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Qué Significa Equidad En La Biblia?

Qué Significa Equidad En La Biblia
Igualdad vs. Equidad – La igualdad: Dos cosas que son iguales o tienen un valor similar. Cuando tratamos igual a dos personas o dos grupos de personas, nos aseguramos de que tengan o reciban las mismas cosas. La equidad: Dar a todos lo que necesitan para tener éxito; NO es dar a todos exactamente lo mismo.

Si damos a todo el mundo exactamente lo mismo esperando que esto haga que la gente sea igual, se asume que todo el mundo empezó en el mismo lugar. Por ejemplo, igualdad es dar a todos un zapato. Equidad es dar a todo el mundo un zapato que le quede bien. Estas nueve características describen un entorno que adopta la práctica de la hospitalidad basada en la equidad.

Piensa en cómo puedes crear una cultura de hospitalidad basada en la equidad en tu iglesia, familia, amistades y entorno laboral. Cada práctica se apoya en un pasaje clave de la Escritura. Reflexiona sobre estos pasajes de la Escritura. Considera lo que Dios te revela a través de la Escritura sobre la hospitalidad basada en la equidad.

¿Qué es equidad biblicamente?

La equidad o la igualdad – Cuando leemos un pasaje como proverbios 1:3, se nos dice que estos fueron dados “para recibir el consejo de prudencia, Justicia, juicio y equidad “. Esta última palabra: “equidad” ha sido mal interpretada según las filosofías humanas, y no según el concepto de justicia que la Biblia ofrece.

  • Existe en el cristianismo la extraña idea de que Dios al crear a toda la raza humana a su imagen, y de que en Cristo hay unidad; entonces Dios tiene que dar lo mismo a todos, porque si no fuese así, Dios sería injusto.
  • Esta idea es tomada usualmente para justificar la igualdad que muchos partidos políticos promueven, y defienden sistemáticamente; sin embargo, es una idea equivocada y anti bíblica.

La equidad en la Biblia se desprende de la justicia de Dios. Dios muestra su justicia tanto por Jesucristo como por su ley. La ley de Dios es imparcial para todos los hombres. La equidad consiste en el hecho de que todos los seres humanos somos tratados igualmente según su ley.

No existen privilegios por ser rico o por ser pobre, absolutamente todos seremos juzgados por la misma ley, y recibir sus recompensas o castigos. Como Dios es justo, su ley es justa. Eso significa que Dios retribuye dando a cada cuál lo que merece. Pero Dios muestra también su justicia en Jesucristo, dando lo que no merece al pecador, concediendo la vida eterna al que cree en el sacrificio suficiente de Cristo.

En este sentido, nadie recibe lo que merece; sin embargo, eso no excluye la idea de un juicio justo por el cual todos pasaremos. En este juicio final, aquél que está sin Cristo será condenado, y el que está en Cristo, recibirá la vida eterna. El impío será condenado según sus obras, y como algunos han pecado más que otros, recibirán mayor condenación.

  1. Como ejemplo de eso, las ciudades impenitentes de Israel recibirían un juicio más grande que el que recibió Sodoma y Gomorra.
  2. Pero, aunque todos tenemos vida eterna en Cristo, no todos recibiremos los mismos galardones.
  3. Aunque seremos salvos, muchas de nuestras obras serán quemadas, y otras recompensadas.

La cantidad de obras que podemos hacer depende únicamente de la medida de gracia y fe que el Señor nos concede. Esta medida depende únicamente de su albedrío, y no de nada que haya en nosotros. Esto se ilustra muy bien en la parábola de las diez minas que leemos en Lucas 19.

  • Allí vemos que el noble que se va a recibir un reino no le da la misma cantidad de minas a sus siervos; a uno le da diez, a otro cinco, a otro una.
  • Sin embargo, a todos los trata con equidad cuando regresa.
  • A todos los recompensa, según lo que producen, y castiga al que no produce.
  • A todos los trata con la misma medida, sin embargo, las minas son sólo administradas por ellos, no son de su propiedad, de manera que únicamente del noble depende el grado de recompensa que les dará, porque finalmente todo es suyo.

Algunos podrían pensar que Dios actúa injustamente cuando le da a unos más y a otros menos, pero no existe tal injusticia. Todo es de Dios y nosotros tan sólo somos administradores de lo que nos da, y nuestro deber es responder por eso. Dios no es injusto porque la equidad no consiste en darle a todos lo mismo, sino en tratar a todos por igual conforme a la misma ley, sin ningún privilegio.

  • La equidad en la Biblia no se refiere a conceptos erróneos como “igualdad de resultados” porque tal cosa es imposible; ni tampoco a la “igualdad de oportunidades”, o mucho menos a una “igualdad mediante el voto”.
  • Dios nos hizo diferentes a todos; como se nos recuerda en éxodo 4:11, que Dios es el que hace tanto al que habla como al mudo o al ciego y al que ve.

Es Dios quien en su providencia da a los hombres diferentes tiempos, oportunidades y resultados. En Israel sólo los levitas podían ministrar en el templo, o sólo de la tribu de Judá podía haber un rey. Si Dios no espera esa igualdad en nosotros ¿Por qué deberíamos buscarla nosotros? Dios hizo las diferencias, y es algo por lo cual debemos alabarle.

  • La única igualdad que habla la Palabra de Dios, es la “igualdad ante la ley”.
  • Son muchos los textos que enseñan que Dios no hace acepción de personas.
  • Dios trata por igual a todos los seres humanos por medio de su ley, sin conceder privilegios.
  • Desechemos entonces las utopías humanistas de pretender una igualdad mediante la ley, cuando Dios mismo es quien creó las diferencias.

Han sido los humanistas quienes desean producciones en serie de humanos con su ingeniería social de la mal entendida equidad que hace a los hombres desiguales ante la ley, al conceder privilegios a unos cuantos. – ♦ – : La equidad o la igualdad (Feb, 2019)

¿Qué es la equidad y un ejemplo?

Algunos ejemplos de equidad son que los hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades a la hora de ser seleccionados para un puesto de trabajo, que las personas desfavorecidas tengan las mismas posibilidades de estudiar que otras con mejores condiciones económicas, o que todos seamos tratados de la misma forma ante

¿Qué significa justicia y equidad?

La equidad comprende un trato justo a las personas, dando a cada cual lo que le pertenece a partir del reconocimiento de las condiciones y las características específicas, por lo tanto significa justicia, reconocimiento de la diversidad y eliminación de cualquier actitud o acción discriminatoria.

¿Qué dice la Biblia sobre la igualdad entre hombres y mujeres?

Gálatas 3, 28 es un texto clave para afirmar la igualdad fundamental entre el hombre y la mujer: ‘Ya no hay distinción entre judío y gentil, entre esclavo o libre, entre varón y mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús.’.

¿Qué entendemos por equidad?

La equidad implica un trato diferenciado en cuanto a situaciones específicas, siempre con el fin de lograr igualdad en el ejercicio de derechos, pues todas las personas son sujetos sociales de derechos.

¿Qué es el espíritu de la equidad?

Hoy la equidad se entiende como el criterio de justicia que toma en consideración no sólo el sistema jurídico, sino también las particularidades del caso, y que trata de darle una solución con un sentido moral y humano más que estrictamente legal.

¿Qué diferencia hay entre la igualdad y la equidad?

Dicho de otro modo, la igualdad consiste en ser iguales en estatus, derechos y oportunidades, mientras que la equidad trata de cómo llegar a ese punto mediante la justicia y la imparcialidad.

¿Cuál es la importancia de la equidad?

Importancia de la Equidad de Género La importancia de la Equidad de Género la entendemos con claridad quienes buscamos el desarrollo social. Porque, entendemos la necesidad de la existencia de un equilibrio donde se respete y valore el aporte que cada persona hace indistintamente su género. En perspectiva, la importancia de la Equidad de Género radica en la formación de ciudadanos, individuos sociales que cumplan con su rol y generen recursos. Exaltando la dignidad y los derechos que todos poseen garantizando el acceso a todos los ámbitos que permitan su desarrollo como individuo y ser social, Por ello, en este artículo nos hemos detenido a desarrollar con amplitud la equidad de género, su significado, importancia, símbolo y valores que le rodean.

  • Es necesario establecer este apartado pues muchos utilizan ambos términos como sinónimos, y aunque pudieran parecer parecidos, la realidad es que no significan lo mismo.
  • Por lo tanto, en esencia, la igualdad entre hombres y mujeres se resguarda con la equidad con respecto a los servicios y bienes sociales.

La equidad erradica la discriminación entre individuos para no favorece a un sexo sobre el otro en ninguno de los contextos sociales. Entonces, busca el reconocimiento igualitario tanto de mujeres como de hombres, así como, el respeto a sus derechos fundamentales.

La igualdad busca dar un trato igualitario a todas las personas indiferentemente su género. La equidad por su parte busca que se consideren las diferencias, es decir, tendrán el acceso a derechos y responsabilidades como le corresponde a cada uno.

Finalmente, la equidad busca poner en práctica la igualdad de género, insertando los respectivos cambios en los ámbitos sociales según el rol que posea la persona. La equidad de género es un conjunto de medidas que se toman en cuenta para lograr la participación en igualdad entre hombres y mujeres dentro de su contexto social.

Promueve la toma de decisiones individualizadas no cercadas en cánones ni roles tradiciones. Potencia las conductas, aspiraciones, necesidades, el sentido crítico que eliminan la desigualdad entre mujeres y hombres,

¿Que intenta promover la equidad?

La equidad intenta promover la igualdad, más allá de las diferencias en el sexo, la cultura, los sectores económicos a los que se pertenece, etc.

¿Qué dice el proverbio 22?

Proverbios 22

  • 1 De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro.
  • 2 El y el pobre se encuentran; a todos ellos los hizo Jehová.
  • 3 El prudente ve el mal y se esconde, pero los ingenuos pasan y reciben el daño.
  • 4 Riquezas, y honra y vida son la remuneración de la humildad y del de Jehová.
  • 5 Espinas y trampas hay en el camino del ; el que guarda su alma se alejará de ellos.
  • 6 al niño su camino; y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.
  • 7 El rico se enseñorea de los pobres; y el que prestado es siervo del que presta.
  • 8 El que siembra iniquidad, iniquidad segará, y perecerá la vara de su ira.
  • 9 El ojo misericordioso será bendito, porque de su pan al indigente.
  • 10 Echa fuera al, y saldrá la, y cesarán el pleito y la afrenta.
  • 11 El que ama la pureza de corazón, por la gracia de sus labios, el rey será su amigo.
  • 12 Los ojos de Jehová velan por el conocimiento, pero él trastorna las palabras de los pérfidos.
  • 13 Dice el perezoso: Hay un león fuera; me matará en la calle.
  • 14 Fosa profunda es la boca de la extraña; aquel al que Jehová aborrezca caerá en ella.
  • 15 La necedad está ligada al corazón del muchacho, mas la vara de la corrección la alejará de él.
  • 16 El que oprime al pobre para enriquecerse, y que da al rico, ciertamente será pobre.
  • 17 Inclina tu oído, y oye las palabras de los sabios, y aplica tu corazón a mi conocimiento,
  • 18 porque es cosa deleitable que las guardes dentro de ti, y se afirmarán en tus labios.
  • 19 Para que tu confianza esté en Jehová, te las he hecho saber hoy a ti también.
  • 20 ¿No te he escrito tres veces en consejos y en conocimiento,
  • 21 para hacerte saber la certeza de las de verdad, a fin de que respondas palabras de verdad a los que a ti te envíen?
  • 22 No robes al pobre, porque es pobre; ni oprimas la puerta al afligido,
  • 23 porque Jehová juzgará la causa de ellos, y despojará el alma de aquellos que los despojen.
  • 24 No hagas amistad con el iracundo ni andes con el hombre irascible,
  • 25 no sea que aprendas sus maneras y tiendas trampa para tu propia alma.
  • 26 No estés entre los que se, entre los que salen fiadores de deudas.
  • 27 Si no tienes con qué pagar, ¿por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?
  • 28 No traspases los antiguos que pusieron tus padres.

29 ¿Has visto hombre diligente en su obra? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición.

¿Cuál es el origen de la equidad?

La etimología de la palabra ‘equidad’ procede de la voz latina aequitas. En la Antigua Roma designaba el trato justo entre individuos y encerraba un significado más amplio de justicia, conformidad, simetría y rectitud.

¿Cuáles son los principios de la equidad?

La idea central de los contratos innominados es el principio de la equidad, según el cual, una persona no debe enriquecerse injustamente en petjuicio de otro.

¿Qué es la igualdad según Jesús?

“Al asignar responsabilidades diferentes al hombre y a la mujer, nuestro Padre Celestial nos ha dado mas oportunidades para crecer, servir y progresar.” Hermanas de la Sociedad de Socorro es un honor para mi el dirigirles la palabra. Ustedes pertenecen a la organización de mujeres mas grande y antigua del mundo, y la única organizada por un profeta de Dios.

  1. La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles les envían sus saludos.
  2. Hermanas, tanto nosotros, como sus lideres locales del sacerdocio reconocemos su gran labor y las estimamos mucho.
  3. Reconocemos y agradecemos todo lo que hacen para edificar el reino de Dios.
  4. Nos maravillamos al ver la fe y el servicio dedicado que brindan a sus familias, a la Iglesia y a sus comunidades.

Oramos por cada una de ustedes y les extendemos nuestro cariño. Mis hermanos, los élderes Charles Didier y W. Mack Lawrence, y yo somos asesores del sacerdocio de la presidencia general y a la mesa directiva de la Sociedad de Socorro. La tarea de la Sociedad de Socorro es mas difícil que nunca por motivo de la variedad de idiomas, culturas y ambientes, así como por las circunstancias que constantemente cambian en el mundo.

  1. La planificación tiene que ser tanto general como particular; general como para satisfacer las diversas necesidades de mas de tres millones de mujeres que viven en mas de ciento treinta países y lugares, y particular como para satisfacer las necesidades de cada hermana.
  2. La Sociedad de Socorro y el evangelio deben incluir a cada mujer.

Cada una de ustedes es bienvenida y es necesaria, ya sea que tenga dieciocho u ochenta años, sea casada o soltera; así hable inglés o portugués, viva en una isla o en las montañas, tenga hijos o simplemente ame a los niños; así tenga un titulo universitario o poca instrucción; así tenga un marido que no participe activamente en la Iglesia o uno que sea presidente de estaca; así tenga un testimonio firme del evangelio o este luchando por fortalecerse espiritualmente.

¡Aquí es donde deben estar! La Iglesia necesita urgentemente sus talentos, energías y contribuciones. Tal como dijo Eliza R. Snow, segunda presidenta general de la Sociedad de Socorro: “No existe una hermana que se halle tan aislada o que su influencia este tan restringida que no pueda contribuir significativamente al establecimiento del reino de Dios sobre la tierra” (Womans’s Exponent, 15 de septiembre de 1893, pág.62).

Hermanas, ruego que el Espíritu del Señor me acompañe esta noche mientras enseño un principio fundamental del evangelio que, si se llegan a comprender, les fortalecerá y bendecirá en su búsqueda de la vida eterna. Nuestro Padre Celestial ama a todos Sus hijos por igual y de una manera perfecta e infinita.

El amor que siente por Sus hijas no es diferente del que siente por Sus hijos. Nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, también ama por igual a hombres y mujeres. Su sacrificio expiatorio y Su evangelio son para todos los hijos de Dios. Durante Su ministerio terrenal Jesús sirvió, sanó y enseñó a hombres y a mujeres por igual.

El evangelio de Jesucristo puede santificar a hombres y mujeres de la misma manera y por medio de los mismos principios. Por ejemplo, la fe, el arrepentimiento, el bautismo y el don del Espíritu Santo son requisitos para todos los hijos de Dios, sin importar su sexo.

Lo mismo se aplica a los convenios y a las bendiciones del templo. La obra y gloria de nuestro Padre es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de Sus hijos (véase Moisés l :39). El nos ama a todos por igual, y su don mas grandioso, el don de la vida eterna, se halla al alcance de todos. Aunque el hombre y la mujer sean iguales ante Dios en cuanto a sus oportunidades eternas, tienen deberes diferentes, si bien igualmente importantes, en Su plan eterno.

Debemos comprender que Dios contempla a todos Sus hijos con infinita sabiduría y perfecta equidad. Como consecuencia, reconoce e incluso fomentar nuestras diferencias pero a la vez nos da oportunidades similares para nuestro desarrollo y progreso. Cuando vivimos con El como hijos e hijas espirituales, nuestro Padre Celestial asignó responsabilidades terrenales diferentes al hombre y a la mujer.

A Sus hijos les dio el sacerdocio y las responsabilidades de la paternidad, y a Sus hijas, las responsabilidades de la maternidad, cada tarea con sus funciones correspondientes. La creación del mundo, la expiación de Jesucristo y la restauración del evangelio en los últimos días por medio del profeta José Smith tienen un solo objetivo: permitir que todos los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial obtengan cuerpos mortales y luego, mediante el don del albedrío, sigan el plan de redención que fue hecho posible gracias a la expiación del Salvador.

Dios preparó todo esto para nosotros, a fin de que podamos regresar a nuestro hogar celestial, revestidos de inmortalidad y vida eterna, para vivir con El como familias. Una familia puede vivir con El sólo después que marido y mujer se sellen por las eternidades, por el poder del santo sacerdocio.

Reconocemos que muchos miembros de la Iglesia desean esta gran bendición pero ven pocas posibilidades de que se cumpla en esta vida. No obstante, la promesa de la exaltación continua siendo una meta que cada uno de nosotros podemos lograr. Los profetas han declarado que, sin lugar a dudas, a los hijos e hijas de Dios no se les negara ninguna bendición si lo aman, tienen fe en El, guardan Sus mandamientos y perseveran fielmente hasta el fin.

La mayor parte de lo que el hombre y la mujer deben hacer para alcanzar una vida familiar exaltada se basa en responsabilidades y metas mutuas. Muchos de los requisitos son exactamente los mismos para los hombres que para las mujeres; por ejemplo, la obediencia a las leyes de Dios debe ser la misma para ambos, tanto ellos como ellas deben orar de la misma manera; ambos tienen el mismo privilegio de recibir respuestas a sus oraciones y obtener así revelación personal para su propio desarrollo espiritual.

  • Tanto hombres como mujeres deben servir a sus familias y a sus semejantes, pero las maneras especificas de hacerlo son a veces diferentes.
  • Por ejemplo, Dios ha revelado por medio de Sus profetas, que los hombres deben recibir el sacerdocio, ser padres y, con mansedumbre y amor sinceros, guiar a sus familias con rectitud como el Salvador guía a la Iglesia (véase Efesios 5:23).

A ellos se les ha dado la responsabilidad principal de satisfacer las necesidades temporales y físicas de la familia (véase D. y C.83:2). Las mujeres tienen el poder de traer hijos al mundo y se les ha dado el deber primordial y la oportunidad, como madres, de guiarlos, nutrirlos y enseñarles en un ambiente espiritual y lleno de amor.

En esta relación santa, los cónyuges se apoyan mutuamente en las funciones que les encargó Dios. Al asignar responsabilidades diferentes al hombre y a la mujer, nuestro Padre Celestial nos ha dado mas oportunidades para crecer, servir y pr_resar. El no dio diferentes tareas a hombres y mujeres simplemente para perpetuar la idea de una familia; mas bien, lo hizo para asegurar que la familia continuara para siempre, que es la meta suprema del plan eterno de nuestro Padre Celestial.

En todo esto es necesario que reconozcamos que la realidad a veces es otra, y que debemos guiarnos por el sentido común y la revelación personal. Algunos no se casaran en esta vida; algunos matrimonios fracasaran; otros no tendrán hijos; algunos hijos decidirán no hacer caso a los consejos mas tiernos y devotos de padres que los quieren.

  • En algunos casos, la salud y la fe podrán flaquear; algunas mujeres que preferirían quedarse en casa tal vez tengan que trabajar.
  • No juzguemos a otros, ya que no sabemos su situación ni tampoco sabemos lo que el sentido común y la revelación personal les ha indicado hacer.
  • Lo que si sabemos es que en esta vida, el hombre y la mujer se enfrentaran a problemas y pruebas cuanto tratan de llevar a cabo el plan que Dios tiene para ellos.

Debemos recordar que las pruebas y las tentaciones son una parte importante de nuestra vida. No debemos criticar a los demás por la manera en que elijan ejercer su albedrío moral cuando hacen frente a la adversidad t) a los sufrimientos. En estos últimos días, vemos a un numero cada vez mayor de personas que instan a otros a sentir y a manifestar desacuerdo cuando tienen problemas.

Quieren hacernos creer que la Iglesia y sus lideres son injustos con las mujeres, o que a estas se les niega la oportunidad de desarrollar su pleno potencial dentro del marco del evangelio. Hermanas, sabemos que la Iglesia esta compuesta de seres humanos, que los líderes del sacerdocio son imperfectos y que algunos no siempre llevan a cabo su deber con la debida sensibilidad.

Sin embargo, deseo que comprendan esta simple verdad: el evangelio de Jesucristo provee la única vía por medio de la cual mujeres y hombres pueden lograr su pleno potencial como hijos de Dios. Sólo el evangelio puede librarnos de los terribles efectos del pecado.

  1. Solo si seguimos el plan que Dios trazo para nosotros, con fe y determinación para al final llegar a vivir como familias eternas, podremos hacernos acreedores de la vida eterna en Su presencia.
  2. Lo bueno es que la Iglesia y la familia no restringen nuestro progreso, sino que lo aceleran al plantar nuestros pies firmemente en el sendero del evangelio que nos conduce de nuevo a la presencia de Dios.

Cada uno de nosotros tenemos el privilegio de buscar detenidamente por medio de la oración, la voluntad del Señor con respecto a nuestros retos y dilemas individuales. La revelación personal es, en efecto, personal; no se basa en el sexo ni en la posición, sino en la dignidad.

  • Se recibe como respuesta a una sincera petición.
  • No obstante, la revelación para la Iglesia en general la reciben únicamente los profetas, videntes y reveladores del Señor.
  • En estos tiempos de confusión, el mantener nuestros pies en el sendero del evangelio puede ser difícil.
  • Escuchamos muchas voces persuasivas que nos incitan a volverle la espalda a las verdades reveladas y a abrazar las filosofías del mundo.

Les ofrezco tres sugerencias sencillas que nos ayudaran a todos a mantener clara y sin obstáculos nuestra perspectiva eterna. Primero, concéntrense en lo básico. Con la abundante riqueza y sustancia que existen en las verdades simples del evangelio, no necesitamos perder tiempo en pobres especulaciones teológicas.

  1. Enséñense unas a otras en la Sociedad de Socorro y en sus visitas de maestras visitantes las doctrinas puras que se encuentran en las Escrituras y en los cursos de estudio aprobados; el Espíritu guiara y confirmara su enseñanza.
  2. Enseñen a sus hijos en cuanto a la fe, el arrepentimiento, el bautismo y los otros principios básicos del evangelio restaurado.

Hagan convenios con Dios y reciban todas las ordenanzas del sacerdocio. Estudien y mediten sobre las Escrituras, especialmente el Libro de Mormón, individualmente y como familia. En un mundo lleno de conflictos y confusión, encontrarán paz y seguridad en la palabra revelada de Dios.

Segundo, mantengan un equilibrio. Una franca y sincera conversación doctrinal es importante para obtener un conocimiento del evangelio, pero recuerden que la mayoría de las cosas han sido establecidas por Dios y simplemente no están sujetas a los cambios. Las doctrinas y los principios de la Iglesia se establecieron únicamente por revelación, y no por legislación.

Este es el plan de Dios; no tenemos la prerrogativa de alterarlo o modificarlo. La tarea que tenemos es la de integrar los principios del evangelio en nuestras vidas a fin de que estas obtengan un equilibrio. Cuando esto suceda, y antes de que nos denlos cuenta, nuestras vidas se llenaran de conocimiento espiritual que nos confirmara que nuestro Padre Celestial nos ama y que Su plan es justo y verdadero, y que debemos esforzarnos por comprenderlo y tener gozo en vivirlo.

  • Tercero, comuníquense unas a otras con amor, porque “la caridad nunca deja de ser” ( Moroni 7:46 ).
  • Muchas hermanas, incluso algunas r de las que se hayan aquí presentes, pueden estar sufriendo por una razón u otra.
  • Ayuden a las que sufren, escuchen sus preocupaciones, sean dignas de su confianza y siempre guarden sus confidencias.

Alivien sus cargas; enséñenles, tanto por el precepto como por el ejemplo, acerca del plan de nuestro Padre Celestial para Sus hijos; ayúdenles a comprender el cometido inalterable de nuestro Padre en cuanto al principio del albedrío moral; enséñenles acerca de la parte esencial que juega la adversidad en nuestra vida eterna.

Tómenlas de la mano y ayúdenlas a arrepentirse, a perdonar, a tener fe, a perseverar o a hacer lo que sea necesario. Nunca olviden que el Señor puede obrar un milagro en la vida de ellas por medio de ustedes. Hermanas, ustedes pertenecen a la Sociedad de Socorro, la cual esta organizada bajo la dirección del sacerdocio en todo barrio y rama.

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Las integrantes de la presidencia de su Sociedad de Socorro son mujeres sensatas e inspiradas que han sido llamadas por revelación y apartadas por aquellos que poseen la autoridad de administrar las ordenanzas del evangelio. En dos ocasiones he sido obispo y quiero que sepan que ustedes son parte de una organización que es vital en sus barrios y que la contribución individual que ustedes hacen es de gran valor en la obra del Señor.

  1. Que Dios las bendiga, mis queridas hermanas, en sus vidas personales, en sus hogares y sus Familias, así como en sus llamamientos eclesiásticos.
  2. Que les bendiga por su servicio dedicado.
  3. Que puedan sentir la seguridad reconfortante de que nuestro Padre Celestial las ama a cada una de ustedes, Sus hijas, y que la vía que El ha señalado para ustedes es la que lleva hacia una equidad y libertad perfectas en esta vida y en la eternidad.

De esto les testifico, y ruego humildemente que las bendiciones del Señor las acompañen, en el nombre de Jesucristo. Amén.

¿Quién habla de la equidad?

La equidad como propósito o valor se encuentra detrás de una gran cantidad de intervenciones gubernamentales y se invoca frecuentemente en las políticas públicas. Como principio general, apoyado muchas veces en un argumento normativo, el tema de la equidad ha sido de interés para un gran número de investigadores de áreas muy diversas, como la filosofía, la economía, la filosofía política, la administración pública, el derecho y la ética.

  1. Cada una de estas disciplinas converge regularmente en el interés por definir en términos normativos, y a veces operativos, qué es equidad y qué procesos seguir para alcanzarla en diferentes contextos y situaciones.
  2. Las definiciones normativas sobre el concepto de equidad son muchas y la controversia, así como el debate al respecto, son muy amplios.

Cuando se habla de políticas públicas en un contexto democrático, en particular, hacer operativo este concepto tendría que asumirse como un paso crucial. Es claro que la manera como se define normativamente un concepto o un valor afectará la forma en que se instrumentaliza una intervención gubernamental o social sobre una realidad para intentar cambiarla.

Sin embargo, paradójicamente, es difícil encontrar casos en que las políticas públicas en busca de equidad hagan enteramente explícitos los criterios operativos y de resultados que pretenden alcanzar en términos de equidad. En parte, esto puede deberse a la propia dificultad para encontrar un acuerdo.

Por ejemplo, en muchos casos la equidad está íntimamente relacionada con otro concepto ideológicamente fundamental, la igualdad. Sin embargo, en la práctica, si bien entrelazados, estos conceptos pueden llegar a asumirse por diversos actores sociales y políticos de maneras sumamente diferentes.

  • Igualdad como producto de un proceso equitativo es diferente a equidad como un fin, por ejemplo.
  • Por otro lado, igualdad puede llevar a inequidades (tratar a todos por igual, siendo que las personas tienen dotaciones de recursos naturales o biológicos diferentes), así como las inequidades pueden generar mayor igualdad (cobrar más impuestos a los que tienen mayor ingreso, con el fin de redistribuir servicios o recursos de igual manera sin importar el nivel de ingreso de las personas).

Tal vez sea por estas dificultades conceptuales y normativas que el análisis de política pública no ha tenido un lugar preponderante en las discusiones sobre equidad, pues su tendencia más instrumentalista tiende a asumir una definición determinada de este concepto, con el fin de construir una vía de intervención relativamente uniforme.

Es decir, la disciplina de las políticas públicas discute poco normativamente en este sentido, pues más bien asume o subsume esa discusión dentro de una posición más instrumental. Sin embargo, esta disciplina no puede sino aceptar la importancia de la operativización del concepto de equidad, dado el impacto que esto tendrá para el diseño, la implementación y la evaluación de programas y acciones concretas al respecto.

Este artículo pugna por una visión de política pública del concepto de equidad, entendido más bien como equidades ( Rae, 1979 ). En este sentido, más que intentar resolver el debate (cuestión probablemente imposible), se urge a los analistas y diseñadores de política pública a hacer explícitos los conceptos y sus operativizaciones, cuando se trata de políticas públicas que pretenden generar equidad.

Toda política pública en una democracia requiere transparencia de los conceptos y operadores, pero en el caso de la equidad, tan propensa a ser usada retóricamente, ello es imprescindible y urgente. El concepto de equidad es en realidad mejor comprendido, para operativizarlo, si se habla de equidades ( Rae, 1979, 1981 ).

Diferentes tipos de equidades existen en la acción y en sus efectos, al grado de que es posible generar acciones que fortalecen un tipo de equidad, mientras afectan negativamente otro tipo. Es por este efecto cruzado de los diferentes conceptos de equidad que en una política pública hacer explícita esta tensión o contradicción se hace indispensable.

En nuestra perspectiva, el enfoque de Douglas Rae es sumamente útil para operativizar políticas públicas de equidad, pues da la pauta para localizar las contradicciones lógicas que se generan al buscar accionar y tener efectos en situaciones de redistribución complejas. Las equidades, como concepto, no resuelven las tensiones entre los diferentes tipos de metas por alcanzar en una política, sino que hacen a dichas políticas más transparentes, al inducirlas a clarificar lo que intentan en concreto y a aceptar que alcanzar un tipo de equidad puede afectar negativamente a otro tipo.

El presente artículo tiene como objetivo mostrar empíricamente, a través de la aplicación de un modelo de análisis de la equidad, la variedad de tipos de equidad que se puede observar en la política pública. Asimismo, busca discutir algunas de las implicaciones de política pública identificadas a partir de la aplicación del modelo propuesto.

Para la construcción del modelo se recurrió primero a la revisión de literatura relevante sobre el tema de equidad. La primera sección de este documento rescata los aspectos que se utilizaron de la literatura para constituir el modelo. En primera instancia, entre la literatura revisada, se establece el concepto de equidades que se utilizó como base para la realización del presente estudio empírico.

Enseguida se distingue entre los debates normativos y los instrumentales sobre el tema de equidad, para mostrar que existen dos niveles de análisis de dicho concepto. Esta sección se centra en describir las aportaciones de autores que pertenecen a la discusión instrumental, puesto que éstas son la base para construir el modelo de análisis (principalmente las aportaciones de Rae).

  • La segunda sección se dedica, por una parte, a describir el modelo de análisis de equidad que se elaboró y, por otra, a presentar los resultados de la aplicación de dicho modelo a un caso particular.
  • El modelo ordena de manera lógica los distintos niveles de conceptualización del término equidad.
  • Una vez identificados estos niveles, se construye una tipología de equidad, basada en la realizada por Rae et al.

(1981). Luego de la explicación del modelo se presenta el estudio empírico realizado mediante su aplicación. Este modelo fue utilizado para analizar la equidad en la política social mexicana. Se eligió una muestra (no representativa en términos estadísticos) de programas sociales federales dedicados a promover la equidad en México.

  1. Cada uno de estos programas fue analizado a la luz de la tipología presentada en el modelo.
  2. Del análisis de los programas se derivaron cuatro conclusiones: 1) que existe una variedad de criterios y tipos de equidad presentes en la política social mexicana; 2) que la coherencia interna a la luz de los criterios de equidad es imprescindible para que una política pública que pretenda promover la equidad pueda aspirar a ser exitosa; 3) que la coherencia entre políticas públicas es muy difícil de alcanzar, dadas las contradicciones naturales encontradas en los criterios de equidad, y 4) que el primer paso al diseñar políticas públicas de redistribución debería ser elegir explícitamente un criterio de equidad y hacerse cargo de sus efectos diferenciados de acuerdo con los diferentes tipos de equidad que afecta.

Un concepto difícil de operativizar: equidad, igualdad, justicia En la discusión normativa sobre justicia distributiva se encuentran desde autores clásicos de la filosofía como Aristóteles, hasta clásicos contemporáneos como Robert Nozick (1974), John Rawls (1992) y Amartya Sen (1999), entre muchos otros.

Una de las preocupaciones de estos autores y de las corrientes filosóficas que cada uno representa ha sido definir “lo que es justo”. El vínculo entre justicia y equidad en la literatura surge de manera natural debido a que uno de los grandes y más antiguos exponentes del tema, Aristóteles, utiliza el vocablo griego isos (que significa, al mismo tiempo, equitativo e igual) para definir justicia.

Partiendo de este término, Aristóteles define que una acción es justa, es equitativa, si se otorga a cada quien lo que le corresponde. Así, equidad implica tratar igual a los iguales y diferente a los desiguales en la proporción de esa desigualdad ( Aristóteles, 1973 ).

  • Entre los criterios más utilizados en la literatura para constituir las distintas nociones de justicia distributiva encontramos la necesidad, el mérito, la eficiencia, la equidad y la igualdad ( Rubinstein, 1988 ; Scott et al., 2001 ).
  • Equidad e igualdad aparecen constantemente en esta literatura muchas veces, incluso confundiéndose.

vale la pena, en este sentido, detenerse a analizar estos dos términos para definir el tratamiento que se les dará en este artículo. este ejercicio es importante, en primer lugar, porque aunque en la literatura en general aparecen como principios íntimamente relacionados pero diferentes, su distinción no es clara.

en segundo lugar, porque la equidad es uno de los grandes objetivos de la intervención del gobierno en forma de política pública, que al estar altamente cargado de valor se ha mantenido en el debate retórico, dejando a un lado la labor de construir un concepto claro y operacionalizable. Respecto de la equidad, ésta ha sido definida en muchos casos en un contexto de relación o de intercambio.

De acuerdo con Karen S. Cook y Karen Hegtvedt, por ejemplo, la equidad se define como la equivalencia de la razón “insumo/resultado” para todas las partes involucradas en un intercambio dado (1983: 218). Una relación equitativa, según David Rubinstein, existe cuando todos los participantes reciben resultados relativamente iguales de la relación (1988: 528).

  1. Otra buena parte de los autores definen la equidad vinculándola directamente con el principio de igualdad: individuos que son iguales en todos los aspectos relevantes deben ser tratados igual ( Duclos, 2006: 8 ).H.
  2. George Frederickson y Edmund C.
  3. Stazyk sugieren que la equidad incluye cualquier tratamiento conceptual y filosófico de tres valores: la justicia, la imparcialidad y la igualdad (2014: 11).

Por su parte, Peyton Young plantea que, a nivel micro, el concepto de equidad está constituido por tres principios fundamentales: paridad, proporcionalidad y prioridad. Los demandantes son tratados igual debido a que efectivamente son iguales o a que no hay forma de distinguir entre ellos.

El principio de proporcionalidad reconoce diferencias entre demandantes y, por lo tanto, obliga a que el bien se divida en proporción a esas desigualdades. Finalmente, de acuerdo con el principio de prioridad, la persona con la mayor demanda obtiene el bien (1995: 8). Queda claro que a partir de esta simple relación conceptual los efectos reales en términos redistributivos pueden ser sumamente diferentes según el principio que se defienda.

Una definición formal de igualdad la plantea como una relación triádica en la que dos cosas, A y B, son iguales con respecto a una propiedad P. En el caso de la noción de justicia de Aristóteles, la relación es cuadrática, es decir, si A y B son iguales con respecto a P, entonces ellos merecen la misma cantidad del bien D ( Pojman, 1995: 1 ).

Por su parte, Carl Knight (2009: 329-334) afirma que existen tres condiciones para determinar que un tratamiento es igualitario en términos sustantivos: 1) tratar a los casos iguales de la misma manera; 2) igualdad del bien X para todos; 3) igualdad en una dimensión valiosa. Por otro lado, Jan Narveson y James P.

Sterda (2010) sugieren que el concepto de igualdad se basa en dos elementos esenciales: comparabilidad y conmensurabilidad. En primera instancia, la idea de igualdad es intrínsecamente relacional y comparativa. Ser igual implica tener lo mismo que otra persona.

  1. El segundo punto fundamental es la conmensurabilidad del concepto.
  2. Esto es, la noción de igualdad se presenta cuando la diferencia se puede medir, es decir, es de cierto grado con respecto a algo ( Narveson y Sterda, 2010: 138 ).
  3. Con base en la definición de Young, la presente investigación estudiará la equidad desde su acepción vinculada con el principio de paridad/igualdad.

Esto es, como ejercicio analítico, se aislará la noción de equidad ligada a la igualdad para estudiar únicamente las teorías de justicia y debates normativos que entienden la equidad como la búsqueda de igualdad en aspectos relevantes. De esta forma, la revisión de literatura se restringirá a los debates normativos sobre el tipo de igualdad en una sociedad equitativa.

  1. En esta misma lógica, el concepto de equidad que se privilegiará en este estudio sostiene que las distribuciones equitativas son aquellas que asignan cargas y premios igualitariamente ( Young, 1995: 20 ).
  2. Para los fines de esta investigación, los términos igualdad y equidad se utilizarán indistintamente, siguiendo la lógica de la teoría compuesta de equidad social ( Frederickson y Stazyk, 2014: 13 ).

Debates normativos e instrumentales sobre equidad Mientras no exista desacuerdo sobre el vínculo entre igualdad y equidad planteado por Aristóteles, es posible encontrar una gran cantidad de debates normativos sobre la definición del tipo de igualdad deseable en una sociedad justa.

  • Las preguntas en las que se centran dichos debates son: ¿igualdad para quién? y ¿de qué? ( Gosepath, 2011 ).
  • Los libertarios resuelven estas cuestiones argumentando que todos los individuos poseen por igual ciertos derechos relacionados con la propiedad privada y su consecuente protección.
  • Por lo tanto, una sociedad equitativa debe promover igualdad en la posesión de ciertos derechos individuales ( Vallentyne, 2012 ).

Por su parte, John Rawls, bajo el principio de justice as fairness, pugna que el tipo de igualdad que debe conseguirse es en la distribución de una serie de bienes primarios y que la desigualdad sólo puede percibirse justa en el caso de que beneficie a los menos aventajados (1992: 95-118).

Se podría sugerir que la corriente liberal opta por una especie de igualdad de oportunidades ( Schaar, 1967 ; Roemer, 1985, 1996 ; Risse, 2002 ), si se considera a los bienes primarios como los recursos necesarios para que las personas puedan participar, competir u obtener otros bienes a partir de éstos.

Finalmente, según el enfoque de capacidades instituido por Amartya Sen (1980), una sociedad justa es aquella que permite que todos sus ciudadanos tengan igual capacidad de ejercer su libertad. Así, el tipo de igualdad por el que pugna Sen es la de capacidades básicas, es decir, que todo individuo tenga la misma posibilidad de elegir el tipo de vida que considera valiosa ( Sen, 1999: 74-86 ).

Como su nombre lo indica, los libertarios establecen la libertad como el valor fundamental en una sociedad. Según ellos, cualquier medida de equidad debe designarse en función del respeto y, más aún, del aumento de este valor. Por tal motivo, favorecen únicamente la igualdad ante la ley y pugnan por una mínima intervención del Estado.

Algunas otras perspectivas, como los liberales y los socialistas, si bien no pretenden que todos los individuos deban ser exactamente iguales, sí claman por una mayor intervención del Estado que permita resolver las desigualdades inherentes al sistema capitalista o a las sociedades complejas.

Es decir, estas doctrinas sugieren que la igualdad de oportunidades no es suficiente. Por ejemplo, Sen considera que la igualdad ante la ley no es suficiente para asegurar que todos tengan la misma libertad de elegir el tipo de vida que valoran ( Nayal, 1991: 585 ). Por lo tanto, se requiere que el Estado intervenga en varios aspectos de la vida privada para instrumentar mecanismos que permitan establecer igualdad de capacidades, aunque eso implique desigualdades en otros aspectos.

Desde una perspectiva más instrumental, Rae (1981) discute la complejidad del concepto de equidad. Según este autor, en búsqueda de la equidad el “Estado al tratar de neutralizar los efectos de la naturaleza y la cultura porque los individuos por naturaleza y por la forma en la que la sociedad los moldea no son iguales” ( Rae, 1979: 39 ).

Por tal motivo, en la práctica se requiere más bien hablar de equidades, Debido a que la equidad es un concepto relacional, siempre habrá personas desiguales e iguales a otros individuos en muy diversas dimensiones. Si en la acción dentro de una sociedad concreta no existe equidad sino equidades, es necesario construir sobre éstas, y las probables contradicciones que se encuentren entre ellas, una tipología ( Rae, 1981: 4-5 ).

Entonces, para construir el concepto de equidades, Rae (1981) identifica cinco características de las sociedades complejas, a partir de las cuales se forma una estructura gramatical de igualdad que da cuenta de las formas en las que se construyen los diversos juicios de similitud o diferencia.

  • Estas cinco características son la base de los distintos criterios de equidad que el autor constituye, los cuales a su vez conforman diversos tipos de ésta ( Rae, 1981: 6 ).
  • La primera característica es que en las sociedades complejas existen divisiones por distintos motivos.
  • Esto nos lleva a identificar el primer criterio de equidad: el sujeto.

La segunda característica se refiere a la existencia de varias soluciones a un mismo problema de asignación, determinadas por arreglos previos. Este rasgo determina el dominio de la equidad, o bien, la clase de cosas que deben ser asignadas igualitariamente ( Rae, 1981: 13 ; Cuadro 1 ). Fuente: Elaboración propia con base en la clasificación realizada por Douglas Rae (1981), Cuadro 1 Características de sociedades complejas En tercer lugar, en las sociedades complejas encontramos bienes que no pueden ser divididos sin perder su valor; por lo tanto, deben establecerse reglas más sofisticadas para decidir cómo los bienes indivisibles deberán ser asignados.

  • La cuarta propiedad identificada por Rae son las diferencias humanas, las cuales afectan los juicios de valor.
  • De ahí que el cuarto tipo de equidad esté relacionado con el valor que se le asigna al bien que será objeto de equidad: diferentes personas le asignan al mismo objeto un valor diferente en distintos momentos.

Finalmente, en las sociedades complejas las modalidades de pensamiento son diversas. Esto ocasiona que la realidad no sea dicotómica sino con matices y que importen las diferencias y las igualdades relativas definidas por las personas, las instituciones y las costumbres ( Rae: 1981: 15-17 ).

  • Como se mencionó previamente, las características de las sociedades complejas identificadas por Rae lo llevan a determinar distintos tipos de equidad.
  • El primero responde a la pregunta ¿equidad para quién? De acuerdo con el sujeto de la equidad, se pueden construir dos clases de ésta: sobre sujetos particulares y sobre bloques de sujetos.

La primera clase puede dividirse al mismo tiempo en dos subtipos, sujetos simples y sujetos segmentarios. Así, un primer criterio de equidad sugiere que cada uno de los individuos es igual al resto; por ejemplo, todos los seres humanos son iguales entre sí.

  • En cambio, cuando se habla de equidad entre sujetos segmentarios se privilegia la igualdad dentro de una subclase; por ejemplo, el grupo de las mujeres.
  • En este caso, no es relevante que las mujeres sean tratadas igual que los hombres, sino que dentro del grupo de las mujeres cada persona sea tratada de la misma forma.

Por su parte, la equidad sobre bloques de sujetos busca, por el contrario, que sujetos de distintas clases sean tratados de la misma forma. Lo que se requiere entonces es que mujeres y hombres sean tratados como iguales. El segundo criterio de equidad se refiere al dominio.

En este caso, el primer tipo de equidad es la directa, en la cual el “dominio de asignación” 1 cubre completamente el “dominio de cuenta”.2 La segunda clase de equidad es la marginal, en la que se iguala el dominio de asignación pero se deja el dominio de cuentas desigualmente dividido, pues no se considera relevante el residuo entre los dos dominios.

Finalmente, la equidad global promueve la igualación del dominio de cuenta en su totalidad, probablemente a través de una división desigual del dominio de asignación. En términos prácticos, la equidad directa implicaría, por ejemplo, que si el dominio de asignación contiene $10.00, los cuales son demandados por dos niños, entonces cada niño tendría que recibir $5.00, es decir, igual cantidad de este dominio. Fuente: Elaboración propia con base en la clasificación realizada por Douglas Rae (1981). Cuadro 2 Criterios de equidad El tercer criterio de equidad está relacionado con el hecho de que existen muchos bienes que no pueden ser divididos sin que pierdan su valor; por lo tanto, las sociedades complejas deben divisar reglas más sofisticadas para decidir cómo asignar los bienes indivisibles ( Rae, 1981: 65 ).

Al tratarse de bienes indivisibles, la clase de equidad deseada no puede ser la de resultados. Así, el tipo de equidad derivado de este criterio es el de oportunidades, a partir de la cual Rae diferencia dos subcategorías: oportunidades en medios y oportunidades en posibilidades. La primera dota de iguales medios o instrumentos a los individuos para alcanzar un bien determinado, mientras que la segunda iguala la probabilidad de obtener un bien.

Vale la pena recordar en este punto que la mayoría de las corrientes bienestaristas, como el utilitarismo, pugnan por la igualdad de recursos. No obstante, de acuerdo con John E. Roemer (1996: 122), existen recursos, como el talento, que no pueden ser transferibles de una persona a otra; por lo tanto, se debe encontrar un mecanismo que asigne los bienes transferibles de tal forma que se compense apropiadamente por el paquete de bienes intransferibles que cada individuo posee.

  1. En este sentido, el tipo de equidad que propone Rae busca incorporar la característica de algunos bienes reconocida por Roemer, a lo que se agrega además una diferencia en términos de los dos posibles resultados que se derivan de un mismo criterio.
  2. La cuarta propiedad de las sociedades complejas es que los seres humanos son, de hecho, diferentes entre sí y, por lo tanto, tienen diferentes gustos y prioridades.

En este sentido, Rae identifica un criterio de equidad asociado con el valor que cada sujeto otorga al bien distribuido o con el valor intrínseco de éste. De acuerdo con este criterio, se derivan dos clases de equidad: en materia de la persona y en materia de la porción.

En el primer caso, la igualdad se da en lo que un individuo valora más; por lo tanto, una distribución equitativa puede significar que cada persona obtenga distintos bienes en diferentes cantidades, mientras todos adquieran la misma cantidad en términos del valor que asocian al bien. En el segundo caso, la equidad se da en términos de la porción, es decir, cada ración otorgada debe ser exactamente igual para todos, independientemente del valor que cada individuo dé a la misma.

Por lo tanto, pueden existir personas que valoren más esa misma porción y otras que la valoren menos ( Rae, 1981: 82-88 ). El quinto rasgo en las sociedades, a partir del cual se construye un último criterio de equidad, es que la realidad y las ideas no son dicotómicas, sino más bien complejas y con matices.

  1. Lo anterior influye en la estructura de la igualdad, constituyendo dos tipos de equidad: la absoluta y la relativa.
  2. En la primera, cada par de individuos o bloques que deben ser iguales lo son en su totalidad, mientras que en la segunda una asignación puede ser más igual que otra en alcance o intensidad.

Respecto del alcance de la equidad relativa, la medida para definirla que se usa con mayor frecuencia es simplemente “mientras más iguales, más equidad” ( Rae, 1981: 107 ). En relación con la intensidad de la equidad relativa entre dos individuos, Rae (1981: 110-112) presenta algunas reglas que se usan generalmente para determinar qué resultado de igualdad es más igualitario: maximin, 3 criterio de razón, 4 menor diferencia 5 y minimax.6 A partir de esta variada clasificación, el autor explica que en contextos específicos algunos tipos de equidad pueden confluir, mientras que en circunstancias distintas pueden divergir por completo ( Rae, 1981: 134-138 ).

Por ejemplo, la equidad de oportunidades en medios generalmente descarta la equidad de oportunidades en posibilidades debido a que, como se explicó previamente, las lógicas de ambas se contraponen: la primera busca generar desigualdad en las probabilidades de éxito, al proveer iguales medios cuando existen talentos disimilares; en cambio, la segunda, en pos de igualar posibilidades, otorga medios diferentes en respuesta a características distintas.

No obstante, en contextos donde las personas presentan similitudes en talentos y recursos, estos dos tipos de equidades pueden encontrar respuesta en un mismo programa de acción, es decir, pueden converger. Desde Rae, algunos autores se han incorporado al análisis más instrumental de la multidimensionalidad del concepto de equidad.

  1. No obstante, la mayor parte de ellos dan razón sobre la complejidad del término ( Arneson, 1990 ), aun sin distinguir que cuando se habla de equidad, en realidad se está hablando de equidades,
  2. John Baker, por ejemplo, reconoce la complejidad del término, pero sigue considerando a la equidad como una única cosa que alberga distintos principios ( Baker, 1987: 5 ).
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Por su parte, Jon Elster (1992) y Deborah Stone (2012) retoman tangencialmente la discusión de los tipos de equidad y establecen su propia categorización. Dado que el propósito de estos dos autores no es construir una tipología de equidad, sino solamente utilizarla para fines específicos, dicha tipología no es (porque no pretende serlo) exhaustiva.

  • La discusión del texto de Elster (1992) tiene como propósito identificar qué mecanismos se utilizan sistemáticamente para asignar determinados bienes: los considerados como escasos, indivisibles y homogéneos.
  • Así pues, dado el objeto de estudio de su investigación, Elster distingue entre principios y procedimientos.

Los primeros se refieren a cualquier concepción general sobre la forma en que un bien escaso debe ser asignado, mientras que los segundos son la versión operacional de los principios. En esta lógica, el autor identifica distintos principios 7 de asignación de bienes, entre los cuales se ubican los igualitarios.

En ese espacio el autor deja ver sus nociones de equidad, 8 sin problematizar la tipología (1992: 65-70). Si bien la discusión de Elster sobre tipos de equidad es ciertamente tangencial, la gran aportación de su obra es el análisis sobre los mecanismos para operar algunos principios de equidad ( Elster, 1992: 103-106 ).

Este autor no ahonda en el análisis sobre la pertinencia de los mecanismos que explica para cada principio o criterio de equidad, más bien se aboca a estudiar las consecuencias de la aplicación de éstos. En cambio, la obra de Peyton Young (1995) brinda un excelente análisis sobre las características que hacen adecuado a un determinado mecanismo para cierto principio de equidad.

Young analiza un cierto número de mecanismos 9 para establecer cuál cumple con varios principios 10 que aseguran que la asignación sea equitativa. El autor concluye que no existe ninguna regla de asignación que cumpla con los principios antes mencionados ( Young, 1995 ). Por su parte, Deborah Stone aborda el tema de equidades en su obra seminal Policy Paradox : The Art of Political Decision Making,

De acuerdo con la autora (2012: 20), uno de los propósitos de la política pública es la equidad. Concuerda con Rae en que el concepto de equidad entendido como “tratar igual a los iguales” trae consigo discrepancias permanentes, pues si bien la mayoría está de acuerdo con la idea de que una distribución justa (equidad) implica uniformidad (igualdad), la primera paradoja de los problemas distributivos es justamente que la “igualdad comúnmente significa desigualdad, y el tratamiento igual usualmente significa tratamiento desigual” ( Stone, 2012: 41 ).

  • Toda distribución tiene tres dimensiones importantes: el destinatario -quien obtiene algo-; el artículo -lo que es distribuido-, y el proceso -cómo se lleva a cabo la distribución ( Stone, 2012: 42 ).
  • Cada una de estas dimensiones representa un reto de política pública, ya que implica priorizar un criterio de equidad, generalmente, a costa de otro.

A partir de la revisión de literatura sobre equidad, se puede observar que las doctrinas normativas se preocupan principalmente por definir el tipo de igualdad que es deseable en una sociedad justa. No obstante, en el análisis de políticas públicas se da por sentado que en una democracia plural existirán muchos valores irreductibles.

  1. Al no existir un monopolio sobre la verdad, todos los valores formarán parte de una arena política constantemente en conflicto donde diversos actores buscarán imponer (legítimamente) o consensuar un cierto arreglo de dichos valores ( Lowi, 1964 ).
  2. De esta manera, asumimos que si bien el debate normativo es fundamental para comprender los dilemas de conceptos críticos como el de equidad, será más bien fundamental comprender desde una visión de política pública las consecuencias de una operativización determinada de dicho concepto a la hora de diseñar e implementar políticas públicas particulares.

Es decir, la disciplina de las políticas públicas requiere asumir una posición más instrumental en el análisis y puesta en marcha de principios como la equidad ( Catron, 1987 ). Esto no significa que la discusión normativa no sea fundamental para la política pública, sino más bien que es necesario hacer explícitos, lo mejor posible, los valores y sobre todo los instrumentos, mecanismos y resultados (para qué y para quién) de una selección determinada de conceptos con su propia carga normativa.

Además de esta circunstancia propiamente política de la política pública, es ineludible añadir el elemento de la acción. Es decir, una vez conceptualizados un concepto y una intención, existe un reto adicional: llevarlos a cabo. La acción no se realiza en un mundo conceptual y valorativamente ordenado (como es posible en el momento del diseño), sino todo lo contrario, en un mundo donde priman la circunstancia, la contingencia, la escasez de tiempo, de recursos y de racionalidad ( Simon, 1976 ).

En el momento de la acción, es decir, cuando se enfrentan las variaciones y la heterogeneidad de circunstancias, personas, tiempos y contextos, la política pública asume que se debe actuar afrontando con cierta lógica de razonabilidad dichas inevitables variaciones.

En otras palabras, la política pública (al menos en una democracia) es vista como un proceso político y social de discusión y acuerdo para generar una decisión y una acción justificables, dada la enorme variabilidad de valores y objetivos sociales. Es por ello que si bien la discusión normativa (en este caso del concepto de equidad) es fundamental, la política pública requiere transparentar cómo termina decidiendo y actuando entre alternativas contradictorias y efectos múltiples en esferas de la realidad diferentes.

Probablemente por esa razón, en política pública, la discusión normativa es muchas veces subsumida a la discusión instrumental, como si en esta última se terminara resolviendo la primera (cuestión claramente imposible). Un modelo de análisis de las equidades para políticas públicas En la discusión planteada en la sección previa se pueden identificar dos niveles de análisis en el tema de equidad.

  • El primero es el normativo, en el que los esfuerzos se han enfocado tanto en esclarecer el concepto de equidad como en determinar cuál es el tipo de igualdad que se considera justa en una sociedad.
  • En este nivel de análisis, la equidad se observa como un principio general o un derecho fundamental y, como tal, puede ser el fin último de casi cualquier política pública.

En esta lógica, es sencillo construir discursos políticos alrededor de la equidad pero es sumamente complicado alcanzar un consenso sobre lo que se debe considerar equitativo, específicamente, sobre el elemento igualador en una sociedad. El segundo nivel de análisis se refiere al campo de la acción o metis.11 En este nivel, la equidad se analiza a la luz de un criterio específico que debe evaluarse en un contexto determinado.

Es decir, se discute el concepto de equidad desde una perspectiva instrumental. No es preciso definir un único tipo de equidad ideal, pues en el campo procedural existen criterios en competencia que responden a un contexto específico y que son puestos en marcha a través de instrumentos limitados. El segundo nivel de análisis requiere entonces un esfuerzo por estudiar el concepto de equidad desde una lógica operativa.

Esto implica reconocer que cuando este concepto se incrusta en el campo de la acción, su complejidad se hace exponencial, pues la entrada procedural afecta la sustancia del concepto. Como se mencionó antes, el presente estudio se centra en el segundo nivel de análisis de la equidad, el instrumental.

  1. En este nivel no sólo se advierte la complejidad de dicho término, sino la variedad de criterios que existen a partir de los que pueden definirse distintos tipos de equidad que pueden promoverse a través de mecanismos específicos.
  2. A partir de la revisión de la literatura que se ha dedicado a analizar el concepto de equidad, se construyó un modelo que articula de forma lógica y ordenada los distintos niveles en los que se han construido las conceptualizaciones alrededor de la equidad.

De esta forma, el modelo identifica los parámetros que se utilizan para elaborar las definiciones normativas, así como los usados para producir las empíricas. La elaboración de este modelo se basa, principalmente, en la clasificación de equidades de Rae (1981).

No obstante, se fortalece mediante las aportaciones de Young (1995), Elster (1992) y Stone (2012) a la discusión. En el modelo, presentado en el Cuadro 3, se establece que existen cuatro niveles de conceptualización del término equidad. Estos niveles tienen una lógica descendente, es decir, los primeros son más generales e integran nociones más amplias, mientras que los últimos son más particulares y ciertamente más acotados.

En el primer nivel las nociones de equidad se construyen con base en los principios que ésta resguarda. En este modelo se reconoce, tal como Young (1995) lo sugiere, que el concepto de equidad está constituido fundamentalmente por tres principios: paridad, proporcionalidad y prioridad. Fuente: Elaboración propia con base en Rae (1981), Elster (1992), Young (1995), Stone (2012). Cuadro 3 Modelo de análisis de la equidad Los siguientes tres niveles -criterios, tipos y mecanismos- del modelo corresponden a las definiciones empíricas del concepto de equidad.

  1. El nivel criterios da cuenta de las dimensiones, como las llama Stone (2012), que se toman en consideración al definir una distribución equitativa.
  2. En palabras de Rae (1981), los criterios de equidad responden a las características inherentes de las sociedades complejas.
  3. Estas características derivan en diferencias estructurales que ocasionan distintos patrones de respuesta ante situaciones que requieren una distribución equitativa.

De esta forma, las diferencias estructurales llevan a diferentes equidades ( Rae, 1981: 17 ). Con base en la clasificación de equidad instituida por Rae (1981) y las dimensiones de equidad estipuladas por Stone (2012), el modelo aquí presentado identifica cuatro criterios de equidad: sujeto, artículo, proceso y estructura.

  • Desde nuestra perspectiva, éstos representan las pautas que sigue cualquier entidad que se encuentre en posición de asignar equitativamente premios o castigos para desarrollar su definición operativa de distribución equitativa.
  • El primero, sujeto, responde a la pregunta ¿equidad para quién? El criterio artículo se deriva de la pregunta ¿qué se distribuye equitativamente?, mientras que el proceso se refiere a la forma en la que se logra la equidad.

Finalmente, el referente a la estructura alude a la medida (grado o intensidad) en la que la equidad se alcanza. Como se puede ver en el cuadro 3, el criterio artículo (instituido por Stone) engloba dos de los establecidos por Rae (dominio y valor). Dado que estos dos últimos se refieren a lo que el gobierno es capaz de asignar a través de sus intervenciones, el presente modelo los toma como una sola entidad, el criterio artículo,

  1. Como también se puede observar en el cuadro 3, cada criterio origina distintos tipos de equidad.
  2. El tercer nivel del modelo identifica 12 tipos de equidad.
  3. Un tipo de equidad es una forma particular de delimitar el concepto de equidad para hacerlo operable respondiendo a un criterio específico.
  4. Dicha categorización fue ampliamente explicada en la primera sección de este artículo y, por lo tanto, no se ahonda más en ella en este apartado.

El último nivel del modelo está conformado por los distintos mecanismos a través de los cuales se puede asignar cualquier tipo de equidad que responda al principio de paridad. Es importante recalcar que el modelo asume que cualquiera de los tipos de equidad planteados en él puede ser aplicado, indistintamente, por uno u otro mecanismo.

A partir de la diferencia que hace Elster (1992) entre principios y procedimientos, y del estudio de Young (1995) sobre los distintos medios que existen para implementar lo que él llama equidad a nivel micro, este modelo presenta al mecanismo como el nivel más operativo para la aplicación de la equidad como concepto.

Esto es, una vez elegido un criterio y, posteriormente, un tipo de equidad, un tomador de decisiones también debe seleccionar el instrumento a través del cual distribuirá el bien o la carga equitativamente. Una aplicación empírica del modelo de análisis de las equidades: la equidad en la política social en México Típicamente, uno de los medios de intervención del gobierno para promover una sociedad equitativa es la política social.

En el sentido más amplio, ésta tiene como objetivo tratar toda clase de riesgos sociales; no obstante, su alcance e instrumentos varían entre países y regiones. Por ejemplo, la tendencia de gran parte de los gobiernos en América Latina, región que se caracteriza por altos niveles de desigualdad y pobreza, es justamente centrarse en el combate de estos dos problemas.

De hecho, uno de los ejes del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2013-2018, “México Incluyente”, establece que la prioridad de la política social será “integrar una sociedad con equidad, cohesión social e igualdad de oportunidades” ( DOF, 2013b: 53 ).

La estrategia que plantea el PND para lograr dicho fin es centrarse en cinco objetivos relacionados con el aseguramiento del ejercicio de los derechos sociales, el tránsito a una sociedad equitativa e incluyente, el acceso a los servicios de salud y de seguridad social, y el desarrollo de una vida digna.

Cada uno de los objetivos del eje “México Incluyente” se ve materializado en una serie de programas sociales, los cuales establecen instrumentos específicos para contribuir al fin último de dicho eje. Siguiendo la lógica de la discusión sobre criterios de equidad, es natural esperar que los programas sociales que se implementan para alcanzar los objetivos del segundo eje del PND adopten explícita o implícitamente uno o más criterios de equidad y, por lo tanto, implementen alguno de los tipos de equidad presentados en el modelo.

  1. Para verificar dicha afirmación, se aplicó el modelo de análisis de la equidad a una muestra de programas sociales.
  2. El objetivo de la aplicación del modelo es exploratorio, es decir, a partir de este ejercicio se espera únicamente identificar el comportamiento de los programas sociales en relación con el modelo antes presentado.

Por tal motivo, la metodología utilizada para elegir nuestra muestra, así como el análisis correspondiente, no pretende arrojar resultados significativos en términos estadísticos. Es preciso aclarar que para el ejercicio empírico sólo se aplicaron dos de los niveles identificados en el modelo, el de criterios y el de tipos de equidad.

Se eligieron programas sociales federales que cumplieran con tres condiciones: 1) que contaran con reglas de operación; 2) que estuvieran directamente vinculados con el eje “México Incluyente” del PND 2013-2018, y 3) que representaran por lo menos 1% del presupuesto total de los programas sociales federales vinculados con dicho eje.

Para identificar los tipos de equidad a los que responde cada programa se utilizó únicamente la información provista por éste, a través de sus reglas de operación. Con este propósito en mente se revisó y analizó el contenido de cuatro aspectos de las reglas de operación: la justificación del programa, el objetivo, los criterios de selección y los tipos de apoyo.

  • El primer resultado que se deriva de la aplicación del modelo es la variabilidad de los tipos de equidad entre los programas que constituyen la política social mexicana.
  • Como se puede observar en el Cuadro 4, se identificó más de un tipo de equidad en 11 de los 12 programas sociales enumerados.
  • Esto significa que un mismo programa implementa mecanismos para promover varios criterios y/o tipos de equidad a la vez.

Por ejemplo, en casi la mitad de los casos una misma intervención se enfoca en atender dos distintos tipos de equidad, dentro del criterio sujeto, Por mencionar un caso, el Programa de Desarrollo Humano Oportunidades (PDHO) incentiva la equidad entre sujetos segmentarios al realizar acciones para promover la equidad dentro de los segmentos “niños” y “jóvenes”. Fuente: Elaboración propia con base en la clasificación realizada por Douglas Rae (1981). * Programa de Desarrollo Humano Oportunidades. ** Programa de Desarrollo de Zonas Prioritarias. *** Programa de Abasto Rural a cargo de Diconsa, S.A. de C.V. *** Programa de Apoyo Alimentario. **** Programa para Mejoramiento de la Producción y Productividad Indígena. ***** Programa Empleo Temporal. Cuadro 4: Clasificación de programas sociales por tipo de equidad La variedad de tipos de equidad que se observa en esta pequeña muestra de programas sociales federales da la pauta para retomar la discusión de la existencia de equidades en una sociedad. Debido a que las estructuras sociales son complejas, el concepto de equidad debe ser complejo a su vez, para que pueda ser puesto en práctica ( Rae, 1981: 133 ). Esto significa que no hay una única estructura de equidad que sea deseable o alcanzable en una sociedad. Exactamente los mismos programas presentados en el cuadro 4 pueden optar por promover tipos de equidad totalmente distintos y aun seguir contribuyendo al fin último del eje 2 del PND: “Integrar una sociedad con equidad, cohesión social e igualdad de oportunidades” ( DOF, 2013b: 53 ). Lo único que variaría sería la estructura de equidad alcanzada, sin que ello signifique que la nueva sea mejor o peor que la actual. El segundo resultado obtenido de la aplicación del modelo es que uno de los problemas que se pueden presentar si no se realizan esfuerzos por hacer operable el concepto de equidad es la falta de coherencia interna de las políticas públicas que se evocan a la tarea de promover la equidad. Podría decirse con cierta certeza que existen pocos intentos por hacer operable el concepto de equidad en políticas públicas específicas. En la práctica, algunos programas que tienen la encomienda de promover la equidad no tienen un mecanismo definido y mucho menos lo que se requiere para alcanzar dicho fin. Veamos el caso del programa Hábitat, el cual forma parte de la estrategia nacional para evolucionar a una sociedad equitativa e incluyente. Esta política se traza como propósito la inclusión de zonas determinadas a la dinámica productiva, funcional y socio-urbana de las ciudades ( DOF, 2013a: 100 ). El programa se incorpora en el discurso político como una acción integral que promueve la equidad. No obstante, en las reglas de operación sólo se establece indirecta y vagamente el tipo de equidad en términos del sujeto que se busca suscitar, sin dejar claro cuál es el instrumento de igualdad que se utilizará ni sus alcances. Por lo tanto, aun cuando Hábitat se considera una intervención que busca detonar dinámicas de equidad, el programa no tiene claro cómo lo logrará, pues no determina los criterios de equidad, los instrumentos, los límites y los plazos que guiarán a la política. Como se puede ver en el programa Hábitat, es peligroso no tomar en cuenta la multiplicidad de equidades al diseñar políticas públicas que buscan promover la equidad, porque se corre el riesgo de estar instrumentando programas que no tienen coherencia interna, es decir, que por su diseño no son capaces de incitar el tipo de equidad prevista. De acuerdo con Guillermo Cejudo y Cynthia Michel (en prensa), existen tres niveles de análisis a partir de los cuales es posible estudiar el grado de coherencia en las políticas públicas: al interior de la política, entre políticas, y espacios de política. Para los fines del presente artículo, los dos primeros niveles revisten enorme relevancia. La coherencia al interior de la política requiere que existan un vínculo lógico y una articulación causal entre la definición del problema, los instrumentos de política y la solución definida. En un contexto de multiplicidad de tipos de equidad, no es trivial preguntarse si la intervención planteada responde al criterio de equidad que se ha decidido promover (en el supuesto de que se ha reconocido y, por tanto, elegido una equidad específica). Aun cuando todos los tipos de equidad son socialmente valiosos, cada uno tiene distintos efectos distributivos e implica diferentes instrumentos de intervención. En el tema que nos concierne, la coherencia interna en una política pública requiere, en primera instancia, una definición operativa de la equidad que se pretende promover. Esto dará la pauta para hacer explícitos el criterio y los límites de la intervención, lo cual es el primer requisito para forjar la coherencia interna de la política. El PDHO es un ejemplo interesante de la importancia de revisar la coherencia interna de una política bajo la lógica de los criterios de equidad. Oportunidades ha sido catalogado como un programa exitoso por casi todas las evaluaciones realizadas a éste ( Cruz et al., 2006 ; Behrman et al., 2009 ; Campos, 2010 ; Todd, 2004 ). En general, se ha celebrado el diseño del programa y sus efectos positivos en el logro educativo y en la situación socioeconómica de sus beneficiarios. No obstante, carece de un análisis específico de criterios de equidad, lo que se refleja en el hecho de que promueve al mismo tiempo la equidad de oportunidades en medios y la de oportunidades en posibilidades. Estos dos tipos de equidad tienen objetivos fundamentalmente distintos. Mientras la equidad de oportunidades en posibilidades establece mecanismos para que ningún rasgo de la persona afecte el resultado de la distribución de bienes o cargas, la de oportunidades en medios provee reglas y equipamiento por igual, justamente para revelar desigualdad de talentos y de prospectivas de éxito ( Rae, 1981: 66 ). Esto significa que el programa establece instrumentos para conseguir dos objetivos intrínsecamente distintos; es decir, carece de coherencia interna respecto de sus criterios de equidad, debido a que no ha hecho explícitos sus criterios o definiciones de ésta. Si bien un programa debe guardar una coherencia interna, es importante notar que éste posee una lógica restringida e instrumentos limitados para alcanzar el fin último de la equidad. En este contexto, la alternativa propuesta por Cejudo y Michel es pensar en la coherencia entre políticas; ésta implica que la consecución de los objetivos y la instrumentación de los componentes de determinada política refuerzan los de otra. No obstante, el tercer resultado adquirido del ejercicio empírico es que la coherencia entre políticas parece una labor simplemente imposible, dada la natural contradicción que encontramos en ciertos tipos de equidad. Por ejemplo, la equidad en materia de la persona se contrapone con la equidad en materia de la porción, así como la marginal y la global son opuestas. En la muestra de programas que se analizó en este estudio se pudo observar que existe una estructura de equidad que incluye criterios mutuamente excluyentes. Por ejemplo, mientras el Seguro Médico Siglo XXI promueve la equidad en materia de la persona, Pensión para Adultos Mayores impulsa la equidad en materia de la porción. Por su parte, el Programa de Desarrollo Humano Oportunidades incentiva la equidad marginal y, en cambio, el Programa de Apoyo Alimentario favorece la global. Los ejemplos brindados revelan claramente que la falta de reconocimiento de la existencia de distintas equidades lleva a diseñar e implementar programas que, aun cuando en lo particular logren su objetivo, en conjunto se obstaculizan mutuamente. La última conclusión originada del análisis empírico es que dada la variedad de criterios de equidad, las contradicciones naturales entre éstos y la importancia de la coherencia al interior de la política, el primer paso al diseñar políticas públicas para la equidad debe ser transparentar los criterios de equidad que se utilizan y las posibles contradicciones o sinergias entre ellos. Al final de cuentas, toda decisión de política pública tiene invariablemente una dimensión valorativa y política (Edward S. Ouade, en Aguilar Villanueva, 1992 ). Las políticas dirigidas a promover la equidad no son la excepción: la elección de un criterio de equidad sobre otro no es exclusivamente una decisión técnica sino valorativa también. El cuadro 4 no sólo evidencia la presencia de diferentes equidades en una sociedad, también revela la diversidad de preferencias dentro de esta última. El hecho de que algunos programas privilegien la equidad en bloques de sujetos y otros promuevan la equidad en sujetos segmentarios muestra justamente que en un contexto democrático, los distintos grupos abogarán por ciertos criterios de equidad y escogerán el más apegado a sus intereses. Las democracias pluralistas se caracterizan porque las decisiones se discuten abiertamente (Karl Popper, en Aguilar Villanueva, 1992 ), en un entorno de preferencias en fines y medios diversos. Por lo tanto, para lograr que la visión de un grupo predomine se requerirá que éste dé razones y debata con los actores que se contraponen a sus ideas (Charles E. Lindblom, en Aguilar Villanueva, 1992 ). De esta forma, en un entorno de una multiplicidad de equidades, la tarea de priorizar o elegir un determinado criterio de equidad implicará forzosamente un ejercicio de persuasión. El hecho de que la priorización de un criterio de equidad sea una cuestión relacionada con la elección de un valor implica un reto para cualquier responsable de tomar decisiones que se desenvuelva en un entorno democrático. El reto no sólo se encuentra en la necesidad de persuadir a los actores relevantes sobre el criterio elegido sino, más aún, en escogerlo con base en un valor aceptable para su comunidad. Para esta tarea, Mark H. Moore (1998) propone una estrategia sumamente útil: optar por un valor público que pueda obtener legitimidad y apoyo, y que sea una opción viable, dado el dominio en el que se tenga jurisdicción y responsabilidad. Debido a que la equidad como principio general es ampliamente aceptada, podría parecer que la elección de casi cualquier criterio de equidad adquiriría legitimidad y apoyo relativamente fácil. No obstante, a nivel operativo un criterio de equidad implica el sacrificio de otro; es decir, al conseguir un tipo de equidad se podrían estar generando inequidades de acuerdo con otro criterio. Por lo tanto, en dicho nivel la estrategia sugerida por Moore reviste enorme importancia. Reflexiones finales El interés que dio origen a este artículo fue el de entender (para posteriormente explicar) de qué manera se hace operable el concepto de equidad al diseñar políticas públicas. Como se mostró en la discusión normativa, la equidad ha sido de interés social desde mucho tiempo atrás. Ninguna corriente filosófica, ni siquiera los libertarios, niega el vínculo entre equidad y justicia. Todos los gobiernos y sociedades incorporan en sus normas e instituciones algún mecanismo que procure la equidad en alguna medida, porque es un valor deseable. Este hecho, aunado a la generalidad y la poca claridad del concepto, permite que casi cualquier intervención relacionada con la equidad sea fácilmente aceptada por la sociedad. El problema radica en que muchas políticas de esta índole esconden bajo un concepto genérico y bien aceptado diseños de política pública cuya ambigüedad hace difícil que sean evaluados. De esta forma, el objetivo del presente estudio fue aplicar un modelo (que presenta la equidad como un concepto operativo) para mostrar empíricamente la variedad de tipos de equidad o equidades que la política pública promueve. Como se discutió en la primera sección, el grado de complejidad del concepto de equidad provocó que los debates normativos se extendieran entre una amplia variedad de disciplinas, lo que enriqueció la discusión. Sin embargo, no se ha logrado distinguir claramente entre equidad e igualdad en términos teóricos, y tampoco se ha podido establecer una postura unívoca sobre el tipo y el grado de igualdad deseable en una so- ciedad. No existen muchos autores que hayan discutido desde una perspectiva instrumental el concepto de equidad. No obstante, las aportaciones de Rae (1981), Elster (1992), Young (1995) y Stone (2012) son cruciales para definir el concepto de equidad de una forma operativa. La presente investigación se basó fundamentalmente en la tipología de equidades provista por Rae para construir un modelo que ordenara de una manera lógica y descendente los diversos niveles en los que se ha conceptualizado el término equidad. Asimismo, enriqueció la perspectiva de este autor con las contribuciones de los investigadores antes mencionados. La aplicación del modelo a la política social en México trajo consigo cuatro resultados relevantes en términos de política pública: 1) que existen una variedad de criterios y tipos de equidad presentes en la política social mexicana; 2) que la coherencia interna a la luz de los criterios de equidad es imprescindible para que una política pública que pretenda promoverla pueda aspirar a ser exitosa; 3) que la coherencia entre políticas públicas es muy difícil de alcanzar dadas las contradicciones naturales encontradas en los criterios de equidad, y 4) que un paso crítico al diseñar políticas públicas redistributivas es trasparentar la decisión tomada respecto de los criterios de equidad escogidos y sus interrelaciones. Aunque no es un resultado directo de la aplicación de nuestro modelo, es importante resaltar que así como es urgente establecer criterios mínimos para el diseño de programas que tienen como propósito la igualdad, estos criterios deben ser incluidos en la evaluación de los programas. Hacer explícito por qué se eligió tal o cual intervención y, por ende, asumir las consecuencias que esto puede traer consigo, no sólo impacta el diseño de la política pública, sino también el tipo de resultados que pueden esperarse de ésta. Una vez que se reconoce que no existe un único tipo de igualdad deseable o siquiera posible, entonces se trata de criterios que están en competencia. De ahí que, así como existen evaluaciones que se encargan de evaluar la congruencia en el diseño de una política pública, es preciso que existan evaluaciones que dictaminen si la intervención planeada corresponde al tipo de equidad que se pretende promover; es decir, si la solución planteada y los instrumentos elegidos explícitamente redundarán en la consecución de tal o cual tipo de equidad y, por último, si los resultados obtenidos de la puesta en marcha de la política son congruentes con la clase de efectos que se esperaba producir. REFERENCIAS Aguilar Villanueva, Luis Felipe (1992). La hechura de las políticas. México: Porrúa. Aristóteles (1973). Ética nicomaquea. México: Porrúa. Arneson, Richard J. (1990). “Complex equality”. Public Affairs Quarterly 4 (2): 99-110. Baker, John (1987). Arguing for Equality. Nueva York: Verso. Behrman, Jere R., Susan Parker y Petra Todd (2009). “Schooling impacts of conditional cash transfers on young children: Evidence from Mexico”. 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See also:  QuiéN Es Caleb De La Biblia?

¿Cuáles son los principios de la equidad?

Equidad

La equidad es el principio ético normativo asociado a la idea de justicia; bajo este concepto se trata de cubrir las necesidades e intereses de personas que son diferentes, especialmente de aquellas que están en desventaja. E l Capítulo I, Artículo 2 de la Ley General de Igualdad entre Mujeres y Hombres (LGIMH, 2006) refiere que: “son principios rectores de la presente ley: la igualdad, la no discriminación, la equidad y todos aquellos contenidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos”. En el Capítulo I, Artículo 5, Fracción IX, de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV, 2007) se refiere a la equidad como medio para promover la igualdad entre mujeres y hombres, es decir, la atención de las necesidades concretas que tienen las mujeres en el camino hacia la igualdad y el goce pleno de los derechos universales.Cabe mencionar que, el concepto de equidad e igualdad transmiten mensajes distintos, el primero es un principio ético normativo abocado a los aspectos pendientes por satisfacer en un determinado sector de la población, mientras que el segundo es un derecho humano que corresponde a todas las personas y que no está sujeto a necesidades específicas.

: Equidad

¿Qué diferencia hay entre la igualdad y la equidad?

¿En qué consiste la equidad? – Es aquí donde entra en juego el concepto de equidad como herramienta para conseguir una igualdad efectiva, De esta manera, a diferencia de la igualdad, la equidad no consiste en tratar a las personas del mismo modo, sino en tener en cuenta las circunstancias personales y establecer acciones concretas para subsanar las desventajas para que todos puedan partir de una posición igualitaria.

Por ejemplo, si una pareja y su hijo de tres años van a un restaurante a comer, para que haya igualdad, los tres deberían sentarse en una silla para disfrutar de la comida, aunque el pequeño no llegue bien al plato. En cambio, la equidad consistiría en facilitarle un silla especial o un cojín al menor para que pueda estar a la misma altura que sus padres.

Es decir, de este modo, el dueño del local garantiza que todos sus clientes tienen acceso al mismo servicio, considerando sus circunstancias individuales. En el plano de la equidad, las mujeres también se encuentran en una situación de desventaja debido a algunas diferencias que la sociedad y la cultura han creado a lo largo de los siglos.

Por ejemplo, es lo que lleva a que, por lo general, sean las mujeres quienes renuncien a un trabajo para cuidar a los hijos, asuman más cargas familiares y tareas del hogar en detrimento de su carrera, se sientan más inseguras que los varones a la hora de presentarse para un ascenso o prefieran estudiar carreras que por tradición se han asociado al género femenino, como Educación o Enfermería, en lugar de optar por los estudios de ciencias.

Las políticas de equidad pretenden justamente frenar estas diferencias mediante un trato no idéntico a hombres y mujeres, de manera que sea posible equilibrar la balanza e impulsar la igualdad sustantiva.

¿Qué es la igualdad según Jesús?

“Al asignar responsabilidades diferentes al hombre y a la mujer, nuestro Padre Celestial nos ha dado mas oportunidades para crecer, servir y progresar.” Hermanas de la Sociedad de Socorro es un honor para mi el dirigirles la palabra. Ustedes pertenecen a la organización de mujeres mas grande y antigua del mundo, y la única organizada por un profeta de Dios.

  1. La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles les envían sus saludos.
  2. Hermanas, tanto nosotros, como sus lideres locales del sacerdocio reconocemos su gran labor y las estimamos mucho.
  3. Reconocemos y agradecemos todo lo que hacen para edificar el reino de Dios.
  4. Nos maravillamos al ver la fe y el servicio dedicado que brindan a sus familias, a la Iglesia y a sus comunidades.

Oramos por cada una de ustedes y les extendemos nuestro cariño. Mis hermanos, los élderes Charles Didier y W. Mack Lawrence, y yo somos asesores del sacerdocio de la presidencia general y a la mesa directiva de la Sociedad de Socorro. La tarea de la Sociedad de Socorro es mas difícil que nunca por motivo de la variedad de idiomas, culturas y ambientes, así como por las circunstancias que constantemente cambian en el mundo.

  • La planificación tiene que ser tanto general como particular; general como para satisfacer las diversas necesidades de mas de tres millones de mujeres que viven en mas de ciento treinta países y lugares, y particular como para satisfacer las necesidades de cada hermana.
  • La Sociedad de Socorro y el evangelio deben incluir a cada mujer.

Cada una de ustedes es bienvenida y es necesaria, ya sea que tenga dieciocho u ochenta años, sea casada o soltera; así hable inglés o portugués, viva en una isla o en las montañas, tenga hijos o simplemente ame a los niños; así tenga un titulo universitario o poca instrucción; así tenga un marido que no participe activamente en la Iglesia o uno que sea presidente de estaca; así tenga un testimonio firme del evangelio o este luchando por fortalecerse espiritualmente.

  • ¡Aquí es donde deben estar! La Iglesia necesita urgentemente sus talentos, energías y contribuciones.
  • Tal como dijo Eliza R.
  • Snow, segunda presidenta general de la Sociedad de Socorro: “No existe una hermana que se halle tan aislada o que su influencia este tan restringida que no pueda contribuir significativamente al establecimiento del reino de Dios sobre la tierra” (Womans’s Exponent, 15 de septiembre de 1893, pág.62).

Hermanas, ruego que el Espíritu del Señor me acompañe esta noche mientras enseño un principio fundamental del evangelio que, si se llegan a comprender, les fortalecerá y bendecirá en su búsqueda de la vida eterna. Nuestro Padre Celestial ama a todos Sus hijos por igual y de una manera perfecta e infinita.

El amor que siente por Sus hijas no es diferente del que siente por Sus hijos. Nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, también ama por igual a hombres y mujeres. Su sacrificio expiatorio y Su evangelio son para todos los hijos de Dios. Durante Su ministerio terrenal Jesús sirvió, sanó y enseñó a hombres y a mujeres por igual.

El evangelio de Jesucristo puede santificar a hombres y mujeres de la misma manera y por medio de los mismos principios. Por ejemplo, la fe, el arrepentimiento, el bautismo y el don del Espíritu Santo son requisitos para todos los hijos de Dios, sin importar su sexo.

  1. Lo mismo se aplica a los convenios y a las bendiciones del templo.
  2. La obra y gloria de nuestro Padre es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de Sus hijos (véase Moisés l :39).
  3. El nos ama a todos por igual, y su don mas grandioso, el don de la vida eterna, se halla al alcance de todos.
  4. Aunque el hombre y la mujer sean iguales ante Dios en cuanto a sus oportunidades eternas, tienen deberes diferentes, si bien igualmente importantes, en Su plan eterno.

Debemos comprender que Dios contempla a todos Sus hijos con infinita sabiduría y perfecta equidad. Como consecuencia, reconoce e incluso fomentar nuestras diferencias pero a la vez nos da oportunidades similares para nuestro desarrollo y progreso. Cuando vivimos con El como hijos e hijas espirituales, nuestro Padre Celestial asignó responsabilidades terrenales diferentes al hombre y a la mujer.

  1. A Sus hijos les dio el sacerdocio y las responsabilidades de la paternidad, y a Sus hijas, las responsabilidades de la maternidad, cada tarea con sus funciones correspondientes.
  2. La creación del mundo, la expiación de Jesucristo y la restauración del evangelio en los últimos días por medio del profeta José Smith tienen un solo objetivo: permitir que todos los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial obtengan cuerpos mortales y luego, mediante el don del albedrío, sigan el plan de redención que fue hecho posible gracias a la expiación del Salvador.

Dios preparó todo esto para nosotros, a fin de que podamos regresar a nuestro hogar celestial, revestidos de inmortalidad y vida eterna, para vivir con El como familias. Una familia puede vivir con El sólo después que marido y mujer se sellen por las eternidades, por el poder del santo sacerdocio.

  • Reconocemos que muchos miembros de la Iglesia desean esta gran bendición pero ven pocas posibilidades de que se cumpla en esta vida.
  • No obstante, la promesa de la exaltación continua siendo una meta que cada uno de nosotros podemos lograr.
  • Los profetas han declarado que, sin lugar a dudas, a los hijos e hijas de Dios no se les negara ninguna bendición si lo aman, tienen fe en El, guardan Sus mandamientos y perseveran fielmente hasta el fin.

La mayor parte de lo que el hombre y la mujer deben hacer para alcanzar una vida familiar exaltada se basa en responsabilidades y metas mutuas. Muchos de los requisitos son exactamente los mismos para los hombres que para las mujeres; por ejemplo, la obediencia a las leyes de Dios debe ser la misma para ambos, tanto ellos como ellas deben orar de la misma manera; ambos tienen el mismo privilegio de recibir respuestas a sus oraciones y obtener así revelación personal para su propio desarrollo espiritual.

  • Tanto hombres como mujeres deben servir a sus familias y a sus semejantes, pero las maneras especificas de hacerlo son a veces diferentes.
  • Por ejemplo, Dios ha revelado por medio de Sus profetas, que los hombres deben recibir el sacerdocio, ser padres y, con mansedumbre y amor sinceros, guiar a sus familias con rectitud como el Salvador guía a la Iglesia (véase Efesios 5:23).

A ellos se les ha dado la responsabilidad principal de satisfacer las necesidades temporales y físicas de la familia (véase D. y C.83:2). Las mujeres tienen el poder de traer hijos al mundo y se les ha dado el deber primordial y la oportunidad, como madres, de guiarlos, nutrirlos y enseñarles en un ambiente espiritual y lleno de amor.

En esta relación santa, los cónyuges se apoyan mutuamente en las funciones que les encargó Dios. Al asignar responsabilidades diferentes al hombre y a la mujer, nuestro Padre Celestial nos ha dado mas oportunidades para crecer, servir y pr_resar. El no dio diferentes tareas a hombres y mujeres simplemente para perpetuar la idea de una familia; mas bien, lo hizo para asegurar que la familia continuara para siempre, que es la meta suprema del plan eterno de nuestro Padre Celestial.

En todo esto es necesario que reconozcamos que la realidad a veces es otra, y que debemos guiarnos por el sentido común y la revelación personal. Algunos no se casaran en esta vida; algunos matrimonios fracasaran; otros no tendrán hijos; algunos hijos decidirán no hacer caso a los consejos mas tiernos y devotos de padres que los quieren.

  • En algunos casos, la salud y la fe podrán flaquear; algunas mujeres que preferirían quedarse en casa tal vez tengan que trabajar.
  • No juzguemos a otros, ya que no sabemos su situación ni tampoco sabemos lo que el sentido común y la revelación personal les ha indicado hacer.
  • Lo que si sabemos es que en esta vida, el hombre y la mujer se enfrentaran a problemas y pruebas cuanto tratan de llevar a cabo el plan que Dios tiene para ellos.

Debemos recordar que las pruebas y las tentaciones son una parte importante de nuestra vida. No debemos criticar a los demás por la manera en que elijan ejercer su albedrío moral cuando hacen frente a la adversidad t) a los sufrimientos. En estos últimos días, vemos a un numero cada vez mayor de personas que instan a otros a sentir y a manifestar desacuerdo cuando tienen problemas.

  1. Quieren hacernos creer que la Iglesia y sus lideres son injustos con las mujeres, o que a estas se les niega la oportunidad de desarrollar su pleno potencial dentro del marco del evangelio.
  2. Hermanas, sabemos que la Iglesia esta compuesta de seres humanos, que los líderes del sacerdocio son imperfectos y que algunos no siempre llevan a cabo su deber con la debida sensibilidad.

Sin embargo, deseo que comprendan esta simple verdad: el evangelio de Jesucristo provee la única vía por medio de la cual mujeres y hombres pueden lograr su pleno potencial como hijos de Dios. Sólo el evangelio puede librarnos de los terribles efectos del pecado.

Solo si seguimos el plan que Dios trazo para nosotros, con fe y determinación para al final llegar a vivir como familias eternas, podremos hacernos acreedores de la vida eterna en Su presencia. Lo bueno es que la Iglesia y la familia no restringen nuestro progreso, sino que lo aceleran al plantar nuestros pies firmemente en el sendero del evangelio que nos conduce de nuevo a la presencia de Dios.

Cada uno de nosotros tenemos el privilegio de buscar detenidamente por medio de la oración, la voluntad del Señor con respecto a nuestros retos y dilemas individuales. La revelación personal es, en efecto, personal; no se basa en el sexo ni en la posición, sino en la dignidad.

  1. Se recibe como respuesta a una sincera petición.
  2. No obstante, la revelación para la Iglesia en general la reciben únicamente los profetas, videntes y reveladores del Señor.
  3. En estos tiempos de confusión, el mantener nuestros pies en el sendero del evangelio puede ser difícil.
  4. Escuchamos muchas voces persuasivas que nos incitan a volverle la espalda a las verdades reveladas y a abrazar las filosofías del mundo.

Les ofrezco tres sugerencias sencillas que nos ayudaran a todos a mantener clara y sin obstáculos nuestra perspectiva eterna. Primero, concéntrense en lo básico. Con la abundante riqueza y sustancia que existen en las verdades simples del evangelio, no necesitamos perder tiempo en pobres especulaciones teológicas.

  • Enséñense unas a otras en la Sociedad de Socorro y en sus visitas de maestras visitantes las doctrinas puras que se encuentran en las Escrituras y en los cursos de estudio aprobados; el Espíritu guiara y confirmara su enseñanza.
  • Enseñen a sus hijos en cuanto a la fe, el arrepentimiento, el bautismo y los otros principios básicos del evangelio restaurado.

Hagan convenios con Dios y reciban todas las ordenanzas del sacerdocio. Estudien y mediten sobre las Escrituras, especialmente el Libro de Mormón, individualmente y como familia. En un mundo lleno de conflictos y confusión, encontrarán paz y seguridad en la palabra revelada de Dios.

  • Segundo, mantengan un equilibrio.
  • Una franca y sincera conversación doctrinal es importante para obtener un conocimiento del evangelio, pero recuerden que la mayoría de las cosas han sido establecidas por Dios y simplemente no están sujetas a los cambios.
  • Las doctrinas y los principios de la Iglesia se establecieron únicamente por revelación, y no por legislación.

Este es el plan de Dios; no tenemos la prerrogativa de alterarlo o modificarlo. La tarea que tenemos es la de integrar los principios del evangelio en nuestras vidas a fin de que estas obtengan un equilibrio. Cuando esto suceda, y antes de que nos denlos cuenta, nuestras vidas se llenaran de conocimiento espiritual que nos confirmara que nuestro Padre Celestial nos ama y que Su plan es justo y verdadero, y que debemos esforzarnos por comprenderlo y tener gozo en vivirlo.

  1. Tercero, comuníquense unas a otras con amor, porque “la caridad nunca deja de ser” ( Moroni 7:46 ).
  2. Muchas hermanas, incluso algunas r de las que se hayan aquí presentes, pueden estar sufriendo por una razón u otra.
  3. Ayuden a las que sufren, escuchen sus preocupaciones, sean dignas de su confianza y siempre guarden sus confidencias.

Alivien sus cargas; enséñenles, tanto por el precepto como por el ejemplo, acerca del plan de nuestro Padre Celestial para Sus hijos; ayúdenles a comprender el cometido inalterable de nuestro Padre en cuanto al principio del albedrío moral; enséñenles acerca de la parte esencial que juega la adversidad en nuestra vida eterna.

Tómenlas de la mano y ayúdenlas a arrepentirse, a perdonar, a tener fe, a perseverar o a hacer lo que sea necesario. Nunca olviden que el Señor puede obrar un milagro en la vida de ellas por medio de ustedes. Hermanas, ustedes pertenecen a la Sociedad de Socorro, la cual esta organizada bajo la dirección del sacerdocio en todo barrio y rama.

Las integrantes de la presidencia de su Sociedad de Socorro son mujeres sensatas e inspiradas que han sido llamadas por revelación y apartadas por aquellos que poseen la autoridad de administrar las ordenanzas del evangelio. En dos ocasiones he sido obispo y quiero que sepan que ustedes son parte de una organización que es vital en sus barrios y que la contribución individual que ustedes hacen es de gran valor en la obra del Señor.

  1. Que Dios las bendiga, mis queridas hermanas, en sus vidas personales, en sus hogares y sus Familias, así como en sus llamamientos eclesiásticos.
  2. Que les bendiga por su servicio dedicado.
  3. Que puedan sentir la seguridad reconfortante de que nuestro Padre Celestial las ama a cada una de ustedes, Sus hijas, y que la vía que El ha señalado para ustedes es la que lleva hacia una equidad y libertad perfectas en esta vida y en la eternidad.

De esto les testifico, y ruego humildemente que las bendiciones del Señor las acompañen, en el nombre de Jesucristo. Amén.

¿Qué es equidad y coherencia?

EQUIDAD Y COHERENCIA: Actúo coherentemente en mis acciones, siendo ecuánime e imparcial garantizando el cumplimiento de los derechos de las personas.