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De Que Estamos Hechos Segun La Biblia?

La Biblia enseña que cada ser humano es creado por amor, hecho a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26). Esta afirmación nos muestra la inmensa dignidad de cada persona humana, que « no es solamente algo, sino alguien.

¿Cuál es la naturaleza del ser humano según la Biblia?

La dualidad de la naturaleza humana Capítulo 2 La pregunta en cuestión es ésta: Entre ser indulgentes con nuestra naturaleza física y cultivar lo espiritual de nuestro yo, ¿cuál de las dos cosas nos brindaría más la vida en abundancia? ¿No es ése el verdadero problema? En un discurso que pronunció en una conferencia general de 1949, el presidente McKay hizo el siguiente relato: “Hay una vieja historia que cuenta la experiencia de un gran artista que fue contratado para pintar un mural en la catedral de un pueblo siciliano.

El tema era la vida de Cristo. Durante muchos años el artista trabajó diligentemente y, al fin, la obra estaba casi terminada, con excepción de las dos figuras más importantes: el Niño Cristo y Judas Iscariote, para los cuales buscó modelos por todos lados. ” ‘Un día, mientras recorría una parte vieja de la ciudad, vio unos niños que jugaban en la calle; entre ellos había uno de doce años cuyo rostro conmovió de corazón al pintor: era el semblante de un ángel, muy sucio tal vez, pero exactamente la cara que buscaba.

” ‘El artista llevó consigo al muchachito, que día tras día permaneció pacientemente sentado hasta que el rostro del Niño Cristo quedó terminado. ” ‘No obstante, el pintor no pudo encontrar un modelo para la figura de Judas. Temeroso de que su obra maestra quedara inconclusa, continuó su búsqueda durante varios años.

” ‘Una tarde, en una taberna, vio entrar a una figura escuálida y andrajosa que se tambaleó al atravesar la puerta y cayó al suelo, implorando un vaso de vino. El pintor lo levantó y quedó horrorizado al ver su rostro, que parecía llevar las marcas de todos los pecados del ser humano. ” ‘ “Ven conmigo”, le dijo.

“Yo te daré vino, comida y ropa”. ” ‘Por fin había encontrado el modelo para Judas. Durante muchos días y parte de muchas noches el pintor trabajó febrilmente para terminar su obra maestra. ” ‘Al avanzar la obra, hubo un cambio en el modelo: una extraña ansiedad reemplazó al letárgico estupor anterior, y sus ojos inyectados en sangre permanecían fijos con horror en la pintura que lo representaba.

Un día, dándose cuenta de la agitación que invadía a su modelo, el pintor hizo una pausa en el trabajo y le dijo: “Hijo mío, quisiera ayudarte. ¿Qué te inquieta tanto?”. ” ‘El hombre rompió en sollozos y hundió la cara en las manos; después de un momento, levantó los ojos de mirada implorante hacia el viejo pintor.

” ‘ “Entonces, ¿usted no se acuerda de mí? Hace años ¡yo fui su modelo para el Niño Cristo!”‘” Después de haberlo contado, el presidente McKay dijo: “Bueno, el relato puede ser verídico o ficción, pero la lección que enseña es la realidad de la vida.

  1. Aquel hombre disoluto había tomado una mala decisión en su adolescencia y, buscando el placer de lo carnal, se había hundido cada vez más hasta revolcarse en la inmundicia.
  2. El hombre es un ser de dualidad y su vida es un plan de Dios.
  3. Ésa es la primera realidad fundamental que se debe tener en cuenta.

El hombre tiene un cuerpo natural y un cuerpo espiritual, y las Escrituras son muy explícitas al afirmarlo: “Y los Dioses formaron al hombre del polvo de la tierra, y tomaron su espíritu (esto es, el espíritu del hombre), y lo pusieron dentro de él; y soplaron en su nariz el aliento de vida, y el hombre fue alma viviente”,

  • Por lo tanto, el cuerpo del hombre es el tabernáculo en el cual mora su espíritu.
  • Son muchas las personas, demasiadas, que tienen la tendencia a considerar que el cuerpo es el hombre, y en consecuencia dirigen sus esfuerzos a satisfacer los placeres del cuerpo, sus apetitos, sus deseos, sus pasiones.

Pocos son los que reconocen que el verdadero hombre es un espíritu inmortal, que “inteligencia, o sea, la luz de verdad”, animado como entidad individual desde antes de ser concebido, y que esa entidad espiritual con todos sus rasgos característicos continuará después que el cuerpo deje de responder a su ambiente terrenal.

  1. El Salvador dijo: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre” (Juan 16:28).
  2. Así como el Espíritu preexistente de Cristo animó un cuerpo de carne y huesos, del mismo modo sucede con el espíritu preexistente de todo ser humano nacido en este mundo.
  3. ¿Recordarán eso como la primera verdad fundamental de la vida? La pregunta en cuestión, entonces, es ésta: Entre ser indulgentes con nuestra naturaleza física y cultivar lo espiritual de nuestro yo, ¿cuál de las dos cosas nos brindaría más la vida en abundancia? ¿No es ése el verdadero problema? El complacer los apetitos y deseos del cuerpo físico satisface sólo momentáneamente y puede conducir a la desdicha, la desgracia y, posiblemente, a la degradación.

Los logros espirituales producen “un gozo del cual no hay por qué arrepentirse”.

  • En su epístola a los Gálatas, Pablo menciona específicamente “las obras de la carne” y “el fruto del Espíritu”. Fíjense en esta clasificación: las obras de la carne a las que se hace referencia son las siguientes:
  • “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
  • “idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
  • “envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
  • “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
  • “mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
  • “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
  • “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:19–25).

Hay algo más elevado que la vida animal, es decir, el reino espiritual donde está el amor, que es el atributo más divino del alma humana. También están la comprensión, la bondad y otros atributos semejantes. Hay algo dentro del que lo estimula a elevarse por encima de sí mismo, a controlar el ambiente que lo rodea, a dominar el cuerpo y todo lo físico y a vivir en un mundo más noble y hermoso.

El hombre tiene un destino mucho más grande que la mera vida animal. ¡Es la influencia del espíritu! Todo hombre, toda mujer que haya comprendido eso tiene un testimonio de la dualidad del hombre. Éste tiene un cuerpo, como todos los otros animales lo tienen; pero tiene algo que sólo proviene de su Padre Celestial, y tiene derecho a la inspiración y es susceptible a ella, es sensible a las influencias de su Padre Divino, a través del Espíritu Santo, que es el intermediario entre nosotros y Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo.

La experiencia terrenal del hombre no es más que una prueba para ver si concentra sus esfuerzos, su mente y su alma en las cosas que contribuyan a la comodidad y la satisfacción de su naturaleza física, o si dedica su vida a la adquisición de cualidades espirituales.

“Todo impulso noble, toda expresión abnegada de amor, todo sufrimiento valiente por el bien, toda entrega de sí mismo a algo más elevado, toda lealtad a un ideal, toda desinteresada devoción a un principio, toda ayuda a la humanidad, todo acto de autodominio, toda magnífica expresión de valor del alma, nunca derrotados por la simulación ni la costumbre sino practicados por el hecho de ser, de actuar y de vivir el bien por el bien mismo, todo eso constituye la espiritualidad”.

Por lo general, en todo hombre hay algo divino que lucha por perfeccionarlo y sacarlo adelante. Creemos que ese poder que lleva en su interior es el espíritu que proviene de Dios. El hombre vivió antes de venir a la tierra, y ahora está aquí para esforzarse por perfeccionar ese espíritu que lleva dentro de sí.

  1. Se nos da la opción de vivir en el mundo físico, como los animales, o de utilizar lo que la tierra nos ofrece como medio de vivir en el entorno espiritual que nos llevará de regreso a la presencia de Dios.
  2. Esto significa, específicamente:
  3. Si optaremos por el egoísmo o si nos negaremos a nosotros mismos por el bien de los demás.
  4. Si nos entregaremos a la satisfacción de los apetitos pasiones, o si cultivaremos la circunspección y el autodominio.
  5. Si optaremos por el libertinaje o por la castidad.
  6. Si fomentaremos el odio o el amor.
  7. Si practicaremos la crueldad o la bondad.
  8. Si seremos escépticos u optimistas.
  9. Si seremos traidores —desleales a los que nos aman, a nuestra patria, a la Iglesia o a Dios— o leales.
  10. Si seremos deshonestos u honrados (nuestra palabra es sagrada).
  11. Si una lengua afilada o dominada.
  12. El hecho de que una persona esté satisfecha con lo que denominamos como el mundo animal, y con lo que éste le ofrezca, dejándose llevar fácilmente por sus apetitos y pasiones, y cayendo cada vez más en el reino de la autocomplacencia; o de que, por medio del autodominio, se eleve hacia los goces intelectuales, morales y espirituales depende del tipo de decisiones que tome día tras día; no, hora tras hora.

Qué parodia de la naturaleza humana se presenta cuando una persona o un grupo de personas, a pesar de estar investidas con la conciencia de poder elevarse con dignidad a alturas imperceptibles para seres inferiores, se contentan con obedecer sus instintos animales sin hacer un esfuerzo por experimentar el gozo del bien, la pureza, el autodominio y la fe que surgen del cumplimiento de las reglas morales.

¡Qué tragedia cuando el hombre, “hecho poco menor que los ángeles” y coronado “de gloria y de honra” (Salmos 8:5), se contenta con rebajarse a un plano animal! La tierra, con toda su majestad y maravilla, no es el fin ni el objeto de la creación. ” mi gloria, dice el Señor mismo, ” llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Y el hombre, en ejercicio del divino don del libre albedrío, debe sentirse en el deber, percibir la obligación de ayudar al Creador en el cumplimiento de este propósito divino. El verdadero objeto de la vida no consiste en una mera existencia, ni en el placer ni en la fama ni en las riquezas.

El verdadero propósito de la vida es el perfeccionamiento de la humanidad por medio del esfuerzo individual y con la guía de la inspiración de Dios, La verdadera vida es una reacción a lo mejor que hay dentro de nosotros. El vivir sólo para los apetitos, el placer, el orgullo y el dinero, y no para el bien y la bondad, la pureza y el amor, la poesía, la música, las flores, las estrellas, Dios y la esperanza eterna, es privarse del verdadero gozo de vivir,

La espiritualidad, nuestra verdadera meta, es la percepción de la victoria sobre sí mismo y de la comunión con el Infinito. La espiritualidad nos impulsa a conquistar las dificultades y a adquirir cada vez más fortaleza. Una de las experiencias más sublimes de la vida es sentir que nuestras facultades se ensanchan y que la verdad nos expande el alma.

El ser verídico consigo mismo y leal a ideales elevados cultiva la espiritualidad. La verdadera prueba de cualquier religión consiste en ver qué clase de personas logra hacer. El ser “honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y hacer el bien a todos los hombres” son virtudes que contribuyen al logro más elevado del alma: “lo que convierte al hombre en rey de todo lo creado es ese don supremo que es lo divino que lleva en su interior”.

La persona que el deseo de mejorar el mundo en el que vive, de contribuir a la felicidad de su familia y de sus semejantes, y que lo hace todo para la gloria de Dios, cultivará su espiritualidad hasta el grado en que renuncie a sí misma por esos ideales.

Ciertamente, sólo hasta el punto en que logre hacerlo se levantará por encima del nivel del mundo animal. La espiritualidad y la moralidad, tal como las enseñan los Santos de los Últimos Días, están firmemente basadas en principios fundamentales, principios de los cuales el mundo jamás podrá escapar, aunque lo desee; y el primer principio fundamental es la creencia —para los Santos de los Últimos Días, el conocimiento— en la existencia de un Dios personal.

Se enseña a los niños de la Iglesia a reconocerlo, a orar a Él como una Persona que puede escuchar y oír, así como sentir, igual que un padre terrenal escucha y oye y siente, y ellos absorben de sus padres el verdadero testimonio de que ese Dios personal ha hablado en esta dispensación.

  • Todo ello tiene un aura de realidad.
  • Doy testimonio de que el canal de comunicación está abierto y que el Señor está listo para guiar a Su pueblo y lo guía.
  • ¿No vale la pena, entonces, resistir una tentación y evitar buscar oportunidades de satisfacer un apetito o la propia vanidad como algunas personas lo hacen, puesto que, cuando lo hacen, merecen la excomunión de la Iglesia, y esto tan sólo por la satisfacción de un capricho o de una pasión? Es una puerta abierta, que lleva a dos caminos: uno conduce al espíritu, al testimonio espiritual que está en armonía con el espíritu de la Creación, el Espíritu Santo.

El espíritu del Señor anima y aviva a todo espíritu, ya sea en la Iglesia o fuera de ella; por Él vivimos y nos movemos y somos; pero el testimonio del Espíritu Santo es un privilegio especial. Es como sintonizar la radio y oír una voz que está al otro extremo del mundo; los que no se encuentren en la misma onda no podrán oírla, pero ustedes la oyen, escuchan esa voz y tienen derecho a oírla y a recibir su guía, y la recibirán si hacen su parte.

  • Pero si se dejan vencer por sus propios instintos, y deseos, y pasiones, y se enorgullecen hasta el punto de empezar a pensar y a planear y a maquinar, y creen que pueden salirse con la suya sin consecuencias, la perspectiva se oscurecerá.
  • Habrán logrado su satisfacción, saciado su pasión y su apetito, pero han negado al espíritu, han cortado la comunicación entre su espíritu y el Espíritu Santo.

No puedo imaginar ningún ideal más elevado y bendito que el de vivir de tal modo en comunicación con el Espíritu que podamos tener comunión con lo Eterno. Cuando Dios se convierte en el centro de nuestro ser, nos hacemos conscientes de una nueva meta en la vida: el logro de lo espiritual.

Las posesiones materiales no son ya el objeto principal; satisfacer, nutrir y deleitar al cuerpo como lo hacen los animales ya no será el fin que se busque en la existencia terrenal. No vemos a Dios considerando lo que podemos conseguir de Él, sino más bien lo que podemos darle, Sólo entregando por completo nuestra vida interior podremos elevarnos por encima de la egoísta y sórdida fuerza de la naturaleza.

Lo que el espíritu es para el cuerpo Dios es para el espíritu; si el espíritu abandona el cuerpo, éste queda sin vida; y si eliminamos a Dios de nuestra existencia, la espiritualidad empieza a languidecer Resolvamos que, de ahora en adelante, seremos hombres y mujeres de carácter más elevado y puro, más conscientes de nuestras debilidades, más bondadosos y caritativos para con las faltas de los demás.

Resolvamos practicar más autodominio en nuestro hogar, dominar el temperamento, los sentimientos y la lengua a fin de que no se pasen de los límites de la rectitud y la pureza; y esforzarnos más por tratar de cultivar la parte espiritual de nuestro ser, y darnos cuenta de cuánto dependemos de Dios para lograr el éxito en esta vida.

La realidad de Dios el Padre, la realidad de Jesucristo, el Señor resucitado, es una verdad que debería morar en toda alma humana. Dios es el centro de la mente humana, tal como el sol es el centro de este universo, y una vez que sintamos Su Paternidad, que percibamos Su proximidad, que comprendamos la divinidad del Salvador, las verdades del Evangelio de Jesucristo seguirán tan naturalmente como el día sigue a la noche y la noche al día.

  • ¿Por qué es necesario que tengamos una naturaleza física y otra espiritual? ¿Cómo podemos emplear nuestros apetitos y pasiones para el bien o para el mal?
  • El presidente McKay enseñó que la vida es una prueba para ver a qué naturaleza obedeceremos (véanse las págs.14–16). ¿En qué forma hay conflictos entre nuestra naturaleza física y la espiritual? ¿Qué decisiones diarias podemos tomar para disfrutar de grandes dones espirituales como el amor, el gozo y la paz? (Véanse las págs.13–18.)
  • ¿Qué es “el hombre natural” (Mosíah 3:19)? ¿Por qué es enemigo de Dios? ¿Qué se debe hacer para despojarse del hombre natural? (Véanse las págs.16–18.)
  • ¿Qué influencias hacen que muchas personas se concentren en satisfacer sólo su naturaleza física? ¿Por qué resulta a veces difícil concentrarse en lo espiritual?
  • ¿Cuáles son algunas de las faltas que parecen insignificantes pero que pueden obstaculizar el desarrollo de nuestra espiritualidad? El desarrollo del autodominio, ¿de qué modo puede contribuir a un aumento de espiritualidad? (Véanse las págs.16–18.)
  • ¿Cómo influye en la espiritualidad la relación que uno tiene con Dios? (Véanse las págs.16–20.) ¿Qué puede hacer usted para lograr que Dios el Padre y Jesucristo sean el centro de su vida?

Pasajes relacionados : Job 32:8; 2 Nefi 2:27–29; Mosíah 16:1–5; Abraham 3:24–25. Notas

  1. Gospel Ideals (1953), pág.395.
  2. En “Conference Report”, abril de 1949, págs.12–13; los párrafos se han cambiado.
  3. Gospel Ideals, pág.395; véase también “La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos”, pág.624.
  4. Gospel Ideals, págs.395–396.
  5. Pathways to Happiness, comp. por Llewelyn R. McKay, 1957, pág.288.
  6. En “Conference Report”, oct. de 1928, pág.37.
  7. En “Conference Report”, abril de 1960, pág.122.
  8. En “Conference Report”, oct. de 1963, págs.89–90.
  9. En “Conference Report”, oct. de 1963, pág.7.
  10. Gospel Ideals, pág.346.
  11. En “Conference Report”, abril de 1949, pág.13.
  12. En “Conference Report”, oct. de 1963, pág.5; véase también la cita de Ezra Taft Benson en “Jesucristo: nuestro Salvador y Redentor”, Liahona, dic. de 1990, pág.8.
  13. En “Conference Report”, oct. de 1963, pág.7.
  14. En “Conference Report”, oct. de 1969, pág.8.
  15. En “Conference Report”, oct. de 1963, págs.8–9.
  16. En “Conference Report”, abril de 1958, pág.7.
  17. En “Conference Report”, abril de 1934, págs.22–23.
  18. “Discurso pronunciado por el presidente David O. McKay en la Misión Británica Norte, 1º de marzo de 1961”, Archivos del Departamento de Historia Familiar e Historia de la Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, págs.6–7.
  19. Gospel Ideals, págs.393–394.
  20. En “Conference Report”, abril de 1967, pág.134.
  21. En “Conference Report”, oct. de 1925, págs.106–107.

: La dualidad de la naturaleza humana

¿Que te hecho yo en la Biblia?

Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he molestado? Responde contra mí. Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de servidumbre te redimí ; y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María.

¿Qué dice Salmo 103 14?

14 porque él conoce nuestra condición;se acuerda de que somos a polvo.15 El hombre, como la hierba son sus días;florece como la flor del campo, 16 que pasa el viento por ella, y perece,y su lugar no la conoce más.

¿Cuál es la verdadera naturaleza del ser humano?

La naturaleza humana o humanidad es el concepto filosófico según el cual los seres humanos tienden a compartir una serie de características distintivas inherentes, que incluyen formas de pensar, sentir y actuar. Texto grande == Concepto == – a lo que es ser humano, o la esencia de la humanidad.

El término es controvertido porque se discute si existe o no tal esencia. Los argumentos sobre la naturaleza humana han sido un pilar de la filosofía durante siglos y el concepto continúa provocando un vivo debate filosófico. ​ ​ ​ El concepto también sigue desempeñando un papel en la ciencia, con neurocientíficos, psicólogos y científicos sociales que a veces afirman que sus resultados han dado una idea de la naturaleza humana.

​ ​ ​ ​ La naturaleza humana se contrasta tradicionalmente con características que varían entre los humanos, como las características asociadas con cultivos específicos. Los debates sobre la naturaleza humana están relacionados, aunque no es lo mismo, con debates sobre la importancia comparativa de los genes y el medio ambiente en el desarrollo (“naturaleza versus crianza”).

La cuestión es qué origina estas características distintivas de humanidad y cuán fija es la naturaleza humana (e.g. innato o adquirido ), lo que tiene importantes implicaciones en la ética, la política y la teleología debido a que pueden proveer normas o estándares para que los humanos juzguen cuál es la mejor forma de vivir.

Las ramas de la ciencia asociadas con el estudio de la naturaleza humana incluyen a la sociología, sociobiología y psicología, en particular, la psicología evolucionista, que estudia la selección sexual en la evolución del ser humano, y la psicología del desarrollo,

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Tradicionalmente, se dice que el concepto de la naturaleza humana como un estándar para emitir juicios comenzó en la filosofía griega, al menos en lo que respecta a las perspectivas occidentales y del Medio Oriente, ​ El enfoque teleológico de Aristóteles llegó a ser dominante en la época clásica y medieval tardía.

Según esta explicación, la naturaleza humana realmente hace que los humanos se conviertan en lo que son, por lo que existe de alguna manera independientemente de los individuos. Esto a su vez ha dado a entender que también muestra una conexión especial entre la naturaleza humana y la divinidad.

Este enfoque comprende la naturaleza humana en términos de causas finales y formales. Tales interpretaciones de la naturaleza humana ven esta naturaleza como una “idea” o “forma” de un humano. ​ Sin embargo, la existencia de esta naturaleza humana invariable y metafísica es objeto de mucho debate histórico, que continúa en los tiempos modernos.

Contra esta idea de una naturaleza humana fija, la relativa maleabilidad del hombre ha sido discutida especialmente en los últimos siglos, en primer lugar por Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau. En el Emilo, o Sobre la educación, Rousseau escribió: “No sabemos qué nos permite ser nuestra naturaleza”.

Desde principios del siglo XIX, pensadores como Hegel, Marx, Kierkegaard, Nietzsche, Sartre, los estructuralistas y los posmodernistas también han argumentado en ocasiones contra una naturaleza humana fija o innata. La teoría de la evolución de Charles Darwin cambia la naturaleza de la discusión, apoyando la proposición de que los antepasados de la humanidad no eran como la humanidad actual.

Perspectivas científicas aún más recientes, como el conductismo, el determinismo y el modelo químico dentro de la psiquiatría y la psicología modernas, afirman ser neutrales con respecto a la naturaleza humana. Como en gran parte de la ciencia moderna, tales disciplinas buscan explicar con poco o ningún recurso a la causalidad metafísica.

¿Qué he hecho yo por Cristo?

A través de Jesús, Dios Padre nos ha prometido que nunca nos abandonará si mantenemos nuestra fe y confianza en él. Derramó su Espíritu sobre la Iglesia para que penetráramos en los misterios de su bondad y de su amor por la humanidad.

¿Qué dice Proverbios 27 12?

12 El prudente ve el mal y se esconde,pero los incautos pasan y reciben el daño.

¿Qué dice la Biblia de los tatuajes y los piercing?

En Levítico 19:28, se dice de manera explícita: ‘No se hagan heridas en el cuerpo por causa de los muertos, ni tatuajes en la piel. Yo soy el Señor’.

¿Qué parte de la Biblia habla de los tatuajes?

El carnaval brasileño ha revelado, con la exposición gozosa y sensual de la desnudez, que el país ha sido contagiado por la fiebre de los tatuajes, los cuales estos dias han aparecido aún más a la luz del sol. Lo que pocos tatuados conocen es que esa práctica tenía un origen sagrado, para conseguir un contacto con los dioses.

El homo sapiens, desde que empezó a enterrar sus muertos, está fascinado por el misterio del más allá. De ahí la costumbre de enterrar a los fallecidos con joyas y comida. El primer tatuaje en la piel que se conoce data de hace unos 5.000 años, cuando fue descubierto, en la frontera entre Italia y Austria, un pastor congelado que tenía unas marcas en la rodilla y en la espalda.

Hoy, las iglesias consideran los tatuajes como algo mundano que estaría prohibido en la Biblia. Sin embargo, un texto del libro del Apocalipsis podría indicar que hasta Jesús llevaba un tatuaje en su muslo. El gusto por los tatuajes ha empezado a preocupar en Brasil a las Iglesias evangélicas ya que en el texto en la Biblia de Levítico, 19, 28 se lee textualmente: “No haréis ningún rasguño en vuestro cuerpo por un muerto, ni en tu cuerpo imprimas ninguna marca”, lo que equivaldría a prohibir los tatuajes.

  1. Sin embargo, ese texto lo que indica es que el pueblo de Israel, el primero en practicar una religión monoteísta, consideraba los tatuajes como una práctica de los paganos filisteos que los creyentes en el Dios único no debían imitar.
  2. Los creyentes mejor conocedores de la Biblia han encontrado, sin embargo, un texto en el Libro del Apocalipsis, el capítulo 19, versículo 16, según el cual Jesús tendría un tatuaje en su pierna.

El texto, según traducción del original de la Biblia de Jerusalén, habla del caballero del Apocalipsis, el Cristo, que “lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de los Señores”. De ser cierto, los creyentes se sentirían libres para usar tatuajes en su piel si el mismo Cristo lo usaba.

Varios teólogos evangelicos, expertos en estudios bíblicos, como Armando Taranto Neto y Carlos Augusto Vailatti, han salido al paso para explicar que puede tratarse de una traducción errónea del texto original griego que debería rezar así: “En el manto, es decir, sobre su nalga, tiene escrito el nombre”.

En ese caso el tatuaje estaría en el manto, a la altura de la pierna, y no en la piel de Jesús. Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites. Suscríbete Para defender esta traducción del texto original griego, algunos pastores evangélicos han desempolvado la edición crítica en cuatro volúmenes del exegeta inglés Henry Alford, la cual data de mediados del siglo XIX y que defiende que el segundo kai en el texto del Apocalipsis, que en griego significa “y”, sería un kai “exegético”, que podría significar también, “es decir”.

El tatuaje no estaría en el manto “y” en el muslo de Cristo, sino “en el manto, es decir, a la altura del muslo”. Otros recuerdan que el libro del Apocalipsis es una obra simbólica y no histórica y por tanto ese texto hay que leerlo en sentido figurado y no real, como el que su mirada “era de fuego”.

Algunos pastores evangélicos están buscando un punto intermedio. Se esfuerzan para no prohibirle los tatuajes a sus fieles como supuestamente pide la Biblia, porque equivaldría a perder muchos devotos: la fiebre de los tatuajes, sobre todo en los jóvenes, parece imparable.

Así, en vez de prohibir los tatuajes están alertando a sus fieles a que, en vez de usar motivos mundanos o eróticos, prefieran temas evangélicos, como el de “Jesús salva” o “Dios me lo dio”, frases que vemos también escritas en coches y camiones. Muchos pastores ignoran el origen sagrado de los tatuajes en la piel.

Por ejemplo, en el antiguo Egipto, hace tres mil años, el tatuaje, que se hacía con agujas de oro, estaba permitido sólo a las sacerdotisas que en algunas momias aparecen tatuadas con temas relacionados con la diosa de la fertilidad. En la famosa momia de la sacerdotisa Amunet, hallada en Tebas, se puede observar un tatuaje en la zona pélvica baja.

  1. De tener orígenes en lo sagrado, los tatuajes fueron perdiendo, a través de las culturas, esa caraterística para adquirir otros significados.
  2. Entre los romanos se usaban también para indicar una jerarquía.
  3. Se tatuaba a los esclavos para demostrar su pertenencia a su dueño.
  4. Este aspecto negativo se recuperó en los tiempos modernos, durante el nazismo, cuando a los condenados a los campos de concentración se les marcaba en el brazo.

En Occidente, durante la Edad Media, los tatuajes fueron prohibidos y castigados por la Iglesia Católica que los permitía sólo a los soldados de las Cruzadas como método para reconocerles si morían en el campo de batalla. Hoy, tanto los católicos como los evangélicos empiezan a ser menos exigentes en la prohibición de los tatuajes, aunque ambas iglesias no quieren ni oir hablar del texto del Apocalipsis que dejaría entender que también Jesús estaba tatuado.

¿Qué dice Salmos 119 103?

Salmos 119:103-105 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira. Lámpara es a mis pies tu palabra, | Biblia Reina Valera 1960 (RVR1960) | Descargue La Biblia App ahora YouVersion utiliza cookies para personalizar su experiencia.

¿Qué dice el Salmo 119 Capítulo 105?

105 a Lámpara es a mis pies tu b palabra,y c luz a mi camino.106 Juré y ratifiquéque guardaré tus justos juicios.107 Afligido estoy en gran manera;vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.

¿Qué es lo que nos hace humanos?

NO HAY DOS CEREBROS IDÉNTICOS – Hasta ahora he discutido cómo la biología ha caracterizado al ser humano como Homo sapiens, una de tantas especies animales, pero ¿qué es ser humano? Es decir, ¿qué características de nuestra especie nos identifican como parte de este grupo? Se puede responder esta pregunta descartando aquellas cosas que podríamos perder de nuestro cuerpo y todavía ser identificados como tales.

Más bien, la distinción tiene que ver con nuestras conductas y, en especial, por aquellas que forman parte de nuestra avanzada cognición. Aquí es donde el cerebro humano juega su rol crucial y la corteza cerebral parece ser esencial en constituir la mayoría de los comportamientos que nos hacen humanos.

La neurociencia ha demostrado que los humanos somos diferentes a otros animales. Tenemos lenguaje, sistemas de memoria avanzada, imaginación, habilidades creativas, inteligencia, conciencia o la habilidad de evaluar acciones futuras y cultura. Cada uno de estos aspectos no son exclusivamente humanos, ya que se han mostrado en algún grado en otros animales, pero en ninguno de ellos con este nivel de desarrollo, ni combinados todos en una sola especie.

Estas habilidades requieren un largo proceso de aprendizaje de parte del cerebro. En humanos, este transcurso demora más de 25 años. Este desarrollo de lenta modificación de los circuitos de la corteza está detrás de nuestra construcción mental como humanos. Nuestra personalidad, nuestras creencias religiosas o políticas, nuestras convicciones morales o nuestra concepción de justicia son la consecuencia de la actividad de miles de millones de neuronas en nuestro cerebro.

Pero también son producto del aprendizaje y de la cultura. Lo que nuestro cerebro aprende depende de los tiempos que nos han tocado vivir. Un humano de la Edad Media usaba su gran capacidad cerebral para lidiar con la compleja existencia de un agricultor de entonces.

Un humano que nació en 1950 se vio enfrentado a desafíos de aprendizaje diferentes a los de quienes nacieron el año 2000 pero, en cada caso, usaron el mismo cerebro para aprender las competencias necesarias para operar en el mundo que les tocó. Además, adoptaron las características propias de cada cultura, al aprender las concepciones colectivas del mundo.

Es importante destacar que en cada individuo el cerebro es diferente. En parte, la combinación genética de una persona es particular y también porque desde el nacimiento el cerebro va modificando las conexiones entre las neuronas, lo que depende en gran parte de la experiencia que le toca vivir. ¿Es factible “mejorar” al ser humano con nuevas capacidades? Claro que sí. Desde que el ser humano inventó las herramientas pudimos mejorar las destrezas físicas. Una palanca o una polea levanta y mueve cargas muchísimas veces más pesadas de lo que podría una persona a través de sus propios músculos.

Pero, ¿qué hay del propio cuerpo? La ciencia lo ha intervenido con avances para aumentar nuestra capacidad inmune o mejorar a través de la nutrición. Al mismo tiempo, en los últimos años han aparecido dos aspectos importantes de mejora del ser humano que podrían tener un impacto nunca antes visto en la historia de la humanidad.

Por un lado, existen técnicas de biología molecular que permiten modificar los genes con que nacimos. Inicialmente, esta tecnología se ha diseñado para alterar aquellas características genéticas que producen enfermedades. Sin embargo, reconociendo que muchas de nuestras características físicas se manifiestan a través de los genes, podríamos modificarlos para aumentar algunas de nuestras capacidades físicas o mentales.

  1. Teóricamente se puede considerar que eventualmente se identificarán y modificarán componentes genéticos que permitan elevar nuestra inteligencia.
  2. De hecho, hay estudios recientes que muestran que en primates no humanos esto ya es posible.
  3. Una segunda área de mejoras se puede producir conectando nuestro cerebro a máquinas externas como computadores o incluso máquinas mecánicas, a través de la conexión directa entre ambos.

Esta área de la neurociencia conocida como la interfaz cerebro-máquina (BMI) se inició hace como dos décadas con la motivación de devolver el movimiento a personas que estaban tetrapléjicas o que han perdido extremidades. En estas personas, el cerebro mantiene la capacidad para generar comandos de movimiento y esta tecnología les permite restaurar algún grado de movimiento.

Sin embargo, hoy en día el mundo de la BMI se está extendiendo muchísimo más allá de la medicina. En principio, el cerebro podría conectarse eléctricamente no solo a una máquina mecánica, sino también a componentes computacionales, como nuestro teléfono o computador. Este avance podría permitir el aumento de algunas capacidades mentales, particularmente la memoria, el acceso inmediato a información o el aumento en nuestras características sensoriales si nuestro cerebro recibiese señales eléctricas de sensores que hoy no tenemos, como de energía infrarroja, magnética o de otra naturaleza.

Cabe destacar la relevancia de la discusión acerca de los aspectos éticos que se relacionan con estas innovaciones. Estos van desde la equidad del acceso y del mejoramiento de las personas como seres humanos hasta la reflexión sobre la identidad y privacidad de nuestra mente.

¿Cuál es la naturaleza humana de Jesús?

Otras posturas y controversias cristológicas – Otras posturas aceptan la idea de Jesús como hombre, por ejemplo la postura nestoriana establece que lo divino y lo humano compartían el mismo cuerpo pero retenían dos separadas personalidades. La postura adopcionista establece que Jesús nació como hombre, pero se convirtió en hijo de Dios por adopción al ser bautizado en el río Jordán.

  • La postura del psilantropismo establece que Jesús es literalmente “solamente humano” y en ninguna forma divino.
  • Existe también la postura Judío-Mesiánica de que Yeshuwah y YHWH son la misma entidad, y Roah haQodesh y ‘Elohiym son partes separadas de Dios.
  • YHWH aparece en el TaNaKh, mientras que Yeshuwah es la forma encarnada de YHWH en Briyth Chadasha.

En esta postura, Yeshuwah nace completamente humano y se vuelve completamente Dios en su bautismo por Roah haQodesh (simbolizando nuestra inclusión en la familia de Dios en nuestro propio bautismo con Roah haQodesh). La mayoría de los que encarnacionistas citan el texto bíblico de Filipenses 2:6 y afirman que ” Jesús existía en la forma de Dios antes de venir a la Tierra ( Filipenses 2:6), lo que no implica que era igual a Él”.

Sin embargo, una lectura objetiva de ese texto deja en claro que el texto no menciona jamás que los acontecimientos que narra sucedieran antes del nacimiento de Jesús y es poco probable que los cristianos de origen judío a quienes fue dirigida la carta entendieran que el texto aludía a alguna forma de existencia previa.

Dado que el texto no menciona lugar (el cielo según los encarnacionistas) o momento (antes de nacer según los encarnacionistas) dependemos del contexto para establecer estas dos realidades objetivas. El texto refiere a “Jesucristo”. La mención de “Jesucristo” remite inmediatamente al lector Filipense al ser humano llamado Jesús y considerado Cristo (Mesías) por sus seguidores.

  • ‘Este Jesús tenía forma de Dios ante los hombres tal como la propia Biblia hebrea dice que Moisés tenía forma de Dios ante Faraón.
  • Éxodo 7:1,2)’ Pese a tal autoridad, Jesús se humilla como un esclavo tal como dice el texto “en su condición de hombre” y no en una condición previa a ser hombre.
  • El hecho de que la palabra griega original “morphos” alude a autoridad, rango o categoría y no a naturaleza queda claro en el propio texto donde es empleada para referirse a “forma de esclavo” siendo que el ser esclavo no implica una naturaleza sino una categoría o rango.

Este empleo de la palabra “morphos” era habitual en el griego koineé en el cual fue escrito el Nuevo Testamento. En la teología neo testamentaría, Jesús era el equivalente a Adán, Los judíos aguardaban el nacimiento en la tierra de un Mesías, profeta o líder humano enviado por Dios o nacido mediante intervención milagrosa de Dios y no el descenso de una criatura celestial pre existente.

  • Los primeros cristianos identifican a ese Mesías con Jesús de Nazaret, del cual se dice que era equivalente a Adán, el primer ser humano según la Biblia,
  • Jesús era completamente humano de acuerdo a las escrituras, y según sus seguidores no tenía la mancha del pecado heredado de Adán, por lo que no tenía ninguna tendencia propia de sí mismo al pecado, sino que tenía que ser impulsado por una fuerza externa para inducirle a pecar ( Satanás el Diablo ).

El relato de las tentaciones de Jesús que aparece en el capítulo 4 de Mateo y en el capítulo 4 de Lucas indican que fue el Diablo quien intentó hacer que Jesús pecara, y no una tendencia al mal existente dentro de él; esto es lo mismo que experimentaron Adán y Eva, solo que en el caso de estos dos últimos, Satanás tuvo éxito al inducirlos a pecar contra Dios.

Como consecuencia la muerte de Jesús, al no ser consecuencia del pecado (pues Jesús nunca pecó, según Hebreos 4:15) y por lo tanto ser totalmente inmerecida (pues son los pecadores los que merecen morir, según Romanos 6:23), adquiere un valor redentor (como el de un sacrificio, según 1 Juan 2:1, 2), pues “paga” a Dios el precio del pecado heredado de Adán, y posibilita a los seguidores de Jesucristo tener la esperanza segura de que Dios los liberará de la esclavitud al pecado y a la muerte, en virtud del valor del sacrificio de Jesús.

A esto se le conoce como “rescate” o “salvación”. Una vez resucitado Jesús, su cuerpo desaparece de la tumba y pese a que los primeros discípulos al verlo creen que Jesús resucitó como un espíritu, Jesús los corrige y les dice explícitamente : “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39) Luego de su resurrección, Dios lo ensalza a un puesto superior al que tenía durante su ministerio en la tierra.

( Juan 17:5, Filipenses 2:8-10). Este ensalzamiento pone a Jesús por encima de cualquier otro ser, excepto a su Padre ( 1 Corintios 15:27, 28). (Juan 17: 1. Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; Juan 17:5.

Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. Juan 17:10. y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Juan 17:11. Y ya no estoy en el mundo; mas estos están en el mundo, y yo voy a ti.

Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Juan 17:21. para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. Juan 17:22. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.) Los católicos y calvinistas siguen las enseñanzas de San Agustín de Hipona sobre el pecado original en cuanto a que el ser humano no solamente hereda la tendencia a pecar, sino la culpa del pecado también.

Comúnmente citan a Pablo: “Y así el pecado entró al mundo a través de un hombre y la muerte por el pecado, y así la muerte se les legó a todos los hombres, porque todos los hombres pecaron” (Rm 5,12). Sin embargo, esto no resuelve la cuestión sobre Jesucristo.

  • Si todos nacimos con la culpa del pecado, Cristo también nacería pecador.
  • Para resolver esto, se reconoció el dogma católico sobre la Inmaculada Concepción de María.
  • Este dogma no debe confundirse con el del nacimiento virginal de Cristo, que es comúnmente denominado la Inmaculada Concepción,
  • De acuerdo al dogma, María, la madre de Jesús, fue preservada por Dios del pecado original en virtud de los méritos de Cristo, naciendo así sin pecado.

Así se dice que María nunca pecó en su vida. El resultado es que cuando Jesús nació, no heredó la naturaleza pecadora de la humanidad. Nació con la naturaleza de Adán antes de la caída, no luego de la misma como el resto de nosotros. El problema se encontraría en que negaría la misma naturaleza luego de la caída en la que los demás vivimos.

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Parece también inconsistente con otras citas de Pablo: – “Ya que Dios ha hecho lo que la ley, debilitada por la carne, no pudo hacer: enviando a su único Hijo en la semejanza de la carne pecadora, condenó al pecado en la carne, para que el justo requerimiento de la ley se cumpliera en nosotros, que caminamos no de acuerdo a la carne sino de acuerdo al Espíritu” (Rm 8,3-4) – “Ya que los hijos tienen carne y sangre, él también compartió en su humanidad para que con su muerte pudiera destruir a aquel que mantiene el poder de la muerte—es decir, el diablo— y liberar a aquellos cuyas vidas estaban esclavizadas por su miedo a la muerte.

Pues ciertamente no es a los ángeles a los que ayuda, sino a los descendientes de Abraham. Por esta razón tenía que ser hecho como sus hermanos en todos los sentidos, para que pudiera hacerse misericordioso y el fiel alto sacerdote al servicio de Dios, y que pudiera interceder por los pecados de la gente.

Pues él mismo sufrió cuando fue tentado, y es capaz de ayudar a aquellos que han sido tentados” (Hb 2,14-18) En armonía con lo mencionado en los tres anteriores párrafos, la Biblia sostiene claramente que la concepción de Jesús en el viente de María no se debió a relaciones sexuales ( Lucas 1:34), sino al poder del Espíritu Santo de Dios ( Lucas 1:35).

De seguro para Dios no es nada difícil encargarse de que María, aun siendo imperfecta, concibiera a un hombre perfecto. Es por esa razón que tuvo que ser una virgen ( Lucas 1:27), para que después no se adujese que Jesús era hijo de un padre humano, y por lo tanto imperfecto también.

  • Asimismo, lo que hizo Dios no creó a un nuevo ser, sino que formó a un ser humano en el vientre de María tal como lo describe el ángel Gabriel en el evangelio de Lucas.
  • Ese ser, luego de nacer (y no antes) sería llamado por esta razón “Hijo de Dios” dado que no tendría padre humano.
  • Es muy concluyente que según las escrituras el ángel Gabriel le diga a María que Jesús “Será grande y será llamado Hijo del Altísimo” y no que “Es grande y es llamado hijo del altísimo”.

Esto coincide con la teología, el credo y la esperanza judía de aquel entonces: el Mesías sería un ser humano nacido milagrosamente y no un ser celestial encarnado en un cuerpo humano un concepto proveniente del pensamiento griego posterior. De seguro María no creía que ella misma estaba libre de la mancha del pecado original, puesto que ella y José cumplieron con un requisito de la Ley establecido en Levítico 12:1-8, que dice claramente el procedimiento para purificarse del pecado cuando nacía un bebé (cosa que sería innecesario hacer si ella tuviera la misma pureza que tenía Eva antes de pecar, pues a esta última más bien se le había bendecido y se le había ordenado que llenara la Tierra con Adán su esposo, según dice Génesis 1:28, lo que implicaría tener muchos hijos).

Este simple hecho registrado en la Biblia pone en seria duda la validez de la doctrina de la “Inmaculada Concepción” de acuerdo con algunos, pero otros arguyen que igual que hizo Jesucristo al bautizarse, siguiendo la Tradición, María acudió a purificarse como signo de obediencia y respeto a la Ley vigente en ese momento, como una judía más que era.

Otras iglesias, como la Iglesia Ortodoxa o Protestantes como los Adventistas del Séptimo Día dicen que los católicos y calvinistas fallan en entender la verdadera naturaleza del pecado original. Dicen que hay una gran diferencia entre la tendencia al pecado (es decir la tentación) y el actual acto de pecar.

  1. La ortodoxia oriental y los adventistas argumentan que Pablo dice que Cristo, como cualquier otro ser humano, heredó la misma debilidad del cuerpo humano como el resto de la humanidad.
  2. Ni Cristo ni ningún otro ser humano heredaría en sí la culpa del pecado.
  3. Lo que Cristo heredaría sería la tendencia al pecado.

Las tentaciones de Cristo serían el testimonio de esto. Sintió la misma clase de hambre, la misma debilidad. – “Por esta razón tuvo que ser hecho como sus hermanos en todo aspecto, de forma que pudiera ser misericordioso y fiel alto sacerdote al servicio de Dios, y que pudiera interceder por los pecados de las personas” (Hb 2,17).

Un ortodoxo oriental y un adventista podrían argumentar que entender la naturaleza humana de Cristo es tan crucial como entender su misión y su ministerio en la Tierra, tanto como su naturaleza divina. – “Porque han invadido el mundo muchos seductores que no confiesan a Jesucristo manifestado en la carne.

¡Ellos son el Seductor y el Anticristo!” (2 Jn 7) En relación con esto, se puede argumentar que tener hambre no es una debilidad. De ser así, entonces a los perfectos Adán y Eva no se les habría puesto en un jardín paradisíaco en el cual tuvieran a su disposición todos los frutos de casi todos los árboles (excepto el de la ciencia del bien y del mal, según Génesis 2:16, 17) para satisfacer sus necesidades alimenticias y las de sus futuros hijos.

La sensación de hambre (más bien el apetito, pues nunca fue la intención de Dios el que la humanidad sufriera hambre) es un mecanismo fisiológico creado por Dios que permite al ser humano saber cuál es el momento adecuado para alimentarse, el cual, más que otras necesidades de la humanidad como el sexo, puede ser mal empleado, degenerándose en trastornos alimenticios como anorexia, bulimia o glotonería,

Por lo tanto, el que Jesús sintiera hambre después de ayunar ¡40 días! ( Lucas 4:1, 2) muestra que era humano, no que había heredado la tendencia al pecado. Lo que hace necesario que los seres humanos sean rescatados de la esclavitud al pecado heredado de Adán es el simple hecho que, aunque no son culpables directamente de lo que hicieron Adán y Eva, sí llevan en sus cuerpos el defecto que esta mala acción produjo en todos ellos, lo que los induce a su vez a pecar.

¿Por qué se niega la naturaleza humana?

La negación de la naturaleza humana Antes bien, asumieron como una tarea propia la investigación de los elementos invariantes que condicionan y posibilitan la existencia humana, de los rasgos esenciales que hacen que seamos precisamente humanos y no cualquier otra cosa.

¿Qué dice en Hechos 3 19?

Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.

¿Cuál es la naturaleza humana de Cristo?

Controversias respecto a los que niegan la naturaleza humana de Cristo – En cambio, otras posturas proclaman que Jesús fue completamente divino pero no completamente humano. La postura estrictamente monofisita establece que la naturaleza humana de Cristo se “disolvía” o era “consumida” por la divina, mientras que la postura monotelista establece que Cristo existe con una naturaleza híbrida, simultáneamente humana y divina, única en el universo.

¿Cuál es la doble naturaleza del ser humano?

El hombre sería doble porque en él se encuentran dos mundos: por un lado, el de la materia que no posee inteligencia ni moral, y por el otro, el de las Ideas, el del Espíritu y el del Bien.

¿Qué es la naturaleza divina en el ser humano?

PARTICIPAR DE LA NATURALEZA DIVINA DE DIOS ES PARTICIPAR DEl PODER DE DIOS MEDIANTE EL ESPIRITU SANTO – ¿Qué es la naturaleza divina? Es la naturaleza de Dios. Es la naturaleza, perfección, personalidad, gloria, poder y santidad no solamente del Padre sino también del Hijo, Jesucristo, pues El ha participado de la “plenitud” y ha llegado a ser como el Padre en todo sentido.

Se nos promete que, como Cristo ha obtenido esta plenitud, nosotros, mediante la obediencia a El, podemos finalmente obtenerla también. (Véase D. y C.93:16, 17, 19, 20.) Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días deben llegar a ser como el Señor Jesucristo yeso se espera de ellos; se espera que obtengan la naturaleza divina que poseen el Padre y el Hijo.

Naturalmente, todos somos llamados a alcanzar este gran destino. El llamamiento —la elección, la promesa, la oportunidad— la ha extendido el Señor a todos, pero ninguno nos va a obligar a cumplir con ella y asegurarla. Es un asunto de libre albedrío. Pero ya hemos hecho algo que denota nuestra seriedad en aceptar el llamamiento y elección que nos ha sido ofrecido.

Por ejemplo, ustedes han escogido unirse a los Santos y reunirse con ellos, orar, leer las Escrituras, estudiar esta lección. Su llamamiento de ser participantes de la naturaleza divina, de llegar a ser como Dios, no ha caído a un vacío; la elección no es solamente de Dios, sino de ustedes también. Ciertamente, en lecciones anteriores (por ejemplo en la lección 3) se ha sugerido que hemos buscado esta oportunidad aun antes de entrar al estado terrenal (Véase 2 Pedro 1:3; 2 Tesalonicenses 2:13, 14: y 3 Nefi 27:27).

Pedro especifica la fe, virtud, conocimiento, templanza, paciencia, santidad, bondad fraternal y caridad (2 Pedro 1:5-7). Estas cosas no son demostradas en perfección por la humanidad caída de aquí abajo, sino por el Padre y el Hijo que están arriba. Sin embargo, nosotros también debemos obtener estas cualidades de algún modo y llegar a ser perfectos en ellas.

(Mateo 5:48.) ¿Pueden apreciar mediante este capítulo, que a medida que uno aprende acerca de Dios y luego se esfuerza por ser semejante a El, uno puede atraer los poderes del cielo para que lo ayuden a actuar más como lo hizo Jesucristo, aquí y ahora? Estudien con atención la siguiente cita expresada por el presidente Brigham Young: “Cuando mediante el evangelio, el Espíritu en el hombre ha vencido a la carne de forma que pueda vivir sin transgresiones voluntarias, el Espíritu de Dios se une a su espíritu y vienen a ser compañeros, y la intención y voluntad del Creador es así transmitida a la criatura” (JD, 9:288).

¿Es eso lo que se quiere decir con la expresión “participantes de la naturaleza divina”? Bien, ¿qué pueden ustedes hacer para participar más plenamente de la naturaleza divina de Jesucristo? Pedro sugiere algunas cualidades que los ayudarán en este esfuerzo (2 Pedro 1:5-7).

1. Fe Estoy poniendo en práctica, activamente, las enseñanzas de los profetas de la Iglesia, tales como la orientación familiar, noche de hogar para la familia, etc.
2. Virtud Me estoy esforzando continuamente para controlar cualquier idea indeseable que pudiera llevarme a acciones indeseables.
3. Conocimiento Durante la semana que ha pasado he leído de los libros canónicos.
4. Templanza Soy tolerante y comprensivo con aquellos que no tienen mis mismas creencias.
5. Paciencia Al ser provocado en una situación familiar tengo fuerza suficiente para no responder ni con palabras ni con hechos.
6. Santidad Sinceramente estoy esforzándome por llegar a ser como Dios en mi forma de hablar y en mis acciones.
7. Bondad fraternal Trato a mis familiares y a mis compañeros tal como deseo ser tratado.
8. Caridad El amor de Jesucristo se manifiesta en la forma en que hablo y trato a los demás.
No estoy actuando así Estoy intentándolo Me va bien.

Y bien, ¿cómo es que podemos esperar obtener la naturaleza divina? Ciertamente, la experiencia de todos los mortales sugeriría que nuestra disciplina personal y nuestro ingenio no serían suficientes para la tarea. Pedro dice que si tenemos el deseo de entregar “toda diligencia” (2 Pedro 1:5) a la tarea de adquirir o desarrollar estas cualidades, “las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” vendrán a nosotros mediante el “poder divino” (2 Pedro 1:3.) Si se esperara que adquiriésemos la naturaleza divina sin alimento y poder provenientes de una fuente divina, Pedro no nos habría pedido que fuésemos “participantes”.

Es razonable que deberíamos participar del poder divino a fin de alcanzar alturas divinas. Tenemos delante de nosotros el llamamiento, con características específicas de la naturaleza divina establecida. Es un asunto de fe y diligencia a través de la vida. Pero también es un asunto de ayuda divina, incluyendo aquella relación personal con Cristo que estudiamos antes en esta lección.

Pablo dijo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Recuerden que estas promesas que Pedro llamó “preciosas y grandísimas” son también para ustedes, y que la naturaleza divina del Padre y del Hijo están al alcance de ustedes. El procedimiento es tan real y aplicable como quieran que lo sea en su vida.

Tal fue el testimonio del presidente David O. McKay cuando dijo: “(Pedro] escribió en una ocasión: ‘llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina’El comprendía lo que significaba estar a tono con lo espiritual, elevarse por encima de lo temporal, lo sensual, y participar del divino Espíritu de Dios.

“ese es el propósito de hacernos más capaces de responder al Espíritu y de vencer lo sensual “Por esa razón es que nos gusta que cada joven y señorita utilice su tiempo inteligente y útilmente, para poner al alma en armonía con el espíritu, a fin de que todos podamos ser partícipes del Espíritu de Dios, partícipes de su naturaleza divina” ( CR, oct.

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¿Qué es la naturaleza espiritual del hombre?

Autor : Mariano Artigas Publicado en: Texto inédito. Seminario del CRYF Fecha de publicación: 15 de noviembre de 2005 El hombre es un ser de la naturaleza pero, al mismo tiempo, la trasciende. Comparte con los demás seres naturales todo lo que se refiere a su ser material, pero se distingue de ellos porque posee unas dimensiones espirituales que le hacen ser una persona.

De acuerdo con la experiencia, la doctrina cristiana afirma que en el hombre existe una dualidad de dimensiones, las materiales y las espirituales, en una unidad de ser, porque la persona humana es un único ser compuesto de cuerpo y alma. Además, afirma que el alma espiritual no muere y que está destinada a unirse de nuevo con su cuerpo al fin de los tiempos.

Esta doctrina se encuentra en la base de toda la vida cristiana, que quedaría completamente desfigurada si se negara la espiritualidad humana. La cumbre de la creación material A veces se dice que no puede establecerse un orden entre los seres naturales, como si unos fuesen más perfectos que otros, y se añade que, en el fondo, una clasificación de este tipo incurriría en el defecto de ser «antropocéntrica», porque pretendería colocar al hombre, de manera egoísta, en el primer lugar de la naturaleza, justificando un uso indiscriminado de los demás seres.

  • Sin embargo, prescindiendo de detalles que sólo interesan a las ciencias y sin intentar justificar cualquier uso de la naturaleza, es evidente que la Iglesia describe una realidad cuando afirma que entre las criaturas existe una jerarquía que culmina en el hombre.
  • «Lajerarquía de las criaturas está expresada por el orden de los “seis días”, que va de lo menos perfecto a lo más perfecto.

Dios ama todas sus criaturas (cfr. Ps. CXLV, 9), cuida de cada una, incluso de los pajarillos. Pero Jesús dice: Vosotros valéis más que muchos pajarillos(Lc. XII, 6-7), o también: ¡Cuánto más vale un hombre que una oveja! (Matth. XII, 12)» * (1), La Iglesia enseña que la creación material llega a su punto culminante en el hombre: «El hombre es la cumbre de la obra de la creación.

  1. El relato inspirado lo expresa distinguiendo netamente la creación del hombre y la de las otras criaturas (cfr. Gen.
  2. I, 26)» * (2),
  3. La creación material encuentra su sentido en el hombre, única criatura natural que es capaz de conocer y amar a Dios, y, de este modo, conseguir ser feliz.
  4. El mundo material hace posible la vida humana, y sirve de cauce para su desarrollo.

Por eso, la Iglesia afirma que «Dios creó todo para el hombre (cfr. Conc. Vaticano II, Const. Gaudium et Spes, 12, 1; 24, 3; 39, 1), pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación» * (3), El hombre se encuentra por encima del resto de la naturaleza y puede dominarla, aunque debe ejercer ese dominio de acuerdo con los planes de Dios.

El Papa Juan Pablo II afirma: «Es algo manifiesto para todos, sin distinción de ideologías sobre la concepción del mundo, que el hombre, aunque pertenece al mundo visible, a la naturaleza, se diferencia de algún modo de esa misma naturaleza. En efecto, el mundo visible existe “para él” y el hombre “ejerce el dominio” sobre el mundo; aun cuando está “condicionado” de varios modos por la naturaleza, la “domina”, gracias a lo que él es, a sus capacidades y facultades de orden espiritual, que lo diferencian del mundo natural.

Son precisamente estas facultades las que constituyen al hombre. Sobre este punto, el libro del Génesis es extraordinariamente preciso: definiendo al hombre como “imagen de Dios”, pone en evidencia aquello por lo que el hombre es hombre, aquello por lo que es un ser distinto de todas las demás criaturas del mundo visible» * (4),

Imagen de Dios Todas las criaturas reflejan, de algún modo, las perfecciones divinas. Pero, entre los seres naturales, sólo el hombre participa del modo de ser propio de Dios: es un ser personal, inteligente y libre, capaz de amar. La Sagrada Escritura, al narrar la creación, lo pone de relieve diciendo que el hombre está hecho a imagen de Dios: «Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó (Gen.

I, 27). El hombre ocupa un lugar único en la creación: “está hecho a imagen de Dios”» * (5), La imagen de Dios se da en el hombre independientemente del sexo, tal como se advierte en el relato inspirado donde se dice que la persona humana fue creada por Dios como hombre y como mujer.

  • Que el hombre es imagen de Dios significa, ante todo, que es capaz de relacionarse con Él, que puede conocerle y amarle, que es amado por Dios como persona.
  • «De todas las criaturas visibles sólo el hombre es “capaz de conocer y amar a su Creador” (Conc.
  • Vaticano II, Const.
  • Gaudium et Spes, 12, 3); es la “única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma” (ibid., 24, 3); sólo él está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios.

Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad» * (6), Cuando se buscan los factores que distinguen al hombre de los demás seres naturales, éste es el fundamental: el hombre es capaz de relacionarse con Dios; sin duda, existen otras diferencias importantes, pero ninguna es tan profunda como ésta.

El hombre es persona, no es simplemente una cosa. La persona tiene una dignidad única: nadie puede sustituirla en lo que es capaz de hacer como persona. Y sólo entre personas puede darse la amistad y el amor. «Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien.

Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas; y es llamado, por la gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otro ser puede dar en su lugar» * (7), No tendría sentido utilizar la ciencia natural para negar, en nombre del progreso científico, la diferencia esencial que existe entre el hombre y los demás seres de la naturaleza, alegando, por ejemplo, que el hombre tiene una constitución material semejante a otros seres y que las diferencias se deberían únicamente a la organización de los componentes materiales.

Por el contrario, la ciencia natural proporciona una de las pruebas más convincentes acerca de las peculiaridades del hombre; en efecto, pone de manifiesto que el hombre, a diferencia de otros seres, posee unas capacidades creativas y argumentativas que resultan indispensables para plantear los problemas científicos, buscar soluciones, y poner a prueba su validez.

El gran progreso científico y técnico de la época moderna ilustra las capacidades únicas de la persona humana, y no tendría sentido utilizarlo para negar lo que, en último término, hace posible la existencia de la ciencia. Unidad y dualidad Cuando intentamos comprender nuestro ser, tropezamos con una realidad innegable: que somos un sólo ser, pero poseemos dimensiones diferentes.

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«El hombre es una unidad: es alguien que es uno consigo mismo. Pero en esta unidad se contiene una dualidad. La Sagrada Escritura presenta tanto la unidad (la persona) como la dualidad (el alma y el cuerpo)» * (8), La dualidad es real. No responde a una mentalidad dualista ya superada, de la cual se podría prescindir en la actualidad.

Sin duda, la realidad se puede conceptualizar desde diferentes perspectivas, y puede suceder que unas fórmulas representen mejor que otras algunos aspectos. Pero nuestro ser posee a la vez dimensiones materiales y espirituales, y esta realidad no depende de las ideas de una época.

En ocasiones, se afirma que el dualismo sería ajeno a la perspectiva de la Sagrada Escritura, que subraya la unidad de la persona humana. No puede olvidarse, sin embargo, que la misma Sagrada Escritura contiene claras afirmaciones acerca de la dualidad constitutiva del hombre. El Papa Juan Pablo II comenta al respecto: «Frecuentemente se subraya que la tradición bíblica pone de relieve sobre todo la unidad personal del hombre (.).

La observación es exacta. Pero esto no impide que en la tradición bíblica también esté presente, a veces de modo muy claro, la dualidad del hombre. Esta tradición se refleja en las palabras de Cristo: No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien al que puede hacer perecer el alma y el cuerpo en la Gehenna(Matth., X, 22).

  1. Las fuentes bíblicas autorizan a ver al hombre como unidad personal y a la vez como dualidad de alma y cuerpo: y este concepto ha sido expresado en la entera Tradición y en la enseñanza de la Iglesia» * (9),
  2. Cualquier explicación fidedigna debe respetar los datos seguros de la experiencia humana, que se refieren tanto a la unidad de la persona como a la dualidad de sus dimensiones básicas.

Las dificultades para conceptualizar ambos aspectos a la vez, indican que el hombre es un ser complejo, y nada se ganaría simplificando arbitrariamente el problema. Alma y cuerpo Para expresar la dualidad constitutiva del ser humano, durante siglos se ha utilizado una terminología ya clásica, según la cual el hombre está compuesto de alma y cuerpo.

  1. La Iglesia ha utilizado esta terminología en sus formulaciones, introduciendo a la vez las aclaraciones necesarias: por ejemplo, que alma y cuerpo no son substancias completas, y que el alma es forma substancial del cuerpo.
  2. Cuando la Iglesia habla de alma y cuerpo, se refiere a las dimensiones espirituales y materiales de la persona humana, que es un ser único; pero también subraya que el alma espiritual trasciende las dimensiones materiales y, por tanto, subsiste después de la muerte, cuando las condiciones materiales hacen imposible la permanencia de la persona en el estado que le corresponde en su vida terrena.

Frente a los dualismos exagerados que minusvaloran la dignidad de lo material, la Iglesia siempre ha enseñado que «El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la “imagen de Dios”: es cuerpo humano precisamente porque está animado por el alma espiritual, y es toda la persona humana la que está destinada a ser, en el Cuerpo de Cristo, el Templo del Espíritu (cfr.

I Cor. VI, 19-20; XV, 44-45)» * (10), En la Sagrada Escritura, el término alma se utiliza con diferentes significados; a veces designa la vida humana, o toda la persona. «Pero designa también lo que hay de más íntimo en el hombre (cfr. Matth. XXVI, 38; Iohan. XII, 27) y de más valor en él (cfr. Matth. X, 28; II Mac.

VI, 30), aquello por lo que es particularmente imagen de Dios: “alma” significa el principio espiritual en el hombre» * (11), Éste es el sentido en que se habla del alma cuando se afirma que la persona humana se compone de alma y cuerpo. Sin duda, lo más importante es el contenido de la doctrina; las palabras con que se expresa pueden variar, siempre que se respete el contenido auténtico de la doctrina.

Con respecto al alma humana, entre «lo que, en nombre de Cristo, enseña la Iglesia», se encuentra lo siguiente: «La Iglesia afirma la supervivencia y la subsistencia, después de la muerte, de un elemento espiritual que está dotado de conciencia y de voluntad, de manera que subsiste el mismo “yo” humano.

Para designar este elemento, la Iglesia emplea la palabra “alma”, consagrada por el uso de la Sagrada Escritura y de la Tradición. Aunque ella no ignora que este término tiene en la Biblia diversas acepciones, opina, sin embargo, que no se da razón alguna válida para rechazarlo, y considera al mismo tiempo que un término verbal es absolutamente indispensable para sostener la fe de los cristianos» * (12),

Unidad de alma y cuerpo El Concilio Vaticano II expresa la simultánea unidad y dualidad de la persona humana con una fórmula breve y lapidaria: corpore et anima unus: «Uno en cuerpo y alma, el hombre, por su misma condición corporal, reúne en sí los elementos del mundo material, de tal modo que, por medio de él, éstos alcanzan su cima y elevan la voz para la libre alabanza del Creador» * (13),

La unidad de la persona humana siempre ha sido enunciada por la Iglesia, frente a los dualismos exagerados. En uno de los Concilios ecuménicos, se utilizó la terminología aristotélica para subrayar precisamente que alma y cuerpo forman una única realidad: «La unidad del alma y del cuerpo es tan profunda que se debe considerar al alma como la “forma” del cuerpo (cfr.

  • Conc. de Vienne, año 1312: DS 902); es decir, gracias al alma espiritual, la materia que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente; en el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas unidas, sino que su unión constituye una única naturaleza» * (14),
  • En definitiva, «el hombre creado a imagen de Dios es un ser a la vez corporal y espiritual, o sea, un ser que por una parte está unido al mundo exterior y por otra lo trasciende: en cuanto espíritu, además de cuerpo es persona.

Esta verdad sobre el hombre es objeto de nuestra fe, como también lo es la verdad bíblica sobre su constitución a “imagen y semejanza” de Dios; y es una verdad constantemente presentada, a lo largo de los siglos, por el Magisterio de la Iglesia» * (15),

  1. La persona humana es una síntesis de lo material y lo espiritual: «en su propia naturaleza une el mundo espiritual y el mundo material» * (16),
  2. Una importante consecuencia de esta doctrina es que las dimensiones materiales son buenas y queridas por Dios: «La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual.

El relato bíblico expresa esta realidad con un lenguaje simbólico cuando afirma que Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente (Gen. II, 7). Por tanto, el hombre en su totalidad es querido por Dios» * (17),

El cuerpo es algo bueno, querido por Dios, y destinado a la vida eterna: «Por consiguiente, no es lícito al hombre despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, tiene que considerar su cuerpo bueno y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y que ha de resucitar en el último día» * (18),

La espiritualidad del alma humana En algunas épocas, la Iglesia ha debido subrayar la bondad del cuerpo, frente a quienes proponían un espiritualismo que condenaba como malo todo lo relacionado con lo material. En la actualidad, con frecuencia se debe hacer frente al extremo opuesto: un materialismo que desconoce las dimensiones espirituales y pretende reducir al hombre a las dimensiones materiales que pueden ser estudiadas mediante los métodos de las ciencias empíricas.

En este contexto, el Papa Juan Pablo II ha subrayado que el hombre se parece más a Dios que a la naturaleza: «Son conocidas las numerosas tentativas que la ciencia ha hecho y continúa haciendo en varios ámbitos para demostrar los lazos del hombre con el mundo natural y su dependencia de él, a fin de insertarlo en la historia de la evolución de las diversas especies.

Respetando tales investigaciones, no podemos limitarnos a ellas. Si analizamos al hombre en lo más profundo de su ser, vemos que se diferencia del mundo de la naturaleza más de cuanto se asemeja a ese mundo. En este sentido proceden también la antropología y la filosofía cuando intentan analizar y comprender la inteligencia, la libertad, la conciencia y la espiritualidad del hombre.

  1. El libro del Génesis parece salir al encuentro de todas estas experiencias de la ciencia y, hablando del hombre como “imagen de Dios”, permite comprender que la respuesta al misterio de su humanidad no se encuentra en el camino de la semejanza con el mundo de la naturaleza.
  2. El hombre se parece más a Dios que a la naturaleza.

En este sentido dice el salmo 82, 6: “Sois dioses”, palabras que más tarde citará Jesús» * (19), El Concilio Vaticano II enseña: «No se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el universo material y al considerarse algo más que una simple partícula de la naturaleza (.).

  1. En efecto, por su interioridad es superior al universo entero» * (20),
  2. Citando este pasaje del Concilio, Juan Pablo II comenta: «He aquí cómo la misma verdad sobre la unidad y la dualidad (la complejidad) de la naturaleza humana puede ser expresada en un lenguaje más próximo a la mentalidad contemporánea» * (21),

La espiritualidad humana se encuentra ampliamente testimoniada por muchos e importantes aspectos de nuestra experiencia, a través de capacidades humanas que trascienden el nivel de la naturaleza material. En el nivel de la inteligencia, las capacidades de abstraer, de razonar, de argumentar, de reconocer la verdad y de enunciarla en un lenguaje.

En el nivel de la voluntad, las capacidades de querer, de autodeterminarse libremente, de actuar en vistas a un fin conocido intelectualmente. Y en ambos niveles, la capacidad de auto-reflexión, de modo que podemos conocer nuestros propios conocimientos (conocer que conocemos) y querer nuestros propios actos de querer (querer querer).

Como consecuencia de estas capacidades, nuestro conocimiento se encuentra abierto hacia toda la realidad, sin límite (aunque los conocimientos particulares sean siempre limitados); nuestro querer tiende hacia el bien absoluto, y no se conforma con ningún bien limitado; y podemos descubrir el sentido de nuestra vida, e incluso darle libremente un sentido, proyectando el futuro.

  1. En nuestra época, el materialismo se presenta frecuentemente con un ropaje científico.
  2. Suele argumentar que todo lo humano se relaciona con lo material, y que el hombre es tan material como los demás seres naturales; sus características especiales se explicarían mediante la peculiar organización de los componentes materiales.

Añade que la ciencia ya ha explicado muchos aspectos de la persona humana, y promete que, en el futuro, cada vez explicará mejor los restantes. Sin embargo, el materialismo es un reduccionismo ilegítimo; intenta explicar toda la realidad recurriendo sólo a los componentes materiales y a su funcionamiento, renunciando a cualquier pregunta de otro tipo: este reduccionismo carece de base e incluso va contra el rigor científico, porque no distingue los diferentes niveles de la realidad y las diferentes perspectivas que deben adoptarse para conocerlos.

  1. En otras ocasiones, las críticas a la espiritualidad humana se basan en la posibilidad de construir máquinas que igualen, e incluso superen, las capacidades humanas.
  2. Sin duda, las máquinas nos pueden igualar y superar en muchos aspectos, pero carecen de la interioridad característica de la persona y de las capacidades relacionadas con esa interioridad (capacidad intelectual y argumentativa, conciencia personal y moral, capacidad de amar y ser amado, por ejemplo).

Los intentos de equiparar las máquinas con las personas suelen incurrir en una falacia básica: exigen que se defina la persona humana en función de unas operaciones concretas que pueden ser imitadas por las máquinas. La inmortalidad del alma humana La Iglesia afirma, junto con la espiritualidad del alma humana, su inmortalidad: cuando el hombre muere, el alma espiritual continúa su existencia.

La inmortalidad del alma humana ha sido afirmada en diferentes ocasiones por el Magisterio de la Iglesia * (22), y el Concilio Vaticano II enseña: «Al afirmar, por tanto, en sí mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma, no es el hombre juguete de un espejismo ilusorio provocado solamente por las condiciones físicas y sociales exteriores, sino que toca, por el contrario, la verdad más profunda de la realidad» * (23),

Sin duda, es imposible imaginar el estado del alma humana separada del cuerpo, porque nuestra imaginación necesita datos sensibles que, en ese caso, no poseemos. Pero, por el mismo motivo, tampoco podemos imaginar a Dios, y esto no afecta en absoluto a su realidad: tenemos la capacidad de conocer las realidades espirituales, remontándonos por encima de las condiciones materiales.

Aunque la fe cristiana da especial certeza a esta afirmación, podemos conocer la inmortalidad del alma a través de nuestra razón. Por una parte, porque si el alma es espiritual, trasciende las condiciones naturales y seguirá existiendo incluso cuando esas condiciones hagan imposible la vida humana en su estadio terrestre.

Por otra parte, porque en esta vida la trayectoria moral de las personas no siempre encuentra la recompensa adecuada. Además, porque no es lógico que Dios ponga en el hombre unas ansias de felicidad e infinitud que luego no se puedan satisfacer. Y todo ello cobra especial fuerza cuando se advierte que el alma humana debe ser creada por Dios y que, por consiguiente, sólo podría dejar de existir si Dios la aniquilase, lo cual parece incoherente con el plan divino.

  • El alma humana, creada directamente por Dios La Iglesia afirma también que el alma humana es creada inmediatamente por Dios.
  • El Papa Pío XII, a propósito de la aplicación de las teorías evolucionistas al hombre, advirtió que el cuerpo podía proceder de otros organismos, y señaló que, en cambio, «la fe católica nos obliga a mantener que las almas son creadas inmediatamente por Dios» * (24),

En el Credo del Pueblo de Dios, formulado por el Papa Pablo VI, se lee: “Creemos en un solo Dios (.) y también creador, en cada hombre, del alma espiritual e inmortal” * (25), Con esta doctrina, el Magisterio de la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha salido al paso de diferentes errores, como el priscilianismo, el traducianismo y el emanacionismo.

  1. Los priscilianos, siguiendo a Orígenes, afirmaban que las almas tenían una existencia previa y que, como consecuencia de algún pecado, habían sido arrojadas a la existencia terrenal * (26),
  2. Los traducianistas, queriendo explicar la transmisión del pecado original, afirmaban que el alma humana es engendrada por los padres * (27),

Según los emanacionistas, el alma humana es una parte de Dios * (28), En nuestra época, a veces se habla de una emergencia de las características humanas, que provendrían, en definitiva, de la materia. Pero las dimensiones espirituales no se pueden reducir a un resultado de fuerzas y procesos materiales, porque se encuentran en un nivel superior al material.

En esta línea, el Papa Juan Pablo II, recordando la enseñanza de Pío XII a propósito de la evolución, afirma: «La doctrina de la fe afirma invariablemente, en cambio, que el alma espiritual del hombre es creada directamente por Dios (.). El alma humana, de la cual depende en definitiva la humanidad del hombre, siendo espiritual, no puede emerger de la materia» * (29),

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña: «Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios.

  • En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual.
  • La “semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia” (Conc.
  • Vaticano II, const.
  • Gaudium et Spes, 18, 1; cfr.14, 2), su alma, no puede tener origen más que en Dios» * (30),
  • Y, remitiendo a las enseñanzas del Concilio Lateranense V, de Pío XII y de Pablo VI, añade: «La Iglesia enseña que cada alma espiritual es directamente creada por Dios (Cfr.

Pío XII, enc. Humani generis, 1950: DS 3896; Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 8) -no es “producida” por los padres-, y que es inmortal (cfr. Conc. V de Letrán, año 1513: DS 1440): no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo al cuerpo en la resurrección final» * (31),

  • La creación inmediata del alma humana no significa que otras realidades estén sustraidas a la acción divina, y tampoco significa un cambio por parte de Dios, que es inmutable.
  • La acción divina se extiende a todo lo creado, pero en el caso del alma humana, el efecto de la acción divina posee un modo de ser que trasciende el ámbito de la naturaleza material.

Y ese modo de ser, la espiritualidad, es lo más característico del hombre: lo que le hace persona, capaz de amar y de ser feliz, partícipe de la naturaleza divina, sujeto irrepetible e insustituible que es objeto directo del amor divino. La espiritualidad humana y la vida cristiana La doctrina de la Iglesia sobre el alma humana no es algo meramente teórico; tiene importantes repercusiones en muchos aspectos de la vida cristiana.

Por ejemplo, la vida moral no tendría sentido si no se admitiera la libertad, que supone la espiritualidad. De hecho, algunas confusiones doctrinales y prácticas arrancan de esa base: se niega la espiritualidad, se reduce la persona a los condicionamientos materiales (características genéticas, impulsos instintivos, condiciones físicas de vida), y se niega que exista auténtica libertad; en consecuencia, el cristianismo se reduciría a la lucha por unas metas que pueden ser legítimas, pero que se refieren sólo a la vida terrena.

La lucha por alcanzar la virtud y evitar el pecado no tendría sentido, o en el mejor caso, las nociones de virtud y pecado deberían reinterpretarse, alterando toda la enseñanza moral de la Iglesia. Si no se admitiese la inmortalidad del alma, tampoco tendría sentido la escatología intermedia, o sea, el estado de las almas después de la muerte y antes de la resurrección final.

  1. Sin embargo, la Iglesia ha definido solemnemente que el destino del alma queda decidido inmediatamente después de la muerte, yendo al cielo o al infierno, o en su caso, yendo al cielo después de la necesaria purificación.
  2. Tampoco tendrían sentido las oraciones de la liturgia de la Iglesia que se refieren a esa escatología intermedia, ni la intercesión de los santos (ni, por tanto, las beatificaciones y canonizaciones).

Si se altera la doctrina sobre el alma, también se alteraría la doctrina sobre Jesucristo, que tomó cuerpo y alma, bajó a los infiernos después de su muerte, resucitó al tercer día, y está realmente presente en la Sagrada Eucaristía también con su alma humana.

Catecismo de la Iglesia Católica, n.342. Ibid., n.343. Ibid., n.358. Juan Pablo II, Audiencia general, L’uomo immagine di Dio, 6.XII.1978: Insegnamenti, I (1978), p.286. Catecismo de la Iglesia Católica, n.355. Ibid., n.356. Ibid., n.357. Juan Pablo II, audiencia general, L’uomo, immagine di Dio, è un essere spirituale e corporale, 16.IV.1986: Insegnamenti, IX, 1 (1986), p.1039. Ibid., pp.1039-1040. Catecismo de la Iglesia Católica, n.364. Ibid., n.363. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Recentiores Episcoporum Synodi, sobre algunas cuestiones referentes a la escatología, 17.V.1979: AAS 71 (1979), pp.939-943. Conc. Vaticano II, Const. Gaudium et spes, n.14. Catecismo de la Iglesia Católica, n.365. Juan Pablo II, audiencia general, 16.IV.1986: Insegnamenti, IX, 1 (1986), p.1038. Catecismo de la Iglesia Católica, n.355. Ibid., n.362. Conc. Vaticano II, Const. Gaudium et Spes, n.14. Juan Pablo II, Audiencia general, L’uomo immagine di Dio, 6.XII.1978: Insegnamenti, I (1978), p.286. Conc. Vaticano II, Const. Gaudium et Spes, n.14. Juan Pablo II, audiencia general, L’uomo, immagine di Dio, è un essere spirituale e corporale, 16.IV.1986: Insegnamenti, IX, 1 (1986), p.1041. Cfr. por ejemplo: Conc. Lateranense V, Bula Apostolici Regiminis, 19.XII.1513: DS 1440; Pio XII, Litt, enc. Humani generis, 12 agosto 1950, n.29: DS 3896; AAS, 42 (1950), p.575. Conc. Vaticano II, Const. Gaudium et Spes, n.14. Pio XII, Litt. enc. Humani generis, 12 agosto 1950, n.29: DS 3896; AAS, 42 (1950), p.575. Pablo VI, Solemne profesión de fe, 30.VI.1968, n.8. Este texto, después de «inmortal», remite al Concilio ecuménico Lateranense V y a la encíclica Humani generis. Cfr. Conc. Bracarense I, año 561: DS 455-456. Cfr.S. Anastasio II, Epist. Bonum atque iucundum ad episcopos Galliae, año 498: DS 360-361. Conc. de Toledo, año 400: Dz 31; S. León IX, epist. Congratulamur vehementer a Pedro, obispo de Antioquía, 13.IV.1053: DS 685. Juan Pablo II, audiencia general, L’uomo, immagine di Dio, è un essere spirituale e corporale, 16.IV.1986: Insegnamenti, IX, 1 (1986), p.1041. Catecismo de la Iglesia Católica, n.33. Ibid., n.366.