naturales en 73 mil. En la actualidad apenas podría llegar la población a 50 mil, tomando en cuenta los datos de las gobernaciones y oficinas del servicio de indígenas.

Nunca la raza araucana ha sido de alta natalidad. Pudo haber en algunos períodos de su historia cierto paralelismo entre la mortalidad y la natalidad, pero en el último siglo de su existencia la primera ha superado con mucho a la segunda. En 1888 la comarca de Cholchol sobresalía de muchas por la densidad de su población.

68 con 1 10 con 6
55 con 3 03 con 7
53 con 2 01 con 8
33 con 4 01 con 9
20 con 5 01 con 10

En esta proporción ha seguido desarrollándose hasta la fecha la fecundidad de las uniones mapuches. Los matrimonios de chileno con indígena, según el cuadro de Maquehua, que da la norma para todos los lugares, son menos prolíficos aún:

13 con 2 02 con 1
07 con 6 02 con 3
06 con 4 01 con 7
04 con 5 23 sin hijos

Hay factores generales que obran en la esterilidad relativa de los araucanos. Uno de ellos es la duración de los matrimonios, de los cuales, según las prácticas de los araucanos, muchos se disolvían y se disuelven todavía antes de los cinco años. Otro era la edad de la mujer, avanzada muy a menudo por la predilección del indio no joven a la mujer viuda, dueña de tierras y bienes muebles.

Influía también la diferencia de edad entre los cónyuges, por la inversa. Siendo la mujer objeto que se compraba, la adquirían muy joven los caciques y los viejos ricos. De aquí resultaban que los matrimonios estériles aumentaran tanto más cuanto mayor era el marido. En el escaso número de hijos de la familia araucana hay que tomar en cuenta, finalmente, la prolongada lactancia de los niños, pues las mujeres temen que el embarazo y el parto alejen de ellas al marido.

Otras causas secundarias obraban, además, en estas uniones sin hijos. La esterilidad aumentaba a medida que la situación económica disminuía. Falto de previsión, el indio vende o consume los productos cosechados sin acordarse de lo futuro. Vende asimismo o reserva los animales a despecho del hambre desesperante a veces.

  • El fondo de su alimentación es vegetal y, en consecuencia, insuficiente.
  • Decrecía la fuerza procreadora de la mujer a consecuencia de los trabajos duros en que reemplazaba a los hombres, con perjuicio de la integridad de su organismo, y dificultaban los partos y, por consiguiente, la vida del recién nacido.

Tampoco favorecían su reproducción las predisposiciones morbosas, más abundantes en la sociedad araucana que en la civilizada. Si se explora la vida patológica del mapuche, se hallan los signos de innumerables enfermedades constitucionales e infecciosas, que no solamente aminoran su aptitud reproductora, sino que aumentan el coeficiente de defunciones.

Las oftalmías, por el humo en el interior de las habitaciones; la sarna, las erupciones de la piel, como herpes, favo, querion, etc., es el lote común del indígena. Son más frecuentes de lo que se cree los trastornos nerviosos, las degeneraciones mentales, latentes o atenuadas, de origen hereditario.

En muchos individuos se encuentran infecciones graves o intoxicaciones profundas, resultado de la absorción del alcohol propiamente dicho y del aguardiente. La tuberculosis, atenuada también, existe en las reducciones, aunque en menor proporción que en la población chilena.

  • La escarlatina, el sarampión y la difteria en toda su variedad de formas, cuando toman carácter epidémico, fijan su foco de irradiación en las familias indígenas.
  • Las epidemias, como la viruela, la gripe y el tifus suelen hacer estragos incomparablemente superiores a los que producen en las aglomeraciones chilenas.

Particularmente la viruela ha causado desde la conquista hasta el presente bajas enormes, por ser los indios refractarios a la vacuna, que suponen causa inevitable del mal. La epidemia colérica de 1889 exterminó familias enteras, raleó las tribus de todas las zonas y dejó en la memoria de los mapuches dolorosos recuerdos.

Desde los conquistadores hasta hoy mismo han creído que las epidemias son obras de maleficios de sus enemigos o de los brujos ( calcu ). La del cólera la llevaron a sus habitaciones los que pretendían robarles sus tierras. De aquí proviene también que no tomen a lo serio la índole infecciosa de algunas enfermedades.

Recrudecen las epidemias en las agrupaciones indígenas por la supervivencia de sus prácticas curativas, por el desconocimiento de las de profilaxis, el retroceso de antiguos hábitos de higiene y por la frecuente inoculación subcutánea o intravenosa producida por la picadura o mordedura de los insectos, que en número considerable se crían en las rucas.

Y esta extinción de la raza no ha sido un fenómeno de los períodos recientes de la historia araucana; ha venido operándose desde siglos atrás y sin lugar a dudas desde la conquista española. El padre historiador Diego de Rosales dice a este propósito: «Las pestes, las hambres, en que comían unos a otros, las guerras con los españoles y entre sí, civiles, han consumido a los indios con tan grande baja, que Osorno, que tenía cincuenta mil, no junta hoy cinco mil; la Imperial, que tenía treinta mil, no tiene hoy mil cabales; Arauco, que tenía diez mil, tendrá quinientos, y así hay muchas tierras vacías que han poblado los españoles y hecho grandes estancias de ganados y sementeras en los valles que están más retirados de la gente de guerra» 199,

Hasta hace poco, los progresos de la terapia salvaban al indio de muchas alteraciones patológicas: se bañaba invariablemente todas las mañanas y usaba el agua con mayor frecuencia para el aseo personal; hoy va perdiendo estas costumbres reparadoras. Ha olvidado igualmente los antiguos ejercicios gimnásticos del salto, carreras, luchas, etc., que antes contribuían al prestigio individual e incrementaban la salud y la fuerza muscular.

La fuerza de presión y tracción del araucano, se ha clasificado, sin traspasar la de los pueblos europeos, entre las primeras de las razas americanas. La lucha diaria con los elementos y las selvas, azotado por la lluvia de los inviernos australes y extenuado por el sol del verano en los trabajos de la agricultura y la guarda de los animales; la forzada sobriedad de su pobreza, los largos viajes, toda la dureza del medio en que se mueve, contribuye a que su organismo se desenvuelva vigoroso y endurecido.

El mapuche de ahora, según la opinión de muchos observadores chilenos y de la misma raza indígena, es más fuerte que el araucano antiguo, cuando no se trata de individuos o grupos ya degenerados por el ocio y el alcoholismo. En otro tiempo en que la guerra era su ocupación habitual, sobresalía en agilidad, como caballista y lancero; mas, carecía de la energía muscular que se adquiere con un trabajo rudo y cotidiano.

  • En una de las crónicas antiguas se anota el hecho de que, según varias pruebas de entonces, los españoles tenían más fuerza que los araucanos 200,
  • En la actualidad podría establecerse la misma superioridad en el conjunto de las dos razas, pero reduciendo la comparación a los jornaleros, un trabajador mapuche transporta un saco de trigo de cien kilogramos con igual facilidad que un peón chileno.

Varios pasajes de los cronistas hacen referencia, asimismo, al extraordinario desarrollo de las fuerzas físicas en las mujeres. Al presente no ha disminuido en las que viven en los campos esta potencia corporal. Proviene, sin duda, de la circunstancia de tomar participación en todas las fatigas propias del hombre; pues, además de los cuidados de su sexo, acompaña al varón en sus trabajos comunes, como rasgar leña, arar, echarse a la cabeza o a la espalda pesados fardos.

En las mujeres que pasan a la vida civilizada, decae esta fuerza varonil. Presenta, pues, la colectividad araucana una situación sanitaria execrable, que eleva día a día el término medio de la mortalidad. Si no vienen nuevas circunstancias a modificar estas condiciones morbosas, la raza seguirá extinguiéndose de un modo seguro y rápido.

Inquisiciones concienzudas de los conocedores de la raza aborigen dan como un hecho incontrovertible, confirmado además por los datos históricos, que el aporte de sangre araucana de nuestras clases populares -el Roto chileno- ha sido exagerado por algunos escritores nacionales, sobre todo cuando se han referido a los indígenas genuinos que ocuparon la sección territorial que se extiende al sur del Bío-Bío hasta el golfo de Reloncaví 201,

Aunque parezca una paradoja, se puede sostener la teoría de que la vitalidad corporal y las buenas disposiciones psicológicas de la población chilena, se deben a otros factores sociales y biológicos y no a una precaria porción de sangre araucana. Analizado este aserto con un método científico estricto, conforme a la realidad, adquiere luego la fuerza de un hecho indudable.

Cuando se mezclan dos razas diferentes, dan un compuesto en que supera la dominante, en el carácter y las aptitudes. En el cruce de indios y españoles que se efectuó en América del Sur, los aborígenes aportaron el elemento dominante en todas partes. La porción racial del componente superior, siendo mínima, no constituyó un factor étnico principal, sino mediano en la estructura de las nacionalidades.

El resultado de esta cruza tan desigual en número y en mentalidad fue en todas las secciones territoriales dependientes de España y después repúblicas, un obstáculo para el orden y el progreso de la cultura e instituciones europeas. Esta progenie así amalgamada recogió como herencia los estigmas de la raza mediana, o sea la abulia para el trabajo creado por la nueva civilización, el aislamiento o carencia de sociabilidad, lo impulsivo de los actos, el sentido moral diverso del civilizado, la malicia, el rencor y el deseo de venganza contra los más aptos y superiores de la población de origen europeo, la simulación, la mentira y muchas otras tareas que completan el cuadro de propiedades degenerativas.

Este mestizaje de dos razas distintas resultaba más peligroso para la sociabilidad en gestación cuanto más cercano se hallaba al indio, porque en el grado primario se recibían en todo vigor las disposiciones degenerativas. A tales condiciones desfavorables de origen se agregaban siempre las del ambiente semi-indígena: esta descendencia crecía aislada en hogares sin higiene, se alimentaba mal, era víctima del alcohol, del paludismo y de regímenes opresores, como el de esclavitud de la conquista y el de servidumbre feudal de las repúblicas que surgieron más tarde.

En Chile se derivó de mejores orígenes la población formada de dos tipos antagónicos. Aunque inferior al progenitor europeo, sobrepasaba, más que en mestizaciones de otras partes, a la ascendencia india. Influyeron en ellos causas especiales. La resistencia de los araucanos atrajo al país una emigración española relativamente numerosa, que tenía que ser factor de progenie de mejor calidad.

La población indígena que vivía diseminada en el territorio desde el norte hasta el río Itata más o menos, los promaucaes o mapuches de algunos autores, era escasa y no bastaba, por lo tanto, para predominar sobre la superior. Además, con ésta venía otro elemento étnico ya mestizado, proveniente de las cruzas de españoles e indígenas peruanos, utilizados como auxiliares en las empresas guerreras.

En el norte y centro de Chile buscaron también de preferencia los conquistadores mujeres de esa estirpe, que llevaban sangre peruana pura o mezclada con la originaria, población que había ido creciendo en el país desde el arribo de los incas. Rara vez los peninsulares entraban en concúbito con mujeres netamente araucanas.

Por no haber tenido cruzas activas con negros, mulatos y zambos, adquirió más homogeneidad que la de aquellas secciones, donde los trabajos de minas y otros de las regiones tropicales mantenían la inmigración de color. En Chile ni había ese género de industrias ni el clima era propicio a la naturaleza del elemento negroide.

  1. Por eso fueron desapareciendo aquí al correr de algunas generaciones ciertos rasgos étnicos del tipo obscuro.
  2. De manera que la población originaria chilena tuvo por el lado de los progenitores varones, los españoles, buena porción de sangre y escasa por el indígena autóctono y con algunas cruzas encima de la otra mestizada que arribó al país como auxiliar.

Hubo, pues, un avance en las etapas de selección, mientras que en otras secciones se retrasaba el progreso étnico. La fantasía nacionalista ha creado para el chileno una descendencia forzada de la raza guerrera, encarando el problema en un concepto empírico y no científico y real.

Quienquiera que profundice este asunto, se convencerá pronto de que los indígenas del sur del Bío-Bío no se han fusionado a la masa chilena ni forman un sedimento constitutivo de ella; han sido propiamente empujados, desplazados por ésta, para desaparecer de un modo lento, silencioso y paulatino, con la muerte de los individuos que componen las agrupaciones regionales.

Prueba convincente de este hecho es la gran extensión de terreno que fue quedando vacante y que ocupó el Estado para entregarla por lotes a la licitación particular. Y tanto como las epidemias, diezman a las razas originarias los vicios que asimilan de la superior en contacto más bien que sus virtudes.

Las primeras no pueden adaptarse a un nuevo medio intelectual, a otra cultura que les llega de golpe, sin transiciones graduales, que las rodea de una atmósfera extranjera y las aísla en su propio suelo, las priva de sus libertades antiguas, de las instituciones y usos arraigados en el alma colectiva.

La extinción se realiza sin lucha ostensible; es de simple contacto, de imposición de otra condición civil, moral y social. Por el lado del español de la conquista, fuerte y sufrido, más que por el del indígena, que no fue unilateral y preponderante, recibió el chileno la dotación de cualidades físicas que lo distinguen del producto étnico de las demás nacionalidades americanas: nervudo, indemne a los rigores de la intemperie, vigoroso en la cotidiana y ruda labor.

  1. Se agrega a esa herencia antropológica la influencia del medio geográfico en que se ha verificado su desenvolvimiento orgánico.
  2. Los agentes físicos de nuestro país han sido todos satisfactorios: impera un clima templado, con estaciones bien marcadas, vientos alisios vivificadores, sin las temperaturas enervantes de los trópicos ni los fríos australes que deprimen la actividad.

Los descensos atmosféricos no alcanzan a la escala de tantos otros territorios y fácilmente se neutralizan aquí con la calefacción abundante y por lo mismo barata que suministra un suelo boscoso. Los campos feraces y cruzados de infinitas corrientes de agua, proporcionan una sobrada alimentación animal y sobre todo farinácea.

El aspecto general de la naturaleza, alegre y variado, influye, aparte del legado andaluz, en un carácter festivo, y sus inciertas situaciones económicas lo hacen altivamente resignado a las estrecheces del presente y a las zozobras del porvenir. En los países templados, la fertilidad del suelo es menor que en las regiones cálidas, y para intensificarla se requiere un trabajo humano constante, particularmente en las topografías quebradas, que viene a vigorizar al fin el organismo de los individuos.

Las cualidades militares y de valor de nuestro pueblo provienen, sin duda, de causas históricas y sociales y no de consanguinidad con los araucanos, que no existe en la proporción difundida. El carácter nacional se ha formado con el sentimiento de orgullo que dan las empresas guerreras venturosas.

En todas las guerras de nuestro país, desde la independencia para adelante, la victoria lo ha favorecido; no ha sufrido nunca la depresión moral, las inquietudes y la conmoción nerviosa de la derrota. Por último, su valor ha sido consciente, resultado de una cultura cimentada, en una enseñanza pública auspiciada por nuestros gobiernos desde la emancipación política y que estimula los ideales de patria, de integridad territorial y de justicia de sus derechos más que las conveniencias económicas y ambiciones de conquista que jamás ha tenido.

Nuestro sistema de servicio militar, ya antiguo en la república y democrático en su aplicación, que ningún ciudadano rehuye, es otro exponente que mantiene viva la tradición militar del chileno de nuestras clases inferiores.

¿Por qué los mapuches no construyeron pirámides?

Una vez preguntaron, por qué los mapuches no construyeron pirámides o caminos como los Incas y los otros imperios mesoamericanos. Y la respuesta es que las pirámides, los caminos y toda suerte de estructura importante en la antigüedad, siempre se construyeron sobre los hombros de esclavos.

¿Cómo fueron descubiertos los restos de Santiago de Compostela?

A continuación te contamos, según la mítica historia del Camino de Santiago, cómo fueron descubiertos los restos de Santiago de Compostela. En el año 823 un apacible ermitaño, conocido como Pelayo, vivía en su casa en el bosque de Libredón. Por las noches, unas misteriosas luces, provenientes del bosque, comenzaron a captar su atención.

¿Cómo fueron descubiertos los restos de Santiago de Compostela?

A continuación te contamos, según la mítica historia del Camino de Santiago, cómo fueron descubiertos los restos de Santiago de Compostela. En el año 823 un apacible ermitaño, conocido como Pelayo, vivía en su casa en el bosque de Libredón. Por las noches, unas misteriosas luces, provenientes del bosque, comenzaron a captar su atención.

¿Cuál es la historia del Camino de Santiago?

Otros relatos de la historia del Camino de Santiago, afirman que recorrió el valle del Ebro, atravesando las tierras catalanas, y que luego tomó la vía romana de la cordillera cantábrica, hasta La Coruña. Incluso hay teorías que apuntan a que se dirigió a Murcia, pasando por Cartagena, y desde allí continuó hacia el norte.

¿Cuál es el papel de Santiago el Justo?

Escritos judeocristianos – El Evangelio de los hebreos (siglo II ) es el principal documento judeocristiano que ilustra la veneración a la figura de Santiago. Fue citado por Jerónimo de Estridón y contiene el único registro (extracanónico) de la aparición de Jesús resucitado a su hermano (mencionada por Pablo): dice después del relato de la resurrección del Señor:] Mas el Señor, después de haber entregado su lienzo al siervo del sacerdote, fue a donde Santiago y se le apareció.

  • Traed la mesa y el pan, dijo el Señor.
  • Trajo pan y lo bendijo y lo partió y se lo dio a Santiago el Justo y le dijo: Hermano mío, come tu pan, porque el Hijo del Hombre ha sido resucitado de entre los muertos.
  • A su vez, los Reconocimientos y las Homilías (siglo IV ) forman parte del cuerpo de documentos atribuidos espuriamente a Clemente de Roma, cuya fuente se remonta a un escrito judeocristiano del siglo II, denominado Peridoi Petrou o Kerygma Petrou (Circuitos de Pedro).

Santiago el Justo juega un papel particular: Pedro y Clemente son representados como reportándole continuamente sus actividades y siguiendo sus órdenes. En las Homilías, una de las cartas atribuidas a Pedro, llama a Santiago como «el señor y obispo de la santa iglesia»; una de las cartas atribuidas a Clemente, le llama «Santiago, el obispo de obispos, quien gobierna en Jerusalén la santa iglesia de los hebreos y las que, por la providencia de Dios, han sido bien fundadas en todas partes».

¿Qué es el Segundo Apocalipsis de Santiago?

El Segundo Apocalipsis de Santiago (siglo II), obra gnóstica y cristiano judía que no es una continuación del Primer Apocalipsis, relata la revelación de Jesús resucitado a Santiago registrada por Mareim (a quien se le atribuye la obra) y Teudas (a quien nombra como padre de Santiago, esposo de María y pariente del propio Mareim).